Pensaba en que debía venir a este sitio, a este baúl de los angustias y de la mala follá.
Hoy estoy de mala leche.
No me siento bien así.
Pensaba el otro día sobre los chicos que se suicidaban por ser acosados por ser gays, o por parecerlo. Siempre la misma pregunta: ¿Cómo hacer que eso no ocurra? ¿Qué se le puede decir a alguien al que quieren anular los de alrededor?
Es muy difícil meterse en la piel de una persona acosada, o maltratada. Hay muchos tipos de maltrato, ¿sabes? El físico es uno, pero ¿Y el psicológico? ¿Ese que te van minando la confianza, la autoestima, que van haciéndote sentir como una mierda?
Qué rabia… acabas por sentirte una mierda.
Hay muchas personas que parece que necesitan sentirse superiores a los demás. Saber de todo más que los demás. Maridos, mujeres, padres, hijos… da igual el papel que tengan.
Yo ya sé como se sienten esos. Ahora solo me hace falta aprender a dominar esos sentimientos.
Creo que me equivoco al ponderar en demasía la sensibilidad. Es el mejor camino para ser un desgraciado. Este mundo no está hecho para eso. Está construido para tipos duros, insensibles. Es un error pretender ser sensible, y pensar en los demás, y ponerse en su piel. Ese es el mayor problema, porque por mucho daño que te hagan, a cada momento, al final acabas por sentir pena por el otro, por el que te agrede, porque en un flash, le ves como es, tan débil, tan inútil, y a los pocos minuto de sentirte una mierda, porque te hacen sentir así, cuando no puedes aguantar y estallas en una discusión amarga y fuera de toda razón, te sientes mal por no haber podido controlarte, porque al fin y al cabo, ese pobre que te agrede a cada momento tu autoestima, es un pobre desgraciado que no sabe andar solo por el mundo.
Hoy ya he entendido esa última mirada de pena que me lanzó mi madre minutos antes de morirse. Era una mirada de profunda pena. Pena porque sabía lo que me esperaba. Ella lo aguantó más de cincuenta años. Yo no puedo ni con los cinco primeros. La especie se degrada… yo no aguanto lo mismo que mi madre.
Y soy igual de cobarde quizás, o esa sensibilidad, esa capacidad de empatizar me mata, o me matará, y me condenará a no poner soluciones, y retirarme a cualquiera de las otras vidas que me esperan fuera de aquí.
Es triste, pero creo que en este caso, sabes, en este caso mi única posibilidad es que venga alguien a salvarme. Alguien que me llegue tanto dentro, que me empuje a seguirle al fin del mundo si es preciso. Recuerdo alguno que pudo tener ese influencia sobre mí, pero ya perdieron su ascendiente. Y que llegue alguien nuevo con esas características, que pueda moverme a cambiar radicalmente de vida, dejar de empatizar con quien te machaca a cada momento… me parece tan improbable… el corazón podría decir que sí, y percibo que podría darse algún caso, que podría llegar, pero… en cuanto el supuesto príncipe se ponga a pensar en las dificultades, en las diferencias, en todo… o me ponga a pensar yo… es que es curioso, hablamos de amor, pero el amor es irracional, esos sentimientos surgen y no sabes por qué… pero luego llega la cabeza, y en general ese impulso amoroso lo matamos, para seguir esperando o buscando alguien con el que no haya tantas dificultades en medio.
Qué triste que mi única posibilidad, la que veo hoy, en esta mañana gris y triste, en el preludio de un día que va a ser triste y gris, y más triste… sea que llegue un salvador.
Pero eso es lo que creo que pasa por la cabeza de muchos de los que sufren esas situaciones. Y no es tiempo de salvadores. Nadie se quiere implicar con nadie, si se ve una mínima complicación.
Hoy, pues, es un día sin esperanza.
Mañana… no sé.
Déjate besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.
Yo creo que ese salvador está dentro de nosotros, sólo debemos dejarle el camino para salir al exterior. Como dices, no podemos confiar en que el resto del mundo sea empático con nosotros, mejor salvarnos a nosotros mismos