Capítulo V: Joaquín y Arnau

12 08 2009

Arnau salió de la cafetería. A paso rápido. Casi corriendo. No podía evitar que los ojos se le humedecieran.

Llegó a su parque. A su banco. Se tiró en él como si fuera el sofá de su casa. Su casa. ¿Cuál era su casa? Creía que la que compartía con Iñaki era su casa. Pero empezaba a creer que, el piso en el que hasta hace un tiempo vivía con Joaquín era verdaderamente su casa. Al fin y al cabo, era donde acababa volviendo cuando le iban mal dadas.

Se acomodó en una esquina del banco. Subió las piernas y las juntó a su pecho. Las apretó con sus brazos como si le fuera la vida en ello. Su bandolera cayó al suelo, y ni siquiera se dio cuenta. Y ahí, en su banco, en su parque, lloró. Sin tapujos.

Tenía la mirada perdida en el horizonte. Giraba la cabeza como si estuviera mirando algo. Pero miraba y no veía. Así no se dio cuenta de que alguien estaba observándole desde hacía un rato.

Esa sombra de la noche, al final se decidió y se sentó en la otra esquina del banco. Y le tocó suavemente sus Adidas.

Arnau se sobresaltó. Tardó en fijar la vista. Y cuando vio quien era el culpable de su sobresalto, no dudó en lanzarse a su cuello. Le abrazó y lloró todavía con más fuerza.

- Hey, chico-duro.

- No te rías de mí encima. ¿Cómo me has encontrado?

- Recuerda que no tenemos secretos – le dijo pasando suavemente el dorso de su mano por su cara -  A parte, te vi salir del “Caimán”. Y como te conozco un poco, cuando me pude librar de Isabel y de Juan, me vine para aquí. ¿Qué te ha pasado? ¿Iñaki?

- ¿Conoces algo que me afecte tanto como para…?

- Vale, vale – le atajó Joaquín – creía que yo también te importo un poco… – le dijo con la clara intención de picarle.

- Eres gilipollas ¿lo sabías? – le dijo Arnau sonriendo imperceptiblemente.

- Ya lo sé. Llevo más de 3 años diciéndotelo cada vez que me das la más mínima oportunidad. Pero tú no me haces caso… yo te digo… “Arnau, que soy gilipollas”… pero tu insistes en decírmelo cada dos por tres como si fuera un descubrimiento tuyo…

Arnau no lo pudo resistir más y le dio un beso. Un potente piquito en los labios.

- ¡Vaya! – le dijo Joaquín cuando Arnau se separó para coger aire. – ¿Repetimos? Así ahora, me dará tiempo a abrir la boca… – se separó un  poco de su abrazo, pero sin dejar de rodearle, y le miró a los ojos – Vamos… – lo dijo abriendo aparatosamente la boca…

Y Arnau siguió sus instrucciones al pie de la letra, y se acercó a su boca de nuevo… y le besó. Pero en esta ocasión era más que un pico. Introdujo su lengua en la boca abierta de Joaquín, y masajeó sus labios con los suyos. Juntaron sus lenguas, mientras Arnau empezaba a acariciar suavemente la espalda de Joaquín.

Joaquín se dejaba llevar. No se decidía a acariciar también a Arnau. Esta situación la había soñado muchas veces. Pero ya creía que era un sueño que nunca se haría realidad. Amaba a Arnau desde hacía tiempo Pero Arnau nunca le había mirado como nada más que su mejor amigo.

Joaquín se planteó por un momento en parar. Porque sabía que, posiblemente, al día siguiente, Arnau se arreglaría con Iñaki y esta noche sería como una nebulosa en su mente. O en el peor de los casos, su amistad se vería perjudicada. Pero con Arnau en sus brazos, con sus lenguas juntas, jugando, con sus labios acariciándose, ora con pasión, ora con delicadeza… no le quedó mas que unir sus manos a la fiesta y explorar debajo de la camiseta de Arnau, esa suave piel con la que tantas noches había soñado, sueños que le habían servido de inspiración para tantos momentos de gozo en solitario.

Arnau se separó otra vez. Se miraron a los ojos. Los dos sonrieron. Joaquín, en este respiro que le dio Arnau, pensó otra vez la conveniencia de poner las cosas claras. Y ahora, sin la lengua de él en su boca, era mucho más fácil…

- Arnau, no sé como decirte esto… pero… espero…

- Chsssssss, ¡Calla! No digas nada. No me voy a arrepentir de esto, si tú no te arrepientes. En el fondo llevaba tiempo queriéndolo hacer.

- Pero… ¿Iñaki?

- ¿Tú le ves aquí? – lo dijo girando grotescamente la cabeza, como buscándolo.

- Pero… mañana…

- ¿Mañana? Yo solo veo hoy…

- No sé…

- ¿No te ha gustado?

- Bobo. Sabes que sí. ¿O no se nota?

- No sé… espera que no he podido comprobarlo…

Y mientras acababa de decir estas últimas sílabas, se fue acercando de nuevo y juntó de nuevo sus labios con los de Quin. Y este beso todavía fue mucho más lento, como saboreando cada milímetro de sus labios, de su legua, quitando el polvo a sus dientes, con suavidad, como si lo hiciera con un plumero… tanteaba con sus manos la espalda de Quin, incluso el principio del maravilloso culo que tenía, tanteaba el principio de ese maravilloso precipicio que separaba las dos montañas que formaban su culo. Y sentía como las manos de Quin, hacían lo propio, con mucha delicadeza, como tanteando el camino, como disfrutando de cada milímetro, y de repente sintió como esas manos profundizaban más y estaban ya palpando su propio culo con delicadeza y pasión a la vez…

- Pues no sé que decirte, Quin… espera que voy a intentar comprobar si te gusta o no…

Seguían con esos besos. Era difícil separar donde empezaba uno y acababa el otro. Arnau solía tener la costumbre de cerrar los ojos cuando besaba. Pero hoy, no sabía muy bien por qué, se encontró disfrutando de cerca de los ojos marrones de Joaquín. De su brillo, de su chispa. De repente fue consciente de que estaba tremendamente excitado. Puso una de sus manos suavemente sobre el pene de Joaquín, y comprobó que, él estaba igual.

- Quin, vamos

Se levantó de repente. Agarró con una mano su bandolera que vio al levantarse del banco y con la otra la mano de Joaquín.

- ¡Vamos!

Joaquín al final se levantó. Es cierto, tenía una erección que… incluso le dolía. Los pantalones le apretaban demasiado. Y sentir la palma de la mano de Arnau sobre él, con esa suavidad, no había colaborado a que esto fuera menos… duro…  Pero aún así, en algún sitio de su mente, tenía sus dudas. Iba a ser una noche memorable, pero creía que posiblemente, mañana lloraría. Pero no podía despreciar esta oportunidad de gozar del cuerpo de Arnau…

- Vamos, vamos… Por cierto… ¿A dónde?

- A tu casa… digo…

- ¿A sí? Vaya, como siempre invitándote a ti mismo.

- Me dijiste un día que, lo tuyo era mío.

- ¿Sí? ¿De verdad que dije eso? ¿No sería ese día que tuve tanta fiebre?

- Pues a lo mejor…

Arnau aprovechó que Joaquín sonreía para comerse esa sonrisa con la suya. Y volvió a juntar los  labios… pero volvió a separarlos cuando él intentó rodearle con sus brazos…

- ¡Vamos!

- ¡¡Muévete!!

- Pero si eres tú el que está embobado mirándome a los ojos… por cierto… tienes unos ojos preciosos… ese azul que tienes[j1] … no lo he visto en nadie más que en ti…

- Pues he de reconocer que, nunca antes de hoy me había fijado en tus ojos. En esa chispa que tienen, en ese brillo…

- Creo que he sido invisible en muchas cosas para ti…

- No digas eso, parece que he pasado de ti, y sabes que te quiero con toda mi alma

- Ya lo sé… pero también tengo cuerpo, y tengo polla, y tengo culo, y tengo manos… y piernas, y pies… y tengo sentimientos, y amo con toda mi alma…

- ¿A sí? ¿Eso que tienes por delante tan caliente… y que antes he rozado con mi mano…

- ¿Rozado dices? Pero si casi la exprimes como las naranjas para el zumo del desayuno…

- ¡Que bobo eres!

- Mira, de eso te diste cuenta enseguida…

- ¡Vamos!

- Vamos, vamos – le dijo con sorna Joaquín – Vamos… no haces más que decir eso pero tus pies parece que han echado raíces como el árbol ese… ¡¡Vamos!!

Y al final fue Quin quien tiró de la mano de Arnau.

Y empezaron una suave carrera hacia la casa de Quin.

Corrían un poco, y se paraban.

Reían y se besaban.

Corrían otro poco, y se paraban otra vez. Palpaban sus cuerpos… y se reían. Se besaban. Se miraban a los ojos.

Y corrían de nuevo. Riendo.

Llegaron a casa. Apenas entraron empezaron a desnudarse. Iban dejando un reguero de prendas de ropa. Probaban cada milímetro de su cuerpo. Era una competición entre los dos para ver quien mordía antes una parte del cuerpo del otro. Al pasar por el baño, Arnau abrió la puerta y le empujó a Joaquín. Se acabaron de desnudar, y se metieron en ella. Dieron al agua y siguieron besándose bajo el agua. Sus penes se frotaban el uno con el otro. Estaban ardientes, duros. Sus manos apretaban sus glúteos. Hasta algún dedo se atrevía a investigar en la cueva del placer.

Y sus miembros no dejaban de frotarse.

Hasta que al final, primero uno, y poco después el otro, no pudieron contenerlos, y soltaron la primera descarga.

En el comedor, llegó la segunda…

En el dormitorio, la tercera…

La cuarta, fue en la ducha otra vez…

Y, después, ya, durmieron. Arnau apoyaba su cabeza en el pecho de Joaquín. Y éste, tenía una enorme sonrisa de felicidad en la boca.

Sonó el teléfono. Joaquín se desperezó poco a poco. Miró el despertador, y todavía era pronto. Eran las 9. Teniendo en cuanta que, a las 6 estaban todavía despiertos, era pronto.

Dejó de sonar. El que llamaba se había cansado de esperar.

Extendió su mano en la cama, para tocar a Arnau.

Pero Arnau no estaba en la cama.

Se levantó sobresaltado.

- ¡Arnau! – llamó suavemente.

Nadie contestó.

- ¡¡¡Arnau!!! – gritó más fuerte.

Silencio.

Se levantó de la cama y fue una por una por todas las habitaciones. No estaba.

- ¡¡¡¡Arnau!!!! – volvió a gritar, esta vez con un toque de desesperación.

Volvió a sonar el móvil.

No hizo nada por buscar el móvil.

Dejó de sonar.

Se sentó en el salón. Vio su móvil en la mesa de los periódicos. Lo cogió. Había al menos 8 llamadas perdidas. Desde el mismo número. Era desconocido.

Dejó otra vez el móvil en la mesa.

Volvió a sonar.

- ¿Quién es? – contestó no de muy buenas formas.

____

La historia de “café para dos” entera

____

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





Capítulo IV: Iñaki y Arnau.

11 07 2009

-         ¿Nos traes la cuenta, por favor? – le dijo cuando llegó.

-         ¿Pero ya nos vamos? ¿Dónde vamos a cenar?

-         Si no te importa, me voy a casa. Todavía puedes llegar a esa presentación de la exposición de Mayte. Es en la galería de Nuria, ¿verdad? ¿Quieres que te acerque?

-         Pero Iñaki… si ya te he dicho que… vale, vale. Ya veo que no tiene nada que ver con lo que te he dicho ni con lo que no. Sencillamente quieres irte a casa. No te preocupes por mí, ya me las arreglaré.

-         ¿Estás enfadado?

-         ¡Tú que crees! No sé que coño te pasa, Iñaki. No lo entiendo. Desde que volviste de Bruselas, no eres el mismo. No hay nada que te proponga que parezca que te guste. No hay nada que quieras hacer conmigo. Ni sexo. Y no quieres hablar sobre el tema.

Arnau se removía inquieto en su silla. Había tirado la servilleta con la que se limpiaba los labios. Miraba a Iñaki, pero éste apartaba los ojos. Así llevaban tres meses ya. Y ya ni su ánimo, ni su positivismo, ni su energía podía hacer olvidar que, Iñaki, había cambiado. Que ya no le quería. Que ya las locuras que le proponía en todos los sentidos, en el sexual, en el de viajes, escapadas, juergas… todas… recibían invariablemente un NO a gritos por respuesta. Y ya estaba cansado. Ya no es que tuvieran ese margen de libertad que él mismo había impuesto a la relación. Es que ya lo que había que buscar con lupa, era los momentos en que se buscaban, en que se amaban. Al final ya no pudo más, y se levantó de la silla.

-         Me voy. Cuando quieras hablar del tema, me llamas. De momento me voy a casa de Joaquín. Que visto lo visto es más casa mía que la que comparto contigo.

-         Arnau, no te pongas así…

-         No me pongo de ninguna forma. Pero creo que esto no es lo que busco. Y sabes, me he cansado de fingir. De parlotear como un gilipollas, sin parar, para intentar hacer que no pasa nada. No quieres hablar conmigo, pues ya está. Total, llegaré a casa tarde. Te habrás dormido. Y mañana te levantarás antes y no te veré. Para eso me voy a casa de Joaquín, que por lo menos, tengo cháchara.

-         Arnau, no es para tanto. Tengo una época un poco… bueno… no sé… – le miraba implorante Iñaki.

-         Vale. – Arnau se volvió a sentar – Cuéntame.

-         Bueno… – Iñaki se mostraba incómodo.

-         Sin prisas, tómate tu tiempo… te escucho – Arnau recostó su espalda en la silla y se dispuso a escuchar, sin prisas.

Pero el silencio se apropió de la mesa. Se podía escuchar perfectamente todas y cada una de las conversaciones de las mesas de al lado.

Los minutos pasaban.

Arnau miraba distraídamente a la gente que les rodeaba. Al señor gordo de la mesa de al lado, que intentaba hacer comprender a su hija que, no la veía más porque su madre se lo impedía, a la chica que le declaraba su amor a un chico que, por la cara que ponía, estaba más que sorprendido, más que nada porque era evidente que era gay. Al grupito de estudiantes que no hacía más que hablar de chicas y de lo que las harían si se pusieran a tiro. Miraba de vez en cuando a Iñaki que no podía evitar mostrar su incomodidad…

Al final Arnau se levantó, cogió la nota que había dejado la camarera unos segundos antes, puso unas monedas que saldaban la cuenta, y se marchó.

Antes de dar más de cuatro pasos, se giró, y dirigiéndose a Iñaki le espetó:

-         Dale un beso de mi parte a Mario.

Y continuó su camino hacia la salida.

_______

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





Capítulo III: por Akira.

27 06 2009

Sin embargo, pensó Iñaki mientras giraba la cabeza y observaba a la gente del local, para evitar mirar a los ojos de su compañero, aquello había llegado demasiado lejos.

Tras la primera noche, Mario se convirtió en una constante en su vida. Una constante incómoda, un refugio donde encontrar la pasión perdida, el fuego que se había apagado en su relación hacía tiempo.

Aquel crío, aquel niño que ocultaba en su interior una bestia indomable y primitiva. Aquella casualidad que se había cruzado en su camino en aquel chat, se había convertido en lo más real que había en su vida, y también en una maldición.

Porque Iñaki lloraba en silencio. Apenas podía aguantar las lágrimas algunos días en el trabajo, mientras un compañero le preguntaba qué tal le había ido el fin de semana. A veces no podía más y tenía que irse al baño, simulando malestar. Y entonces todo salía, el remordimiento que le consumía lentamente por dentro, como una enfermedad que le corrompía el corazón y las entrañas, la culpa por no saber encender otra vez aquel fuego intenso que un día fue, pero que ahora era sólo frías cenizas.

“Voy a dejarlo”, se decía una y mil veces. Dejaría a aquel crío, y daría un empujón a su relación con Arnau. Seguro que podría hacerlo. Y quizás con el tiempo el remordimiento desaparecería lentamente, la culpa se desvanecería, y el recuerdo de aquellas noches que le habían hecho sentir vivo otra vez, serían otro recuerdo guardado en el desván de su memoria, una anécdota, un desafortunado desliz.

Pero otro pensamiento cruzaba su mente al mismo tiempo. Arnau, sí, Arnau otra vez. El hombre de su vida. Y el hombre que hacía que su vida fuera también monótona y falta de ilusión. Una prisión sin barrotes. Se preguntaba si realmente Mario era la consecuencia inevitable de todo aquello, el principio del fin. O el principio de algo nuevo, un nuevo comienzo para él.

Mientras pensaba en todo aquello, llamó a la camarera.

_____

Nota:

Este capítulo lo escribió Akira. Porque esta historia nació como un juego entre los lectores de “Café para dos” y el autor del blog. Akira tuvo la delicadeza de jugar.

_____

Dejaos besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.





La historia de Café para dos: Capítulo II

6 06 2009

No lo hizo

- Elena –murmuró  mirando la pantalla parpadear- paso, luego la llamaré.

Y sin darse cuenta la mentira había comenzado a anidar en lo que antes había sido un nido de dos. Ahora ya cabía cualquier cosa, ahora todo estaba permitido.

Mario….Mario. Le parecía increíble lo que estaba haciendo, pero no podía evitarlo. La emoción de lo prohibido. Mario era más joven que Arnau y que él. Apenas 19 añitos, un chico que a todas luces no le convenía. Un chico al que nunca hubiera considerado nunca para una relación , y si lo hubiese hecho no habría parado de pasarlo mal. Nunca se hubiera sentido cómodo junto a él.  Arnau le prometía un futuro, una familia, una vida. Mario le regalaba momentos inimaginables para su a veces estrecha mente. Le permitía ser otro, le permitía perderse. Y quizás eso era lo que necesitaba ahora. Lo necesitaba o se había enganchado tanto a él que se tenía que buscar una auto excusa para no sentirse mal consigo mismo.

Pero siempre volvía a la cama de Arnau. Y al volver siempre se  preguntaba qué coño estaba haciendo con su vida. Sabía que Arnau tenía culpa de lo que pasaba, pero empezaba a intuir que se estaba convirtiendo en una foto en blanco y negro. Sin matices. 2 colores. 2 hombres. Y el resto parecía no tener cabida en aquél mundo.

Arnau comenzó a hablar, era su táctica habitual. Naufragar en la verborrea hasta conseguir arrancar una sonrisa de aquella boca que un día le había parecido de fresa. Cuando por fin Iñaki empezaba a reír, Arnau respiraba aliviado, y el aire volvía a penetrar en el ahogado motor que movía los hilos de su relación. Un respiro. Pero un respiro ¿antes de qué?

Iñaki rió, de verdad fue una risa sincera. Pero no pensaba en lo que le decía Arnau. Recordó la primera noche que pasó con Mario. Iñaki estaba en Bruselas inaugurando una nueva galería de arte de la Fundación para la que trabajaba. Se había metido en el Chat dejándose llevar. Básicamente quería hablar con un desconocido. No quería contar a sus amigos, para mas INRI comunes a Arnau, sus problemas de pareja. No quería empezar una corriente de especulaciones.

Mario estaba allí. Fue pura casualidad. No solía perdonar un viernes sin salir, pero se había pasado toda la tarde fumando en el césped de la Uni y todavía iba muy fumado. Iñaki le trato con una cierta prepotencia al principio, no sabía por qué lo hizo, demasiado joven, demasiado distinto, demasiado auténtico quizá para él.

Esa noche la pasaron juntos. Se entregó a su brutal embestida y dejó que, todos sus sueños, sus anhelos, sus frustraciones afloraran, se desbocaran en forma de acto sexual sin tregua, sin ninguna concesión a ninguna expresión de cariño, meramente pasión, sexo., cuerpos sudorosos, besos que parecían mordiscos. Una noche que le permitió desinhibirse, ser otro, Fue bestial. Fue brutal,  nada romántico. Fue obsceno y  sucio. Pero fue el mejor polvo que le habían echado en los últimos meses, quizá en toda su vida.

Se ducharon juntos y Mario se quedó sentado en el suelo al lado de la ventana fumando. Iñaki hizo como que dormía, como que sólo era un polvo. Pero no podía dejar de mirar como la luz de la luna bañaba esa piel suave y áspera a la vez. Esa bestia embutida en el cuerpo de un niño. Esa mirada que pareciese que podía ver más allá que la de un director financiero. Y en ese momento supo que la estaba jodiendo.

Volvieron a entregarse bajo aquella luz. Mario sentado, e Iñaki sobre él. Agarrados como si el mundo se estuviese partiendo por su jodido núcleo. Sacudiéndose toda la mierda que la vida le había arrojado. O al menos, esa era su justificación. Ni él era consciente de sus razones. Si es que las tenía. O simplemente quería destruir. Destruir al mundo, o a sí mismo. O a ambos.





Prólogo y Capítulo I: la historia de café para dos.

31 05 2009

Prólogo:

Un día, hace ya mucho tiempo, nació una historia. Cuando escribí el 1º capítulo, no tenía claro nada más que, lo que estaba escribiendo en ese capítulo. Luego, la historia fue creciendo. Con espacios temporales muy grandes a veces entre capítulos. El último de esos espacios temporales de separación, lo cerramos hoy.

Fueron apareciendo personajes. Quizás demasiados al final. Pero aparecieron. Y bueno, no los voy a destruir después de haberlos parido. Eso es lo bueno de escribir por escribir, sin pretensiones, sabiendo que nunca me ganaré la vida con esto, y deba pensar lo que es más creible, o menos, o mejor para vender más, en este caso, que te lean más.

No creo que este blog sea de los que crean adicción. Ni que tenga grandes números en cuanto a visitantes y lectores. Y los que lo siguen, sin duda, me perdonarán esas licencias literarias.

Retomamos hoy, pues, el caminar de esta historia. Empezaremos por el principio, por el Capítulo I. Mientras avanzaré en su escritura. Os esperan de momento 27 capítulos de historias cruzadas. De amores y desamores. como denominador común, todos son gays. Después de muchos años, leyendo historias en dónde todos son heterosexuales, no pasa nada por escribir una historia dónde todos sean gays.

Espero que la disfrutéis. Que me digáis si os apetece, que personaje os gusta más. Y si algo en el capítulo que toque, os ha llegado al corazón.

Gracias de antemano.

Empezamos:

________

Capítulo I

Arnau llegó tarde. La cafetería estaba llena y no vio a Iñaki. Este se levantó y le saludó con la mano. Estaba enfadado. Y no se preocupaba demasiado el disimularlo.

Arnau se acercó casi corriendo hasta su mesa. Le fue a dar un beso, pero Iñaki retiró la cara. Y al tocarle el brazo notó un respingo de rechazo. Cada vez parecía que todo iba peor.

Se sentó. Empezó a hablar como un descosido. Le solía dar buen resultado otras veces. Últimamente con Iñaki había tenido que utilizar sus estrategias de placaje con demasiada frecuencia. Las cosas no iban bien entre ellos.
No sabía a ciencia cierta cuando empezó a ir mal. Iñaki empezó a cambiar. ¿Sería cuando se fueron a vivir juntos? Se hizo muy posesivo. Ya no valían los acuerdos tácitos que tenían. Esos acuerdos que dejaba un margen de libertad a ambos. Que no implicaba ir a todos lados juntos, ni hacer en cada minuto del día las mismas cosas con la misma gente.

Poco a poco todo lo que Arnau hacía, le sentaba mal. Tenía un trabajo con un horario muy flexible, que a veces se debía alargar. Reuniones imprevistas, visitas a horas tardías que se alargaba aún más… Y antes, Iñaki lo entendía, y si tenían que cancelar alguna cita o plan, no había problema. Eso iba con el paquete de Arnau. Como contrapartida, le gustaba las posibilidades de relación que le daba Arnau. Su trabajo estaba relacionado con el mundo del Arte, del Cine, de la Literatura. Y a Iñaki le encantaba que Arnau le paseara entre esa gente que de no ser por él, nunca habría tenido acceso.

Arnau era un triunfador. Era muy joven para la relevancia que tenía en esos ambientes y en su empresa. Tenía a penas 23 años. Y era un chico muy atractivo. Incluso guapo. Y tenía un estilo al vestir muy moderno e innovador. Era uno de los que se podía decir, que no seguía la moda, sino que la creaba él. Muchos le copiaban sus combinaciones, sus complementos, sus peinados.

Iñaki también era un triunfador. Tenía 27 años, pero aparentaba todavía menos que Arnau. Tenía un expediente académico muy difícil de superar. Un economista que se habían rifado los mejores bancos. Atractivo no le faltaba tampoco.

Hacía una buena pareja.
Sonó el teléfono de Iñaki.
Miró la pantalla… era Mario.
Dudó si contestar…