Arnau salió de la cafetería. A paso rápido. Casi corriendo. No podía evitar que los ojos se le humedecieran.
Llegó a su parque. A su banco. Se tiró en él como si fuera el sofá de su casa. Su casa. ¿Cuál era su casa? Creía que la que compartía con Iñaki era su casa. Pero empezaba a creer que, el piso en el que hasta hace un tiempo vivía con Joaquín era verdaderamente su casa. Al fin y al cabo, era donde acababa volviendo cuando le iban mal dadas.
Se acomodó en una esquina del banco. Subió las piernas y las juntó a su pecho. Las apretó con sus brazos como si le fuera la vida en ello. Su bandolera cayó al suelo, y ni siquiera se dio cuenta. Y ahí, en su banco, en su parque, lloró. Sin tapujos.
Tenía la mirada perdida en el horizonte. Giraba la cabeza como si estuviera mirando algo. Pero miraba y no veía. Así no se dio cuenta de que alguien estaba observándole desde hacía un rato.
Esa sombra de la noche, al final se decidió y se sentó en la otra esquina del banco. Y le tocó suavemente sus Adidas.
Arnau se sobresaltó. Tardó en fijar la vista. Y cuando vio quien era el culpable de su sobresalto, no dudó en lanzarse a su cuello. Le abrazó y lloró todavía con más fuerza.
- Hey, chico-duro.
- No te rías de mí encima. ¿Cómo me has encontrado?
- Recuerda que no tenemos secretos – le dijo pasando suavemente el dorso de su mano por su cara - A parte, te vi salir del “Caimán”. Y como te conozco un poco, cuando me pude librar de Isabel y de Juan, me vine para aquí. ¿Qué te ha pasado? ¿Iñaki?
- ¿Conoces algo que me afecte tanto como para…?
- Vale, vale – le atajó Joaquín – creía que yo también te importo un poco… – le dijo con la clara intención de picarle.
- Eres gilipollas ¿lo sabías? – le dijo Arnau sonriendo imperceptiblemente.
- Ya lo sé. Llevo más de 3 años diciéndotelo cada vez que me das la más mínima oportunidad. Pero tú no me haces caso… yo te digo… “Arnau, que soy gilipollas”… pero tu insistes en decírmelo cada dos por tres como si fuera un descubrimiento tuyo…
Arnau no lo pudo resistir más y le dio un beso. Un potente piquito en los labios.
- ¡Vaya! – le dijo Joaquín cuando Arnau se separó para coger aire. – ¿Repetimos? Así ahora, me dará tiempo a abrir la boca… – se separó un poco de su abrazo, pero sin dejar de rodearle, y le miró a los ojos – Vamos… – lo dijo abriendo aparatosamente la boca…
Y Arnau siguió sus instrucciones al pie de la letra, y se acercó a su boca de nuevo… y le besó. Pero en esta ocasión era más que un pico. Introdujo su lengua en la boca abierta de Joaquín, y masajeó sus labios con los suyos. Juntaron sus lenguas, mientras Arnau empezaba a acariciar suavemente la espalda de Joaquín.
Joaquín se dejaba llevar. No se decidía a acariciar también a Arnau. Esta situación la había soñado muchas veces. Pero ya creía que era un sueño que nunca se haría realidad. Amaba a Arnau desde hacía tiempo Pero Arnau nunca le había mirado como nada más que su mejor amigo.
Joaquín se planteó por un momento en parar. Porque sabía que, posiblemente, al día siguiente, Arnau se arreglaría con Iñaki y esta noche sería como una nebulosa en su mente. O en el peor de los casos, su amistad se vería perjudicada. Pero con Arnau en sus brazos, con sus lenguas juntas, jugando, con sus labios acariciándose, ora con pasión, ora con delicadeza… no le quedó mas que unir sus manos a la fiesta y explorar debajo de la camiseta de Arnau, esa suave piel con la que tantas noches había soñado, sueños que le habían servido de inspiración para tantos momentos de gozo en solitario.
Arnau se separó otra vez. Se miraron a los ojos. Los dos sonrieron. Joaquín, en este respiro que le dio Arnau, pensó otra vez la conveniencia de poner las cosas claras. Y ahora, sin la lengua de él en su boca, era mucho más fácil…
- Arnau, no sé como decirte esto… pero… espero…
- Chsssssss, ¡Calla! No digas nada. No me voy a arrepentir de esto, si tú no te arrepientes. En el fondo llevaba tiempo queriéndolo hacer.
- Pero… ¿Iñaki?
- ¿Tú le ves aquí? – lo dijo girando grotescamente la cabeza, como buscándolo.
- Pero… mañana…
- ¿Mañana? Yo solo veo hoy…
- No sé…
- ¿No te ha gustado?
- Bobo. Sabes que sí. ¿O no se nota?
- No sé… espera que no he podido comprobarlo…
Y mientras acababa de decir estas últimas sílabas, se fue acercando de nuevo y juntó de nuevo sus labios con los de Quin. Y este beso todavía fue mucho más lento, como saboreando cada milímetro de sus labios, de su legua, quitando el polvo a sus dientes, con suavidad, como si lo hiciera con un plumero… tanteaba con sus manos la espalda de Quin, incluso el principio del maravilloso culo que tenía, tanteaba el principio de ese maravilloso precipicio que separaba las dos montañas que formaban su culo. Y sentía como las manos de Quin, hacían lo propio, con mucha delicadeza, como tanteando el camino, como disfrutando de cada milímetro, y de repente sintió como esas manos profundizaban más y estaban ya palpando su propio culo con delicadeza y pasión a la vez…
- Pues no sé que decirte, Quin… espera que voy a intentar comprobar si te gusta o no…
Seguían con esos besos. Era difícil separar donde empezaba uno y acababa el otro. Arnau solía tener la costumbre de cerrar los ojos cuando besaba. Pero hoy, no sabía muy bien por qué, se encontró disfrutando de cerca de los ojos marrones de Joaquín. De su brillo, de su chispa. De repente fue consciente de que estaba tremendamente excitado. Puso una de sus manos suavemente sobre el pene de Joaquín, y comprobó que, él estaba igual.
- Quin, vamos
Se levantó de repente. Agarró con una mano su bandolera que vio al levantarse del banco y con la otra la mano de Joaquín.
- ¡Vamos!
Joaquín al final se levantó. Es cierto, tenía una erección que… incluso le dolía. Los pantalones le apretaban demasiado. Y sentir la palma de la mano de Arnau sobre él, con esa suavidad, no había colaborado a que esto fuera menos… duro… Pero aún así, en algún sitio de su mente, tenía sus dudas. Iba a ser una noche memorable, pero creía que posiblemente, mañana lloraría. Pero no podía despreciar esta oportunidad de gozar del cuerpo de Arnau…
- Vamos, vamos… Por cierto… ¿A dónde?
- A tu casa… digo…
- ¿A sí? Vaya, como siempre invitándote a ti mismo.
- Me dijiste un día que, lo tuyo era mío.
- ¿Sí? ¿De verdad que dije eso? ¿No sería ese día que tuve tanta fiebre?
- Pues a lo mejor…
Arnau aprovechó que Joaquín sonreía para comerse esa sonrisa con la suya. Y volvió a juntar los labios… pero volvió a separarlos cuando él intentó rodearle con sus brazos…
- ¡Vamos!
…
- ¡¡Muévete!!
- Pero si eres tú el que está embobado mirándome a los ojos… por cierto… tienes unos ojos preciosos… ese azul que tienes[j1] … no lo he visto en nadie más que en ti…
- Pues he de reconocer que, nunca antes de hoy me había fijado en tus ojos. En esa chispa que tienen, en ese brillo…
- Creo que he sido invisible en muchas cosas para ti…
- No digas eso, parece que he pasado de ti, y sabes que te quiero con toda mi alma
- Ya lo sé… pero también tengo cuerpo, y tengo polla, y tengo culo, y tengo manos… y piernas, y pies… y tengo sentimientos, y amo con toda mi alma…
- ¿A sí? ¿Eso que tienes por delante tan caliente… y que antes he rozado con mi mano…
- ¿Rozado dices? Pero si casi la exprimes como las naranjas para el zumo del desayuno…
- ¡Que bobo eres!
- Mira, de eso te diste cuenta enseguida…
- ¡Vamos!
- Vamos, vamos – le dijo con sorna Joaquín – Vamos… no haces más que decir eso pero tus pies parece que han echado raíces como el árbol ese… ¡¡Vamos!!
Y al final fue Quin quien tiró de la mano de Arnau.
Y empezaron una suave carrera hacia la casa de Quin.
Corrían un poco, y se paraban.
Reían y se besaban.
Corrían otro poco, y se paraban otra vez. Palpaban sus cuerpos… y se reían. Se besaban. Se miraban a los ojos.
Y corrían de nuevo. Riendo.
Llegaron a casa. Apenas entraron empezaron a desnudarse. Iban dejando un reguero de prendas de ropa. Probaban cada milímetro de su cuerpo. Era una competición entre los dos para ver quien mordía antes una parte del cuerpo del otro. Al pasar por el baño, Arnau abrió la puerta y le empujó a Joaquín. Se acabaron de desnudar, y se metieron en ella. Dieron al agua y siguieron besándose bajo el agua. Sus penes se frotaban el uno con el otro. Estaban ardientes, duros. Sus manos apretaban sus glúteos. Hasta algún dedo se atrevía a investigar en la cueva del placer.
Y sus miembros no dejaban de frotarse.
Hasta que al final, primero uno, y poco después el otro, no pudieron contenerlos, y soltaron la primera descarga.
En el comedor, llegó la segunda…
En el dormitorio, la tercera…
La cuarta, fue en la ducha otra vez…
Y, después, ya, durmieron. Arnau apoyaba su cabeza en el pecho de Joaquín. Y éste, tenía una enorme sonrisa de felicidad en la boca.
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Sonó el teléfono. Joaquín se desperezó poco a poco. Miró el despertador, y todavía era pronto. Eran las 9. Teniendo en cuanta que, a las 6 estaban todavía despiertos, era pronto.
Dejó de sonar. El que llamaba se había cansado de esperar.
Extendió su mano en la cama, para tocar a Arnau.
Pero Arnau no estaba en la cama.
Se levantó sobresaltado.
- ¡Arnau! – llamó suavemente.
Nadie contestó.
- ¡¡¡Arnau!!! – gritó más fuerte.
Silencio.
Se levantó de la cama y fue una por una por todas las habitaciones. No estaba.
- ¡¡¡¡Arnau!!!! – volvió a gritar, esta vez con un toque de desesperación.
Volvió a sonar el móvil.
No hizo nada por buscar el móvil.
Dejó de sonar.
Se sentó en el salón. Vio su móvil en la mesa de los periódicos. Lo cogió. Había al menos 8 llamadas perdidas. Desde el mismo número. Era desconocido.
Dejó otra vez el móvil en la mesa.
Volvió a sonar.
- ¿Quién es? – contestó no de muy buenas formas.
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La historia de “café para dos” entera
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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.