Sigo mirando por la ventana. No miro nada. Tengo la vista perdida en algún punto de la calle. Puede que sea esa farola que parpadea. O en el banco ese donde me suelo sentar con él cuando viene a verme.
Es tarde. Debería irme a la cama. Pero no voy a dormir. Como las noches anteriores.
Un fantasma me ataca todas las noches. Mi fantasma. El fantasma del pasado. Yo quiero que se vaya. Pero no puedo echarle. No soy fuerte. Me puede.
Hace unos días vino a verme. Mi chico.
Fui a recogerle. Le esperé en la terminal. Le vi girar al fondo. Y mi corazón se desbocó. Empecé con un ligero bailoteo, no me podía quedar quieto. Estaba impaciente por echarme en sus brazos. Fueron solo unos breves minutos, pero se me hicieron horas.
Al final, sí, acabé entre sus brazos. Le besé, y le besé. No podía separar mis labios de los suyos.
Nos agarramos de la cintura y fuimos a buscar el coche. No dejábamos de hablar, como desesperados. Reíamos, y no sabíamos de qué. Yo estaba como en una nube. Nervioso. Y creo que él también.
Llegamos a casa. Apenas dejó su mochila en el cuarto y nos sentamos abrazados en el sofá. Nos besábamos. Le miraba a los ojos. Y el miraba los míos. Veía amor… tanto amor que casi me dolía…
Pero hubo un instante. Un momento en que una nube se puso en mi cabeza. Y empecé a llorar.
Él intentó consolarme. Como tantas veces.
Otra vez igual.
No pude confiarme a él. No puedo hablarlo con nadie. Esa nube de mi pasado está ahí. No puedo hacer que se evapore. No puedo hablar de ello. NO puedo contárselo a nadie. Ni siquiera me atrevo a decírmelo a mí mismo en voz alta. Pero necesito contárselo a alguien. Necesito desahogarme.
Pero no puedo.
Dormimos abrazados. Esa noche si conseguí dormir. Una marmota, me dijo él. Así parecías durmiendo, me dijo entre risas. ¿No has dormido tú? Le pregunté. Me gusta verte dormir, me contestó. No quise perderme ni un segundo de tu rostro, añadió.
Pasaron los cuatro días. Paseamos, comimos, reímos. Hablamos con los amigos de lejos. Paseamos, comimos y dormimos. Esas noches, sí. Dormimos los dos.
Pero no puede. Otra vez no pude.
Esa nube… esos recuerdos…
Al final se fue. Al final tampoco fui capaz de hablar con él. De desahogarme. Necesito hablar con alguien. Pero me da tanta vergüenza…
Y necesito todavía más, sus caricias. Sus besos. Sentirme unido a él. Necesito sentirme tan orgulloso de mí mismo como él se siente de mí. Pero esa nube… me atenaza. Me siento sucio, en pecado. A veces me siento un despojo. Ojalá pudiera sentirme orgulloso, como él se siente de mí.
Y lo necesito. Como el respirar.
Me levanto. Intentaré ir a dormir. Pero sé que no lo haré. Otra noche más.
Y ni siquiera puedo llorar.
—–
Déjate besar y abraar, todo será mucho más bonito.