Hacía frío…

31 07 2009

Era noche cerrada. La calle estaba vacía.

Esperaba bajo una de las farolas de la calle. Justamente la que estaba al lado de la tienda de ultramarinos.

Hacía frío.

El hombre se subió los cuellos del abrigo. No llevaba bufanda, y seguro se estaba arrepintiendo. Metió sus manos en los bolsillos. Sacó el paquete de tabaco y eligió cuidadosamente uno de los cigarrillos. Parecía que había echado a suertes el cigarrillo que ha escogido. Lo encendió con su Zippo. Aspiró esa primera calada, como si fuera posible que esa calada le calentara el cuerpo. O al menos el espíritu.

Hacía frío. Mucho frío.

Empezó a andar con pasos muy cortos. Necesitaba mover las piernas. Los pies, empezaban a congelarse.

Miró una vez más a la casa. No había cambios. Ninguna luz, ningún signo de vida.

Dio la espalda a la casa a la vez que la última calada al cigarrillo. Tiró al suelo la colilla, y la pisó para apagarla.

Levantó la mirada al cielo en una silenciosa súplica. Implorando una respuesta a sus dudas, a sus preguntas. Un gesto. Algo que le permitiera pensar que no se había esfumado repentinamente por lo que había llorado tantas y tantas noches.

Hacía frío. Mucho frío.

Sin percatarse de ello, se había echado la niebla.

Escuchó un ruido. Una puerta cerrándose. Giró su cabeza rápidamente, y les vio. Dos chicos bajaban  las escaleras. Llevaban la cabeza tapada con gorras. Eran ellos.

Ni siquiera se dieron cuenta de que el hombre estaba en la acera de enfrente. Giraron a la izquierda, y se fueron en dirección contraria.

El hombre intentó seguirles, pero algo impedían a sus piernas empezar a andar. Intentó gritarles, llamar su atención, pero no podía. Le recordaba una película de Buñuel, “El Ángel Exterminador”. En ella, los invitados a una cena, no pueden abandonar la casa del anfitrión, sin que hubiera un impedimento físico. En este caso, el hombre de los cuellos subidos, no podía correr detrás de los chicos de la gorra. No podía llamar su atención. Algo se lo impedía. Como si estos, no le fueran a escuchar. O como de llamarles, se esfumaran en la noche. Se convirtieran en volutas de niebla.

Allí se quedó el hombre. Mientras ellos se alejaban. Intentó fijarse si se cogían de la mano, si sonreían. Pero nada pudo percibir. El hombre lloraba de desesperación. Una parte de su corazón se iba con los chicos de la gorra. Las lágrimas, la preocupación, todo lo vivido, lo sufrido, lo imaginado, lo sentido, se iban con ellos.

Ya no les veía. Se habían perdido. Los chicos de la gorra se habían perdido calle abajo,  en la noche, en la niebla. Ya no era capaz ni de imaginarles.

Hacía frío. Mucho frío. Hasta las lágrimas que sin poder evitarlo habían caído por su rostro, eran frías, casi eran hielo.

El hombre giró y se fue calle arriba. Metió sus manos en los bolsillos, y subió los hombros para intentar tener más calor. Estaba helado. Iba preguntándose si algo había merecido la pena. No encontraba una respuesta.

Hacía frío. Había niebla. Era de noche. Nadie había por la calle. Solo el hombre de los cuellos subidos.

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





… de cafés tranquilos, de agobios, y de chicos cabezotas…

9 05 2009

Hace tiempo que no me tomo un café aquí. Y que no me fumo un cigarrillo pensando y mirando el cuadro de mi tía Ana Mary. Debería ir a verla un día. La pobre está ya un poco pachucha. Le cuesta moverse. Con lo dicharachera que era ella. Si la he visto unas cuantas veces es porque ella ha venido a vernos. Si fuera por mis padres, ni la hubiera conocido. Y eso que vive en Asturias, que no pilla lejos de aquí… ¿O sí?

Estoy cansado. Me permitiréis que una vez más apoye las piernas en este puff maravilloso. Ha sido una semana dura. Sip. Dejadme coger la taza de café… y darle un par de vueltas. Humea. ¡Qué aroma! Un sorbo. Dejadme que coja un cigarrillo, y lo encienda. La primera calada con el café, aquí, sentado y mirando el cuadro que pintó mi tía Ana Mary, sabe a gloria.

Ahora parece todo irreal. Aquí, tranquilo. Nada parece poder alterar mi tranquilidad. Durante todos los instantes de esta semana, fue al revés. Nada parecía poder relajarme. Ya desde la noche del domingo al lunes, fue así. No pude pegar ojo. Y lo poco que dormí, fue sin descansar. El lunes mal, el martes, peor, porque estaba más cansado… y el miércoles… y el jueves fue horroroso… el viernes algo mejor, pude al final dormir un poco.

Dejadme que de otro sorbo al café. Dejadme que saboree otra calada de mi cigarrillo… mira como sube el humo, como se pierde en la oscuridad, cuando sale de la influencia de la luz de la lámpara de pie.

Es difícil salir un poco de ese camino que te marcas. El agobio, no descansar, lo que te agobia más,  no rindes, te agobias más, no llegas a nada, te agobias más, no sabes como relajarte, te agobias más, no quieres la compañía de nadie, porque piensas que eres mala compañía para cualquiera. Y como casi siempre, cuando tú mismo has cogido el papel de optimista, de fuerte, nadie piensa que necesites ayuda. O que simplemente necesites que no te machaquen. Nadie te ve. Y tú, claro, no puedes decírselo a nadie. Porque en el fondo, no sabes como hacerlo. Porque además, en estos momentos, solo te pueden ayudar un grupo reducido de personas. Esas a las que quieres de una forma u otra, y soportas, claro. Pero como eres fuerte, nadie te mira a la cara, nadie te mira a los ojos… y te dice… “mi pobre”, y te arrulla, o te coge de la mano, y te lleva a comer una hamburguesa, o al restaurante de moda, que total, hoy es un día, y el resto del mes comeremos pasta.

Espero que algún día quieras tomar un café conmigo. Sí, aquí delante, enfrente mío, y te pueda contar todas estas cosas que te estoy contando ahora. Estas y otras. Y me dejes ver como disfrutas del sabor, del aroma del café. Un café, es una de las formas mejores para compartir pensamientos, sensaciones, inquietudes. De simplemente compartir un rato. El té de las 5 de los ingleses,  seguro que tiene esa razón. Si no tenía esa excusa, no saldrían de casa.

Es curioso, ahora que hablo de fuertes, sabéis, es como yo veo a Iñaki, uno de “los chicos de la gorra”. Tiene que tirar de Marc. Tiene que conseguir que duerma, que se relaje, que afronte todas las muchas cosas que la vida le ha echado encima. Tiene que conseguir transmitir su amor, con gestos medidos a veces. Tiene que ayudar a afrontar problemas que tan siquiera comprende. Pero él está solo. No, sí, tiene muchos amigos. Pero ese apoyo que él necesita, no lo encuentra. Y no sabe pedirlo. Porque se ha acostumbrado a callar. Porque no quiere además hablar con Marc, y ponerle más cosas encima de la mesa. Y porque Iñaki, lo sé bien, porque también me pasa a mí, es orgulloso. No, no es de este orgullo chuleta. Es orgullo, de amor propio.

El personaje de Marc, también es orgulloso. O cabezota. Necesita tanto amor que no ha tenido hasta hace 4 días… Necesita ser a ratos niño, esa infancia que no ha disfrutado. Ser caprichoso como los niños. Ser testarudo. Y que cuando se hace pupa en la rodilla, aunque sea por portarse mal, venga su papo, o su hermana pequeña, o su chico, y le canten con voz melosa “cura, cura sana, y si no se cura hoy, se curará mañana” y le den un abrazo, y le den besos de la abuela. Y el personaje de Marc, necesita también amar como hombre. Como hombre que ama a otro hombre. Pero no puede… porque tiene demasiado dentro esas cosas que le decían de peque. Esas cosas que le hacían de peque.

¿Y que hacemos cuando dos chicos que se aman hasta la médula, que han luchado como pocos por su amor, se enfadan, discuten, y aunque hablan,  no acaban de encontrarse en el camino de la vuelta a ese estado de las parejas en el que todos a su alrededor salen corriendo para no quedarse pegados por el azúcar que desprenden?

No sé como escribir el capítulo de la reconciliación. Podría meterme yo mismo en la historia, como personaje, e ir a un sitio, coger de la oreja a uno de ello, llevármele sin soltar la oreja hasta dónde está el otro, coger a este otro también de la oreja, y sentarme en medio hasta que por aburrimiento se besen y se besen. Y se besen. Y se miren como tortolitos. O podría meterme en la historia sí, e ir a ver a uno de ellos, y pasear junto al mar con él, y hacer que hable, y hable, y hable, y hable. Y darle un par de cientos de abrazos. Y una patada con rumbo al aeropuerto.

Pero esto no sé, creo que no sería ni factible, ni creíble. Un autor de relatos, encima malo, que se mete en la propia historia, y se convierte en uno de los protagonistas.

No sé. Estoy perdido con la historia de Iñaki y Marc. Porque no sé como sortear esa cabezonería de los dos. Y esos muchos fantasmas que se han instalado en sus cabezas. Porque debería echarles a todos.

Es uno de esos puntos en que el escritor se queda en blanco.

Aprovecharé entonces a recuperar la historia de café para dos,  aquella historia que fue creciendo en el blog antiguo, y que nadie leía. Ya verdad es que creció un rato la tía. Empezaré un día de estos por el 1º capítulo, y poco a poco la recuperaré entera. Y acabaré de escribirla, claro.

Tengo la boca seca de tanto hablar. Y el cerebro me echa humo de tanto pensar. Total no he encontrado respuestas ni para mí, ni para la historia de los chicos de la gorra, para Marc e Iñaki.

Y encima, el café se ha enfriado.

Déjate besar y abrazar, que todo será más bonito.





… le quiero… pero… todo salió al revés…

12 04 2009

Estoy furioso.

Y no sé muy bien por qué. O sí lo sé…

Acabo de volver del viaje. Nada ha salido bien.

Creía que iba a ser agradable. Bonito. Espectacular. Que iba a disfrutar de él hasta hartarme.

Y no hemos parado de discutir.

Estoy… estoy furioso. Sí… quería encontrar otra palabra… pero no la he encontrado. No puedo evitarlo. Todo me sienta mal…  a todo le doy mil vueltas… todo lo entiendo por el peor lado posible…

… pero es que no puedo evitarlo. Dudo… le quiero… pero desde hace unos días, creo que él no me quiere a mí. No duermo bien pensándolo. Necesito un poco de cariño, necesito no llevar la iniciativa, necesito ser por una vez el débil, y recibir el apoyo de todos.

Necesito que me digan que me quiere… pero de verdad. Necesito que me explique por qué hace las cosas, y no tener que interpretar. Necesito que confíe en mí, que se vacíe, que me explique, que me cuente, que llore en mi hombro… todo antes de tener que imaginarme lo que pasa, lo que pasó… lo que siente, lo que sintió… lo que quiere… lo que no quiere…

Si todo es difícil… pero lo hacemos más difícil… yo necesito saber el suelo que piso… aunque sea por una vez… estoy cansado ya de estar siempre en la duda… en hacer las cosas sin saber si acierto, o yerro…  es la eterna duda… es como luchar con molinos de viento…

Y yo le quiero tanto… le amo tanto… es que me duele de todo lo que siento por él… pero temo no estar a la altura, temo no interpretar bien sus gestos, sus miradas… temo su respuesta… no me quiere dar una respuesta… ¿No me querrá? ¿Dudará?

Y a nadie puedo contarle esto. Y me corroe. Y… todo me sabe mal, todo me sienta mal… estoy de mal humor… y no sé por qué… no sé controlarlo… no puedo… no sé…

Me senté en el avión… y ahí solo, rodeado de gente, con una señora gorda y tonta a mi lado… lloré… y lloré… y me desesperé… por no poder hacer las cosas como hubiera querido…

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





una respuesta…

23 03 2009

- ¡Ah! No, no… no vale Marc – dijo Iñaki riéndose…

 Cada uno estaba a un lado de la mesa del salón. Tenían los músculos en tensión… dispuestos a salir corriendo en cualquier momento. Era Iñaki quién perseguía a Marc… Le quería devolver la palmada en el culo que le había dado al salir del baño, después de ducharse. Comenzó entonces una persecución por toda la casa, entre risas, tropezones…

 Pero el “listo” de Marc era ágil. Y a Iñaki le había pillado desprevenido. Marc no era dado a esos juegos en los que el contacto físico era importante. Le costaba mucho. Aunque poco a poco se iba convenciendo de que no había nada malo en ello, de que no traicionaba a nadie con ello, su educación todavía le pesaba mucho. Luchaba contra ello, pero… era una batalla todavía por ganar.

 Por eso, el ligero azote en su culo, aunque llevara los calzoncillos puestos, le había dejado sorprendido. E Iñaki reaccionó como pudo… saliendo en persecución de Marc. Dudó un poco en hacerlo. Sabía que si se extralimitaba en el juego, todo podría acabar en un rechazo de Marc. Y era algo que quería evitar a toda costa. Le amaba tanto… que aunque fuera a costa de  reprimir todas las cosas que le gustaría compartir con él, no quería que la mirada de Marc se empañara con esa mezcla de pena, de vergüenza y de miedo.

 Pero vio esa mirada de pillo en los ojos de él. Y decidió que podía perseguirle e intentar devolverle la “caricia” en el culo. Aunque de momento no lo había conseguido… para su desesperación, y el regocijo de su chico.

 - Ya verás cuando te pille.

- ¡Bah! Ni sueñes que lo conseguirás. Estás bajo de fondo. Cuando muevas un milímetro esas piernas largas que calzas, yo estaré en Marte… jajajajajaja.

- ¡Eso ya lo veremos! Que la semana pasada salí a correr un par de días… me estoy poniendo en forma…

- ¡¡Bah!! ¡¡Bahh! Mira como tiemblo… – y Marc alargó sus manos moviéndolas exageradamente.

- Ya verás…

 … y diciendo esto, se lanzó por la derecha de la mesa…  pero Marc, una vez más fue más ágil, y salió corriendo por el pasillo, y se metió en su habitación. Iñaki corrió detrás de él, haciendo ruido como si fuera un fantasma… ¡¡¡uhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

 - ¡¡Que miedo!! Iñaki el fantasma que viene – gritó Marc antes de meterse en su cuarto.

- Ya te tengo… ¡¡¡Voy a por ti!!!

- ¡¡¡Huy, huy!! ¡¡Qué miedo!! Iñaki el fantasma invencible…

 E Iñaki se abalanzó dentro de la habitación. Con sus brazos levantados, y haciendo…

 -¡¡¡uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

 Marc le esperaba apostado detrás de la puerta. Cuando Iñaki entró en la habitación, hizo un placaje contra él, y cayeron los dos sobre la cama. A Iñaki le entró la risa floja., porque además, sin querer, Marc le estaba haciendo cosquillas.

 - ¡¡Ríndete!! – gritó Marc con todo su cuerpo encima del de Iñaki.

- ¡¡Ya te pillaré!! Has abierto la guerra, Marc, verás cuando te pille…

 Marc agudizó las cosquillas a Iñaki, esta vez a posta,  y le agarró las manos por encima de su cabeza.

 - Si no te rindes, será mucho peor…

- Vale, vale… me rindo. Espero seas clemente en la victoria.

- ¡¡Quieto ahí!! – Iñaki había intentado levantarse al notar que Marc se quitaba de encima de él. Y le palmeó las piernas desnudas para hacer más fuerza en su orden.

- Vale, vale.

- Y no levantes la cabeza o tendré que ponerte una venda en los ojos.

- Bueno… ¡¡como te pones por una victoria de nada!! Ya te espero otro día…

- Cuanto más hables o amenaces, peor será el castigo… – dijo Marc, en ese tono típico de película de época, rodada en los años 50.

- Acojonado me has – susurró Iñaki.

- ¿Qué dices?

- Nada, nada, castiga castiga. – acabó diciendo Iñaki, que a estas alturas, ya no sabía por dónde le daba el aire, ni qué esperar de esa situación. Marc le estaba desconcertando.

 Marc salió un momento de la habitación, apenas un par de minutos. Cuando volvió, traía un par de botes de Nocilla. Hacía apenas unas semanas que Iñaki le había hecho un juego con  Nocilla. Hoy, era el momento de devolvérselo. Desde ese día, la Nocilla no faltaba en esa casa. A veces había sido objeto de risas, de pequeños juegos. Normalmente, además, habían tomado la costumbre de “untarla” con los dedos. Y untarla… en la nariz, en el cuello.

 -  Ahora vas a ver… ja, ja, ja.

- ¿Qué estás tramando? – Iñaki hizo un amago de darse la vuelta al notar que Marc se sentaba encima suyo, dejando su cuerpo entre las piernas.

- ¡¡Qué te des la vuelta!! – le dijo Marc, en ese todo de padre cansado de repetir al niño lo mismo 37847 veces.

- Marc…

- ¿Voy a por una mordaza? ¿Eh? ¿Eh? El otro día fui yo mejor “jugador” que tú hoy… me quedé quietecito… sip.

- Vale, vale, me rindo definitivamente. Es cierto, el otro día te portaste muy bien… aunque no estoy muy de acuerdo en que fueras el perdedor de la tarde…

- ¿A que encima te quedas sin cenar?

- Lo habías prometido… eso no entra en este juego…

- Huy, huy… parece como si tuvieras mucho interés en esa cena…

 Iñaki se estaba desesperando. Ahora sí que le desconcertaba completamente Marc. Él quería aprovechar esa cena para hablar muy seriamente con Marc. De su propuesta de hacía algunos días, y de otras cosas. Y ahora, con este juego de Marc, veía peligrar toda su estrategia del día.

 - Tranquilo – le dijo Marc, tras unos instantes de silencio – La cena estará preparada tal y como habíamos hablado. ¿Más tranquilo?

- Bueno, yo… – pero Iñaki no sabía que decir. No quería meter la pata…

- Voy a empezar con mi obra maestra.

 Y diciendo esto, abrió ceremoniosamente el bote de Nocilla

 - ¡¡¡¡¡chan chan!!!!!!!!!!!!!!!!! – gritó a pleno pulmón.

- Una rayita por aquí, otra por allá… Se me acaba la pintura…

 Iñaki iba sintiendo como los dedos de Marc se paseaban por toda la espalda. Le estaba untando todo el bote de nocilla… anda que, pensó él, dúchate para estar hermoso para la cena… y luego acaba untado de nocilla. En realidad, eso se lo decía a sí mismo como para seguir en el papel de perdedor. Porque en realidad, él sabía que, estaba tremendamente contento de que este juego de toques, de caricias que parecen casuales, lo hubiera empezado Marc, que tan reacio era a ellos. Pero esos juegos, a veces, habían acabado con mosqueos, porque nunca estaba claro el límite que tenía Marc. E Iñaki muchas veces quería seguir… Y Marc, al no poder hacerlo, se mosqueaba con él, consigo mismo, con el mundo…

 Y hoy era uno de esos días… en que jugaban, y que Iñaki no sabía cual era el límite. Era un día importante para él, por los planes que había hecho para esa noche. Y no quería joderlo. Pero por otra parte, quería disfrutar de esos roces, de esas caricias, y por qué no, de todo lo que Marc se atreviera a hacerle esa noche.

 - Bueno, bueno – dijo de repente Marc, rompiendo los pensamientos de Iñaki – Ya está acabada mi obra maestra.

- Esto… una pregunta Marc… Luego limpiarás tu obra maestra. Digo, no sé… – todo esto con voz un poco de broma.

- No, no. Tiene que permanecer así hasta mañana. No te puedes tumbar panza arriba, ni poner ninguna camiseta. Ni apoyar   la espalda en un respaldo…

- Pero…

- Ni pero ni leches. ¡¡A callar!!

- P…

- Si te portas bien y sigues mis instrucciones, a lo mejor te dejo ducharte otra vez…

- Y tú conmigo en la ducha, para frotarme la espalda… aunque yo preferiría que la quitaras con la lengua… – dijo Iñaki, probando suerte, por si colaba.

- No hijo no. Aguita y jabón. Y sin hacer nada pecaminoso en la ducha.

- ¡¡Marc!! – en tono medio ofendido.

- ¡¡Iñaki!! – en tono burlesco – Déjate de bobadas, y ahora levántate. Te voy a poner una venda en los ojos, solo un par de minutos.

- ¡¡Marc!!

- ¡Calla! ¿Qué me estás desgastando el nombre! Voy a tener que cambiarlo…

 Marc cogió un calcetín de esos de deporte, largos. Y se lo puso alrededor de la cabeza, tapándole los ojos.

 - ¿Ves algo?

- No, nada.

- ¿Seguro?

- Seguro – con voz resignada.

- No te creo – y diciendo esto, pasó su mano por delate del paquete de Iñaki, como si fuera a apretarle los testículos. Pero Iñaki no reaccionó, por lo que esto convenció a Marc de que, efectivamente, Iñaki no veía rien de rien.

 Fue hacia la mesilla, y sacó dos pulseritas de oro. Eran muy sencillas. Una simple cadena, con un enganche, y una plaquita en el medio. Cogió una de ellas, y se agachó. Intentado ni siquiera rozar la piel de Iñaki, para no darle pistas, pasó esa pulserita alrededor del tobillo izquierdo de su chico. Cuando estuvo listo, se levantó, y se le quedó mirando un par de minutos. Una mirada de orgullo, de amor, se escapó desde dentro. ¡Cuánto amaba a ese chico! ¡Cuánto estaba sufriendo Iñaki por él! Hasta cuando se enfadaban era de tanto y tanto que se amaban. No podían soportar ver sufrir al otro. Y estallaban.

 - Date la vuelta, anda – dijo Marc, saliendo del embobamiento que le había producido quedarse mirando a Iñaki ahí, de pie, en medio de la habitación, en calzoncillos.

- ¿Ya me puedo quitar la venda?

- Cuando te des la vuelta, pesado.

- Y ahora puedes mirar mi obra maestra. Dependiendo de tus halagos, cenarás o no esta noche.

- Serás…

- Y no digas palabrotas, que si no…

- Me quedo sin cena, vale, ya lo sé… ¿Puedo mirar?

- Sí, si, gira la cabeza, y verás en el espejo el reflejo de la imagen.

- Huy, huy ¡¡¡Obra maestra!! ¡¡Una maravilla!! ¡¡Es un Miró!! ¡¡Qué digo Miró!! Miró no te llegaba a la altura de los zapatos. Una…

- Una…

 Iñaki se había dado cuenta de que había escrito algo, entre tanta línea abstracta. Lo veía al revés, claro. Pero al final logró entender lo que ponía. No era que no estuviera claro… es que cuando lo leyó, se quedó pensando en su significado. Es una de esas veces en que lo entiendes, pero tu mente no procesa. Por la sorpresa, por lo que crees que significa, porque tienes miedo a que no signifique eso…

 - Parece que se te haya olvidado leer

- Marc… yo…

- ¿No sabes lo que significa?

- Sí… bueno…

- Pues eso… ¿o te arrepientes?

- No, no…

- ¿Y te quedas así?

- Bueno…

- ¿Y te quedas con esa cara de pánfilo?

 Iñaki al final, se arrancó, y se lanzó hacia Marc. Le abrazó, y le levantó del suelo, dejándole en el aire. Aprovechó Marc, para rodearle la cintura con sus piernas, y besarle en los labios. Primero besos pequeños. Cortos. Con los labios cerrados. Luego fueron alargándoles, abriendo los labios, jugando con sus lenguas…

 De repente, Iñaki se separa apenas un palmo de Marc…

 - ¿Estás seguro?

- Sí… quiero. Sí. Quiero casarme contigo.

- Pero, vivimos en ciudades distintas. A miles de kilómetros.

- Será difícil. Tampoco nos tenemos que casar mañana. Podemos esperar unos meses. Pero quiero estar comprometido formalmente contigo.

- Y…

- Sí, es difícil. Somos jóvenes. Tú estudias, y quiero que lo sigas haciendo. Y yo, puede que este año o al siguiente, vuelva a estudiar. Pero creo que mi familia nos apoyará. No tendremos problemas de dinero… si además apartas un poco ese orgullo tuyo, y me dejas pagarte alguno de los viajes al menos, o algunos de tus gastos.

- Sabes…

- Calla, eso me da igual…

 Se callaron unos segundos. Pero ni Marc hizo amago de bajarse de los brazos de Iñaki, ni este hizo ningún movimiento tendente a dejar en el suelo a Marc.

 - Creía que me ibas a decir que no.

- Es que la pregunta se las traía… ¿quieres casarte conmigo?

- Pues fíjate que fácil la respuesta: Sí quiero.

- Si te hubiera contestado al instante, no hubiera sido importante la decisión.

- Pero parecía que no querías…

- No, al revés. Pero sabes… sabes que ahora mismo sigo siendo un poco carga. Tengo tantos problemas, tantas comeduras de coco…

- Eso sabes que…

- No te enfades… ya sé que me amas, que eso no es ningún problema para ti, que llevas 4 años junto a mí, dándome la vida. Pero tú no quieres que te pague el avión, por orgullo, y yo también tengo el mío. Yo sé que quieres cosas que no te he podido dar. Y que no estoy seguro de poder dártelas. Yo…

- Pero vamos avanzando..

- Sí, pero ahora tú, siguiendo con este juego, querrías acabar sobre esa cama, Con nuestros m…

- Eso es una bobada – estalló Iñaki, ahora sí obligando a Marc a poner los pies sobre el suelo. Pero Marc no soltó su cuello…

- No es nada malo, no te enfades. El sexo es un medio estupendo de demostrar el amor. Pero, yo sabes que tengo que esforzarme por romper esas murallas que levantaron en mi mente. Hemos avanzado mucho… Pero si tú estuvieras con otro chico, estarías todo el día…

- Yo no quiero estar con otro…

- Ya lo sé… no distorsiones lo que quiero decir.

- Vale. Pero yo… puedo esperar…

- Ya lo sé.  Pero la pregunta para mí era… ¿Quiero que Iñaki se obligue a cargar conmigo? ¡¡chssss!! – le dijo poniéndole la mano en la boca, cuando vio que él quería interrumpirle – ¡¡calla!! ¡Déjame seguir! … ¿Quiero que se sacrifique… más de lo que ha hecho por mí? Y sí… al final, por razones puramente egoístas, he llegado a la conclusión de que sí… .quiero.  Porque quiero vivir. Quiero poder amarte plenamente. Quiero poder tener sexo con un hombre sin sentirme mal. Porque sino, no podré seguir viviendo. Y porque será la victoria definitiva. No quiero seguir viviendo sino es con tu amor.

 Iñaki volvió a abrazar a Marc. Se le habían saltado las lágrimas. Le amaba. Sí. Pero era también un amor que a sus 20 años, le había puesto a prueba muchas veces. Que le había puesto al límite casi cada día. Frente a sucesos, a problemas que no sabía como afrontar. Y nadie a su alrededor le podía ayudar… porque nadie sabía tampoco como hacerlo. Y él no era muy dado a pedir ayuda, tampoco.

 Le amaba… le amaba con todo su ser.

 - ¿Entonces te casarás conmigo?

- Sí, me casaré. Aunque dejamos la fecha sin marcar. Pero que sepas que tienes un compromiso conmigo.

 Y diciendo esto, se separó, y señaló al tobillo de Iñaki. Y señaló su cadena.

 - ¡¡Ohhhhhh!! Marc…

- Hoy tartamudeas mucho… – se mofó Marc.

- Es que hoy vas de susto en susto… pero…

- Calla, y ponme la mía…

 Y le tendió una pulserita igual que la que tenía en el tobillo puesta. Cogió la plaquita, a modo de pequeño colgante, y vio que tenía una inscripción: Iñaki – Marc 15-04-2009. Se agachó y le ató la pulserita en el tobillo izquierdo.

 - Ya está firmado.

 Marc cogió la mano de Iñaki, se la abrió. Puso su palma hacia arriba… .y sin dejar de mirarle a los ojos, se la fue acercando a su boca. Cuando la tuvo a escasos centímetros, alargó sus labios, y se la besó. Uno, dos, tres…veces.

Iñaki era en ese momento, el hombre más feliz del mundo. No podía ocultar en su cara la satisfacción, el orgullo y el amor por Marc. Y más cuando podía comprobar que, a lo mejor no era verdad que fuera el hombre más feliz… porque Marc, su chico, rivalizaba en felicidad.

 - ¿Nos duchamos? – Propuso Iñaki.

- ¿Juntos? – dijo con voz insinuante Marc.

- Por supuesto.

- Lo malo es que no me dará tiempo a preparar la cena.

- No hay prisa. Tenemos toda la noche..

- ¿Jugaremos con la espuma?

- Jugaremos a lo que quieras…

- Y así nos quitamos la Nocilla, que al abrazarme, mira como te has puesto..

- No importa. A lo mejor te dejo comerla de mis brazos…

- Bueno, bueno… vamos… ¡¡¡vamos!!!!

 Y sin más, Iñaki alzó a Marc, le cogió en brazos, y entraron  así en el baño.

 

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





Un dibujo… para Iñaki y Marc.

8 03 2009

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Iñaki y Marc. Son dos de los personajes de las historias de este blog.

Son… maravillosos. Porque de gente insoportable y mala, ya está el mundo lleno. Aquí contamos historias de gente interesante, especial, agradable. personas a las que podamos querer.

Este dibujo para ellos. Para que mañana brille el sol. Y ningún pajarraco haga que sus rayos os dejen de dar calor.

Iba a enrrollarme… pero creo que no toca.

Otro día, y quizás, en otro lugar.

Déjate Marc, besar, abrazar y amar… que todo será mucho más bonito.





Una canción… “So far Away”

22 02 2009

Valle, en un comentario del post anterior, propone como banda sonora esta canción:

So Far Away

So Far Away – Staind

Gracias Valle.





Un regalo de cumpleaños…

8 02 2009

Había sido un día duro de trabajo. Le habían ascendido hacía unas semanas, y aunque no había sido todo lo complicado que en un principio pensó, la verdad es que le hacía sentirse cansado al final del día. Y es que además, ahora debía hablar más, y hacerse entender, y lo del idioma no lo llevaba nada bien. Todavía no le salía con naturalidad.

 Miraba su calle. No era muy amplia, ni la más concurrida, ni la más bonita, pero estaba bien. Tenía un parque en un costado. Era céntrica. Y tenía árboles en las aceras. Las casas eran bonitas, eran casas con muchos años, pero bien conservadas y reformadas. Estaba contento con el barrio.

 Miraba la gente que pasaba. La señora del edificio de enfrente, la del 4º. No, no lo sabía porque él estuviera chismorreando de los vecinos, más bien al revés. Un día que él estaba con su novio, besándose al lado de la ventana abierta, en verano, miró de reojo al edificio de enfrente, y allí la vio, inclinada en su ventana para tener todavía mejores vistas. Se acordó de ese momento, y no pudo evitar sonreír. Se lo dijo a su chico y la miraron directamente… jijijiji… y la saludaron con las manos, mientras sonreían con una intensidad que, ni en los anuncios de pasta de esa que blanquea los dientes…  y a la señora la dejó tan pasmada, que se le cayeron las gafas a la  terraza del piso de abajo… jijijiji. Y a la mañana siguiente, casualmente se la encontraron en la calle, y la saludaron como si fuera una amiga de la familia de toda la vida. Jijijiji. Pero era una mujer muy salada… al cabo de unos días, les invitó a tomar café con pastas en su casa. Y fueron. Va, y se lo pasaron bien. La pobre mujer no acababa de entender ni aprobar que dos chicos se amaran, pero al verles como se miraban decía… “no será tan malo cuando hace que dos personas se miren así” y añadía a continuación… “soy demasiado vieja para cambiar… en mis tiempos estas cosas no se veían…”

 Miraba la gente pasar. El señor del perro… un pastor alemán juguetón… el matrimonio joven con sus dos niños, gemelos a la sazón, que eran dos terremotos. Los pobres le daban pena… se les notaba cada día las pocas horas de sueño que habían tenido. Las ojeras iban avanzando día a día… La mujer ya no iba a la peluquería… el chico no se afeitaba ya todos los días… ya no sonreía.

 Miraba la gente pasar. Vio un taxi pararse delante de su casa. Era un chico joven que se bajaba. No le veía bien, le tapaba un poco un árbol. Le sonaba la forma de moverse. Sería un vecino, porque parecía que iba a su portal. Pudo distinguir             que llevaba una gorra… parecía azul… pero un azul muy raro… deslavado… Parecía que llevaba un paquete de regalo, y llevaba una mochila, y una bolsa de deporte. Y sí, venía hacia su portal…

No podía ser…

Le dio un salto al corazón… no… no… no…

Era él… era Iñaki… Era su chico…

Su corazón se puso a mil…se dio la vuelta de repente, y no calculó bien y se dio un golpe en la rodilla con la butaca orejera que tenía para leer al lado de la ventana… fue corriendo, en realidad fue casi arrastrándose… la rodilla le dolía… al baño, encendió la luz, y salió de su boca un ¡¡¡Mierda!! Que hubiera asustado hasta al más duro entre los duros de los barrios duros de la ciudad. No se gustaba nada… el pelo estaba hecho una pena, tenía ojeras, una espinilla campaba a sus anchas en su nariz. Seguro tenía mal sabor de boca… un enjuague… mierda, no se abre… da igual… pasta de dientes, ¡¡hala!! Medio tubo al lavabo.. atinó mal con su boca, y casi se mete en cepillo por la nariz… uno, dos tres… uno arriba… derecha…una pasada por la izquierda… abre el grifo, llena el vaso, es un decir lo de llenar… un sorbo, se enjuaga, y escupe. Otro trago… “Ding… dong…” ¡¡Mierda!!Ya está ahí… se podía haber estropeado el ascensor como otros días, justo cuando venía del super… y acababa subiendo la compra, cargado como un mulo, por las escaleras… Se echa una última mirada al espejo, aunque acaba cerrando los ojos para no verse… y se lanza a la puerta… La abre, y sin dejar que, el chico con gorra que hay al otro lado, diga algo, se lanza a su cuello, cual vampiro de la noche, y junta sus labios con los de su chico. Con una mano, le quita la gorra, con la otra, le agarra de la cintura, y le pega a su cuerpo… Era un beso eterno… no había espacio ni tiempo en él…

 - Ejem… perdón… ¿Os importaría dejarme pasar? Siento molestar de verdad, pero…

 Los chicos de la gorra, miran hacia donde ha salido esa voz. Se separan, como si estuvieran haciendo algo malo… y no pueden evitar ponerse rojos…

 - Es que se ha estropeado el ascensor… pero podéis seguir… – Siguió diciendo el señor del 6º, con una sonrisa picaruela..

- Pase, pase… perdónenos…

- No hay nada que perdonar… ¡¡hasta luego!!

 Entraron en casa, y sin apenas tener tiempo para cerrar la puerta, y dejar los bultos en el suelo, ya estaban los dos besándose.

 - ¿Vamos al dormitorio? – Dijo Iñaki.

 Marc se quedó parado. Algo se había cruzado en su cabeza. Otra vez. Una barrera infranqueable.

 - Confía en mí – le dijo Iñaki.

 Agarró de la mano a Marc, y se dirigió al dormitorio. Solo encendió la luz de la mesilla que estaba más alejada de la puerta, y del armario… y del espejo. Precisamente frente a él, hizo que se colocara Marc. Pero se dio cuenta que la luz era demasiado escasa para lo que quería. Encendió la lámpara de la mesilla de este lado de la cama. Así estaba mejor. Marc le iba siguiendo todos los movimientos, con la boca abierta. Estaba asombrado, y también asustado por otro lado. Pensaba que Iñaki le iba a pedir que se amaran… y seguía sin poder… era superior a sus fuerzas. No podía… entregarse. No podía soportar el que sus miembros se juntaran… le asustaba tocar el pene de Iñaki. No era miedo… era rechazo… era superior a sus fuerzas… y le amaba tanto… amaba tanto a Iñaki…

 - Confía en mí – le repitió Iñaki.

 Le corrigió la postura frente al espejo. En un principio le puso de frente completamente, ahora le corrigió y le puso en diagonal. Miró al espejo, pero no le gustó, así que le volvió a colocar de frente completamente.

 Se puso justo enfrente de él. Mirándole a los ojos. Bajó un poco la cabeza, Iñaki era más alto, y besó suavemente a Marc. Nada comparado con el beso de la escalera de hacía unos minutos. Muy suave. Apenas rozando sus labios. Besos cortos, suaves. Seguían siendo suaves caricias de unos labios contra otros. Se separó un poco, le miró a los ojos. Sonrió.

 De repente se arrodilló. Marc se puso nervioso, dio un imperceptible paso atrás. Creyó que Iñaki iba a hacerle una mamada. O algo parecido. Iñaki se dio cuenta del movimiento. Levantó la mirada… y con toda la dulzura que pudo imprimir a sus ojos, con un toque de reproche, por la falta de confianza, consiguió que Marc se relajar otra vez… al menos que volviera a recuperar su posición de hacía un rato.

 Iñaki cogió el cordón de una de las deportivas que llevaba Marc, tiró de él, para desanudársela. Hizo lo mismo con la otra. Levantó uno de sus pies, y le sacó la zapatilla. Seguido le quitó el calcetín. Volvió a posar el pie de Marc en el suelo, y se agachó, y le dio un beso en el empeine del pie. Levantó su mirada, para ver la cara de Marc… no iba mal… de momento en su cara solo había sorpresa, miedo, ansiedad… y unas gotas de asombro.

 Hizo lo mismo con el otro pie.

 Se levantó y se puso detrás de Marc. Casi pegando su cuerpo al de él, pero procurando que no se tocaran. Pasó sus brazos, como si fuera a abrazarle, pero intentando que no tocaran el cuerpo de Marc. Fue a su camisa, y empezó a desabrocharle los botones. Cuando lo consiguió con el último, le quitó suavemente la camisa.

 Fue a sus pantalones. Le desabrochó el cinturón. Le desabrochó el botón, y el enganche. Le bajó la cremallera, procurando que no rozara en ningún momento su mano con el miembro, o los testículos de Marc. Y dejó caer sus pantalones. Se iba a agachar a quitárselos, pero Marc, son sus pies, se lo quitó y lo apartó de una patada. Iñaki, entonces, cogió los slip de Marc, desde los lados, y los dejó caer al suelo.

 Se quedaron los dos mirando el  Espejo. Marc, desnudo, Iñaki detrás, vestido, asomando su mirada por encima de la cabeza de su chico.

 - ¿Tú no te desnudas? – dijo Marc.

- ¿Si me quieres desnudar tú?

- No bueno… desnúdate tú…

- Hazlo tú, por favor – le suplicó Iñaki. Has visto que es fácil. No ha pasado nada- Si no lo haces, me quedaré vestido – amenazó Iñaki.

- Pero…

- Por favor… ¿Me desabrochas las Adidas? – y diciendo eso, levantó un poco su pie derecho…

 Al final Marc cedió. Se agachó, y le fue quitando sus zapatillas, y sus calcetines. Se levantó y le quitó la camiseta que llevaba. No pudo dejar de mirarle el pecho… como le gustaría poder disfrutarlo… le gustaba mucho… mucho… pero… no podía cruzar esa barrera… Le desabrochó el botón del vaquero, y se lo bajó. Y le bajó seguido el bóxer. Ahí estaba su pene, sus testículos… el bobo de él la tenía medio erecta… Se levantó de un salto…

 - ¿Y ahora qué? Ya estamos desnudos.

- Tranquilo… déjame unos minutos.

 Iñaki cogió su mochila. Sacó una especie de foco. Un cable. Y un bote de Nocilla. El foco lo instaló arriba del armario, mirando hacia dónde estaba esperando Marc.  Lo encendió, después de tirar el cable hasta un enchufe que había al lado de la puerta. Marc, entrecerró los ojos… le deslumbraba la luz…

 Iñaki cogió el bote de Nocilla, y se volvió a poner detrás de Marc.

 - ¿Ves esta marca? – dijo Iñaki.

- Cómo no la voy a ver… veo esa…

- Vale, la ves… espera porque yo no la veo muy bien.

 Y diciendo esto, untó un dedo en nocilla, y fue siguiendo esa marca, dejándola marcada con la crema.

 - ¿Ves esa otra marca aquí? – dijo señalando el pecho por el otro lado.

- Pues…

- Pues yo no

 E hizo lo mismo. La recorrió suavemente con su dedo, untado en Nocilla, dejándola marcada.

 - ¿Ves esta otra? – Le dijo señalando una marca que cruzaba el pecho de derecha a izquierda – Pues yo no – le dijo al oído sin dejar que le contestara.

 Se separó un poco, y observó las tres líneas que cruzaban el pecho de su chico. Miró hacia atrás, y vio el armario que estaba al otro lado de la cama, con un espejo también. Fue hacia él, y abrió la puerta del espejo para que en combinación con el otro, hiciera que se viera la espalda de Marc.

 - Date la vuelta – le dijo Iñaki.

 Y Marc lo hizo esta vez sin protestar.

 - ¿Ves esta marca de la pierna? Yo no la veo bien.

 Y untando otra vez el dedo en la Nocilla, siguió la marca que cruzaba el muslo derecho de Marc.

 - Esta tampoco la veo – siguió diciendo, sin dejar ya espacio entre marca y marca.

 Y así siguió delineando con Nocilla cada una de las muchas cicatrices y marcas que tenía Marc en sus piernas, en su culo, en su espalda. Pintaba líneas suaves sobre la piel de su chico. Parecía el dibujo de las venas y arterias de su cuerpo. Pero solo eran cicatrices. Muestras y recuerdos de un pasado doloroso y triste.

 Marc estaba como hipnotizado. Ya no oponía ninguna resistencia. Pero no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Iñaki no dejaba de mirar la cara de Marc. No dejaba de observar cada minuto sus reacciones. Se paró un minuto. Quería afrontar las dos últimas marcas con un poco más de calma.

 - Sí veo en cambio, esta marca. A lo mejor no la ves tú. Te la voy a señalar para que la puedas ver bien

 Y diciendo esto, se puso enfrente de él, y le hizo un punto en su frente.

 - Y sí veo en cambio, esta otra marca. Creo que esta marca, no la acabas de ver bien. te la voy a señalar… para que la observes bien.

 Y diciendo esto, se agachó y recorrió el pene flácido de Marc, de arriba abajo.

 Marc seguía como hipnotizado. Ahora no podía ni moverse. Veía su cuerpo casi completamente lleno de Nocilla, recorriendo las decenas de cicatrices y marcas que tenía en su cuerpo. Las marcas que le producían tantas noches sin dormir, que le hacían angustiarse tantos días, aunque muchas veces no supiera por qué era.

 - Para ti, cada una de estas marcas son una muestra de vergüenza – empezó a hablar Iñaki, sin dejar de mirarle a los ojos. – Para ti, cada una de estas marcas, suponen tu recuerdo a un tiempo pasado. Un tiempo pasado que te domina. Que no te deja respirar. Para mí, cada marca que llevas en el cuerpo, es una razón de orgullo. Te amo un poquito más, por cada una de ellas. Muchas veces las he recorrido con mis dedos. Hoy, quiero que, de alguna manera, empiecen a formar parte de mí también. Quiero que, a partir de hoy, estas marcas sean una forma de sentirnos más unidos. A partir de hoy, tendrán otro significado. Dejarán de significar pasado… significarán futuro.

 Y acercó su boca a la primera marca que había pintado con Nocilla. Y la recorrió con su lengua, recogiendo con ella, toda la crema que había extendido minutos antes.

 - ¿Ves? Esta marca ya es un poco mía. La tengo en mi boca. La saboreo. Como saboreo cada vez que te miro, el orgullo que siento por ti.

 Volvió a inclinarse, y recorrió la segunda marca. Y la tercera. Se separó un poco, y con una inmensa dulzura en su mirada, acercó sus labios a los de Marc. Se dieron un beso… compartiendo las marcas en su boca.

 Así fue haciendo con cada una de las líneas que había trazado en el cuerpo de Marc. De vez en cuando, paraba, y compartía con sus besos, la  crema que iba retirando de la piel de Marc.

- Nos quedan solo dos marcas. Ésta primera.

 

Y recogió la Nocilla con la que había hecho un punto en la frente de Marc.

- Y esta segunda.

 Y arrodillándose, alargó su lengua, y recorrió suavemente el pene de Marc.

 Se levantó de nuevo… y acercó muy despacito sus labios a los de él. Y nuevamente se besaron.

 Marc, empezó a reaccionar… se sentó en el suelo, dobló sus rodillas sobre su pecho… y empezó a llorar. Era un llanto casi histérico. Nunca había llorado así. Era unas lágrimas de liberación. De tristeza. De alegría. Del pasado, del presente… del futuro… de amor.

 Iñaki por primera vez en ese día, no sabía como reaccionar. No sabía si sentarse con él y abrazarlo, o dejarle llorar. Al final se agachó, y en cuclillas, la acarició suavemente una mejilla con su mano. Pero sin poder evitarlo, también unas lágrimas asomaron en sus ojos. Había tomado muchos riesgos al llevar a cabo este juego. Y no estaba ahora seguro del resultado.

 Al cabo de unos minutos, Marc se relajó un poco. Dejó de llorar… por lo menos de tener esos espasmos en todo el cuerpo a causa del llanto. Le miró a los ojos… a los también llorosos ojos de Iñaki. Y en un impulso, se lanzó contra el cuerpo de Iñaki, como si estuviera placando en un partido de rugby. Y empezó a hacerle cosquillas… Marc intentaba liberarse… tenía muchas cosquillas… pero la sorpresa, y el estar ahora debajo del cuerpo de Marc, se lo impedía… al final solo podía intentar protegerse lo más posible… Marc parecía que tenia más brazos que un pulpo… cada uno de ellos con 20 dedos. Y fue haciéndose un ovillo… un ovillo que se movía espasmódicamente a cada momento… mientras una carcajada continua salía de su boca…

 Marc paró. Se quedó encima del cuerpo de su chico. Se fue acomodando, hasta acabar con su cabeza sobre su pecho. Iñaki poco a poco fue abrazando a Marc. Iñaki pensaba en que no le había dado el regalo que le traía. Pero… así estaban tan bien… Y así pasaron un buen rato… en silencio. Solo sentían cada uno latir el corazón del otro.

 - Feliz cumpleaños, amor. – dijo al final en un susurro Iñaki, al oído de Marc.

- Calla bobo.

 Y así pasaron un buen rato más… estaban tan bien…





… esa noche…

28 11 2008

Entró en la habitación.

Su chico seguía en la cama, tumbado mirando al techo. Se le quedó mirando un rato. Cuando se quiso dar cuenta, una sonrisa boba se instalaba en su cara. ¡Cuánto quería a ese chico que estaba ahí tumbado!

Al final se acercó a la cama. No hacía mucho calor en la casa, y estaba desnudo. Empezaba a sentir frío.

Su chico se fijó en él. Le sonrió mientras le veía acercarse. Dejó en la mesilla la bandeja con los dos vasos de zumo que había traído. Puso una rodilla en la cama y se inclinó sobre su chico para darle un suave pico. Le miró a los ojos. Eran unos ojos maravillosos. Marrones. Profundos. Picaruelos. Le encantaba perderse en ellos.

Levantó el nórdico y se metió dentro de la cama. Nada más hacerlo, su chico cambió de posición para acomodarse y poder apoyar su cabeza en su pecho. Le dio un beso en la cabeza.

- ¿Te gustó?

Su chico levantó la mirada… y no hizo falta que le contestara con palabras. Le había gustado. Hoy se había amado de forma distinta. Había probado otras cosas que no se había atrevido a hacer antes. Habían tardado todo el tiempo del mundo. El cuerpo de su chico le volvía loco. Y hoy se había entretenido en recorrerlo con su lengua, con sus manos… suavemente… varias veces. Incluso en esos rincones donde nunca se había atrevido a llegar. Hoy sí lo había hecho. Y su chico hizo lo mismo con él. Recordaba todavía su lengua en sus pies, como le mordisqueo suavemente cada dedo, como les chupó como si fuera ha sacar zumo de ellos. Y como siguió subiendo por sus piernas. Un rato la derecha, otro la izquierda. Como le había girado despacio y había jugado un rato en la rodilla, por detrás. Con su lengua. Cómo había seguido subiendo, despacio… a su chico también le gustaba su cuerpo… como llegó a su culo… y como poco a poco, dando rodeos…

- ¿Y a ti?

- ¿Tú que crees?

Se agachó un poco, y le dio otro pico. Pero su chico no se conformó. Y siguió otro, y otro… al final el último se convirtió en un beso pasional… largo, lento, profundo. Jugando con sus lenguas. Recorriendo cada una de ellas los labios del otro. Cambió de posición y se puso a su altura. Le rodeó con sus piernas. Juntaron más si cabe sus cuerpos. Sintiendo sus respiraciones. Sintiendo como sus miembros iban incorporándose al juego.

Paró un instante. Se separó unos centímetros. Quería ver otra vez esos ojos marrones. Quería perderse otra vez unos instantes en ellos. Quería sentir otra vez, quería escuchar otra vez… como esa mirada le decía… te amo.

Y lo vio. Y lo escuchó. Sin palabras.

Y volvió a acercarse. Volvió a besarle. Volvió a sentir su respiración. Y de repente, le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, al pensar en un instante, como le amaba, como le deseaba, como se enorgullecía de él. Y en recordar la suerte que tuvo, cuando el azar, hizo que se encontraran aquel día, entre todo ese grupo de gente. Que se miraran. Que hablaran. Y que al cabo de unos días, se dieran ese primer beso.

Los zumos siguieron en la mesilla durante toda la noche. Al lado de las gorras. Ninguno se volvió a acordar de ellos.

——–

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 





…los chicos de la gorra… (1ªparte)

16 11 2008

Paseaba por el paseo marítimo. Hacía un poco de aire, y el mar parecía un poco enfadado. Pero era un día estupendo para dejar que el tiempo pasara sin necesidad de hacer nada.

 

Llevaba ya mucho tiempo andando. Me senté en la barandilla de piedra. Casi me daba vértigo, no suelo hacer esas cosas, pero ese día, me atreví. Debajo, la playa. Un poco más allá… el mar del norte, enfadado.

 

El último rayo de sol se esfumó. No me di ni cuenta cuando empezó a llover. No era una lluvia fuerte. Me subí los cuellos del anorak, y me quité las gafas. El agua que caía no estaba muy fría. Me gustaba. Me recordaba esos paseos por Valladolid que me gustaba dar hace años, lloviendo y lloviendo, sin paraguas ni gorro. ¡Cómo me relajaba aquello! Pero los años pasan, y las convenciones también.

 

Me fijé en los que había en la playa. Unas chicas corriendo, casi dónde rompían las olas. Un señor andando a paso rápido. Otro señor jugando con un perro y una pelota.  A todos parecía no importarles la lluvia.

 

Me fijé también en dos chicos. Me llamaron más la atención, porquen estaban sentados en la playa, en la arena. Ni siquiera tenían una toalla debajo. Los dos llevaban gorra. Uno parecía más alto que el otro. El más bajo, apoyaba la cabeza en el hombro del más alto. Y éste, lo hacía sobre la cabeza de su compañero.

 

No sé por qué, solo viéndoles… me llené de alegría, de tranquilidad… no, no encuentro la palabra adecuada… serenidad, o felicidad… algo así.

 

Era una estampa que indefectiblemente, te hacía pensar en el amor. Pero en el amor más allá de esas palabras edulcoradas, azucaradas, empalagosas que algunos entienden por amor. Más allá de gestos vacuos, o grandilocuentes, de gestos materiales.

 

Era una imagen, la de esos chicos agarrados, formando como un solo cuerpo, que te hace evocar esos amores en los que cada parte es el sostén de la otra parte. En los que, los amantes se entiendan con un pequeño gesto, con la forma de respirar. En la que, un amante haga sentir al otro orgulloso de sí mismo, al menos como él lo está. En que cada uno hace volar al otro por encima de miedos, de tristezas, de golpes y de pasado.

 

Siento envidia de verlos. Me dan ganas de sacar una foto, y publicarla a los cuatro vientos… para demostrar al mundo lo bello que es el amor. Incluso el amor entre hombres.

 

Siento envidia. Mucha envidia.

 

Los chicos de las gorras.

 

Dejaos besar y abrazar, todo será mucho más bonito.