… de cafés tranquilos, de agobios, y de chicos cabezotas…

9 05 2009

Hace tiempo que no me tomo un café aquí. Y que no me fumo un cigarrillo pensando y mirando el cuadro de mi tía Ana Mary. Debería ir a verla un día. La pobre está ya un poco pachucha. Le cuesta moverse. Con lo dicharachera que era ella. Si la he visto unas cuantas veces es porque ella ha venido a vernos. Si fuera por mis padres, ni la hubiera conocido. Y eso que vive en Asturias, que no pilla lejos de aquí… ¿O sí?

Estoy cansado. Me permitiréis que una vez más apoye las piernas en este puff maravilloso. Ha sido una semana dura. Sip. Dejadme coger la taza de café… y darle un par de vueltas. Humea. ¡Qué aroma! Un sorbo. Dejadme que coja un cigarrillo, y lo encienda. La primera calada con el café, aquí, sentado y mirando el cuadro que pintó mi tía Ana Mary, sabe a gloria.

Ahora parece todo irreal. Aquí, tranquilo. Nada parece poder alterar mi tranquilidad. Durante todos los instantes de esta semana, fue al revés. Nada parecía poder relajarme. Ya desde la noche del domingo al lunes, fue así. No pude pegar ojo. Y lo poco que dormí, fue sin descansar. El lunes mal, el martes, peor, porque estaba más cansado… y el miércoles… y el jueves fue horroroso… el viernes algo mejor, pude al final dormir un poco.

Dejadme que de otro sorbo al café. Dejadme que saboree otra calada de mi cigarrillo… mira como sube el humo, como se pierde en la oscuridad, cuando sale de la influencia de la luz de la lámpara de pie.

Es difícil salir un poco de ese camino que te marcas. El agobio, no descansar, lo que te agobia más,  no rindes, te agobias más, no llegas a nada, te agobias más, no sabes como relajarte, te agobias más, no quieres la compañía de nadie, porque piensas que eres mala compañía para cualquiera. Y como casi siempre, cuando tú mismo has cogido el papel de optimista, de fuerte, nadie piensa que necesites ayuda. O que simplemente necesites que no te machaquen. Nadie te ve. Y tú, claro, no puedes decírselo a nadie. Porque en el fondo, no sabes como hacerlo. Porque además, en estos momentos, solo te pueden ayudar un grupo reducido de personas. Esas a las que quieres de una forma u otra, y soportas, claro. Pero como eres fuerte, nadie te mira a la cara, nadie te mira a los ojos… y te dice… “mi pobre”, y te arrulla, o te coge de la mano, y te lleva a comer una hamburguesa, o al restaurante de moda, que total, hoy es un día, y el resto del mes comeremos pasta.

Espero que algún día quieras tomar un café conmigo. Sí, aquí delante, enfrente mío, y te pueda contar todas estas cosas que te estoy contando ahora. Estas y otras. Y me dejes ver como disfrutas del sabor, del aroma del café. Un café, es una de las formas mejores para compartir pensamientos, sensaciones, inquietudes. De simplemente compartir un rato. El té de las 5 de los ingleses,  seguro que tiene esa razón. Si no tenía esa excusa, no saldrían de casa.

Es curioso, ahora que hablo de fuertes, sabéis, es como yo veo a Iñaki, uno de “los chicos de la gorra”. Tiene que tirar de Marc. Tiene que conseguir que duerma, que se relaje, que afronte todas las muchas cosas que la vida le ha echado encima. Tiene que conseguir transmitir su amor, con gestos medidos a veces. Tiene que ayudar a afrontar problemas que tan siquiera comprende. Pero él está solo. No, sí, tiene muchos amigos. Pero ese apoyo que él necesita, no lo encuentra. Y no sabe pedirlo. Porque se ha acostumbrado a callar. Porque no quiere además hablar con Marc, y ponerle más cosas encima de la mesa. Y porque Iñaki, lo sé bien, porque también me pasa a mí, es orgulloso. No, no es de este orgullo chuleta. Es orgullo, de amor propio.

El personaje de Marc, también es orgulloso. O cabezota. Necesita tanto amor que no ha tenido hasta hace 4 días… Necesita ser a ratos niño, esa infancia que no ha disfrutado. Ser caprichoso como los niños. Ser testarudo. Y que cuando se hace pupa en la rodilla, aunque sea por portarse mal, venga su papo, o su hermana pequeña, o su chico, y le canten con voz melosa “cura, cura sana, y si no se cura hoy, se curará mañana” y le den un abrazo, y le den besos de la abuela. Y el personaje de Marc, necesita también amar como hombre. Como hombre que ama a otro hombre. Pero no puede… porque tiene demasiado dentro esas cosas que le decían de peque. Esas cosas que le hacían de peque.

¿Y que hacemos cuando dos chicos que se aman hasta la médula, que han luchado como pocos por su amor, se enfadan, discuten, y aunque hablan,  no acaban de encontrarse en el camino de la vuelta a ese estado de las parejas en el que todos a su alrededor salen corriendo para no quedarse pegados por el azúcar que desprenden?

No sé como escribir el capítulo de la reconciliación. Podría meterme yo mismo en la historia, como personaje, e ir a un sitio, coger de la oreja a uno de ello, llevármele sin soltar la oreja hasta dónde está el otro, coger a este otro también de la oreja, y sentarme en medio hasta que por aburrimiento se besen y se besen. Y se besen. Y se miren como tortolitos. O podría meterme en la historia sí, e ir a ver a uno de ellos, y pasear junto al mar con él, y hacer que hable, y hable, y hable, y hable. Y darle un par de cientos de abrazos. Y una patada con rumbo al aeropuerto.

Pero esto no sé, creo que no sería ni factible, ni creíble. Un autor de relatos, encima malo, que se mete en la propia historia, y se convierte en uno de los protagonistas.

No sé. Estoy perdido con la historia de Iñaki y Marc. Porque no sé como sortear esa cabezonería de los dos. Y esos muchos fantasmas que se han instalado en sus cabezas. Porque debería echarles a todos.

Es uno de esos puntos en que el escritor se queda en blanco.

Aprovecharé entonces a recuperar la historia de café para dos,  aquella historia que fue creciendo en el blog antiguo, y que nadie leía. Ya verdad es que creció un rato la tía. Empezaré un día de estos por el 1º capítulo, y poco a poco la recuperaré entera. Y acabaré de escribirla, claro.

Tengo la boca seca de tanto hablar. Y el cerebro me echa humo de tanto pensar. Total no he encontrado respuestas ni para mí, ni para la historia de los chicos de la gorra, para Marc e Iñaki.

Y encima, el café se ha enfriado.

Déjate besar y abrazar, que todo será más bonito.





una respuesta…

23 03 2009

- ¡Ah! No, no… no vale Marc – dijo Iñaki riéndose…

 Cada uno estaba a un lado de la mesa del salón. Tenían los músculos en tensión… dispuestos a salir corriendo en cualquier momento. Era Iñaki quién perseguía a Marc… Le quería devolver la palmada en el culo que le había dado al salir del baño, después de ducharse. Comenzó entonces una persecución por toda la casa, entre risas, tropezones…

 Pero el “listo” de Marc era ágil. Y a Iñaki le había pillado desprevenido. Marc no era dado a esos juegos en los que el contacto físico era importante. Le costaba mucho. Aunque poco a poco se iba convenciendo de que no había nada malo en ello, de que no traicionaba a nadie con ello, su educación todavía le pesaba mucho. Luchaba contra ello, pero… era una batalla todavía por ganar.

 Por eso, el ligero azote en su culo, aunque llevara los calzoncillos puestos, le había dejado sorprendido. E Iñaki reaccionó como pudo… saliendo en persecución de Marc. Dudó un poco en hacerlo. Sabía que si se extralimitaba en el juego, todo podría acabar en un rechazo de Marc. Y era algo que quería evitar a toda costa. Le amaba tanto… que aunque fuera a costa de  reprimir todas las cosas que le gustaría compartir con él, no quería que la mirada de Marc se empañara con esa mezcla de pena, de vergüenza y de miedo.

 Pero vio esa mirada de pillo en los ojos de él. Y decidió que podía perseguirle e intentar devolverle la “caricia” en el culo. Aunque de momento no lo había conseguido… para su desesperación, y el regocijo de su chico.

 - Ya verás cuando te pille.

- ¡Bah! Ni sueñes que lo conseguirás. Estás bajo de fondo. Cuando muevas un milímetro esas piernas largas que calzas, yo estaré en Marte… jajajajajaja.

- ¡Eso ya lo veremos! Que la semana pasada salí a correr un par de días… me estoy poniendo en forma…

- ¡¡Bah!! ¡¡Bahh! Mira como tiemblo… – y Marc alargó sus manos moviéndolas exageradamente.

- Ya verás…

 … y diciendo esto, se lanzó por la derecha de la mesa…  pero Marc, una vez más fue más ágil, y salió corriendo por el pasillo, y se metió en su habitación. Iñaki corrió detrás de él, haciendo ruido como si fuera un fantasma… ¡¡¡uhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

 - ¡¡Que miedo!! Iñaki el fantasma que viene – gritó Marc antes de meterse en su cuarto.

- Ya te tengo… ¡¡¡Voy a por ti!!!

- ¡¡¡Huy, huy!! ¡¡Qué miedo!! Iñaki el fantasma invencible…

 E Iñaki se abalanzó dentro de la habitación. Con sus brazos levantados, y haciendo…

 -¡¡¡uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

 Marc le esperaba apostado detrás de la puerta. Cuando Iñaki entró en la habitación, hizo un placaje contra él, y cayeron los dos sobre la cama. A Iñaki le entró la risa floja., porque además, sin querer, Marc le estaba haciendo cosquillas.

 - ¡¡Ríndete!! – gritó Marc con todo su cuerpo encima del de Iñaki.

- ¡¡Ya te pillaré!! Has abierto la guerra, Marc, verás cuando te pille…

 Marc agudizó las cosquillas a Iñaki, esta vez a posta,  y le agarró las manos por encima de su cabeza.

 - Si no te rindes, será mucho peor…

- Vale, vale… me rindo. Espero seas clemente en la victoria.

- ¡¡Quieto ahí!! – Iñaki había intentado levantarse al notar que Marc se quitaba de encima de él. Y le palmeó las piernas desnudas para hacer más fuerza en su orden.

- Vale, vale.

- Y no levantes la cabeza o tendré que ponerte una venda en los ojos.

- Bueno… ¡¡como te pones por una victoria de nada!! Ya te espero otro día…

- Cuanto más hables o amenaces, peor será el castigo… – dijo Marc, en ese tono típico de película de época, rodada en los años 50.

- Acojonado me has – susurró Iñaki.

- ¿Qué dices?

- Nada, nada, castiga castiga. – acabó diciendo Iñaki, que a estas alturas, ya no sabía por dónde le daba el aire, ni qué esperar de esa situación. Marc le estaba desconcertando.

 Marc salió un momento de la habitación, apenas un par de minutos. Cuando volvió, traía un par de botes de Nocilla. Hacía apenas unas semanas que Iñaki le había hecho un juego con  Nocilla. Hoy, era el momento de devolvérselo. Desde ese día, la Nocilla no faltaba en esa casa. A veces había sido objeto de risas, de pequeños juegos. Normalmente, además, habían tomado la costumbre de “untarla” con los dedos. Y untarla… en la nariz, en el cuello.

 -  Ahora vas a ver… ja, ja, ja.

- ¿Qué estás tramando? – Iñaki hizo un amago de darse la vuelta al notar que Marc se sentaba encima suyo, dejando su cuerpo entre las piernas.

- ¡¡Qué te des la vuelta!! – le dijo Marc, en ese todo de padre cansado de repetir al niño lo mismo 37847 veces.

- Marc…

- ¿Voy a por una mordaza? ¿Eh? ¿Eh? El otro día fui yo mejor “jugador” que tú hoy… me quedé quietecito… sip.

- Vale, vale, me rindo definitivamente. Es cierto, el otro día te portaste muy bien… aunque no estoy muy de acuerdo en que fueras el perdedor de la tarde…

- ¿A que encima te quedas sin cenar?

- Lo habías prometido… eso no entra en este juego…

- Huy, huy… parece como si tuvieras mucho interés en esa cena…

 Iñaki se estaba desesperando. Ahora sí que le desconcertaba completamente Marc. Él quería aprovechar esa cena para hablar muy seriamente con Marc. De su propuesta de hacía algunos días, y de otras cosas. Y ahora, con este juego de Marc, veía peligrar toda su estrategia del día.

 - Tranquilo – le dijo Marc, tras unos instantes de silencio – La cena estará preparada tal y como habíamos hablado. ¿Más tranquilo?

- Bueno, yo… – pero Iñaki no sabía que decir. No quería meter la pata…

- Voy a empezar con mi obra maestra.

 Y diciendo esto, abrió ceremoniosamente el bote de Nocilla

 - ¡¡¡¡¡chan chan!!!!!!!!!!!!!!!!! – gritó a pleno pulmón.

- Una rayita por aquí, otra por allá… Se me acaba la pintura…

 Iñaki iba sintiendo como los dedos de Marc se paseaban por toda la espalda. Le estaba untando todo el bote de nocilla… anda que, pensó él, dúchate para estar hermoso para la cena… y luego acaba untado de nocilla. En realidad, eso se lo decía a sí mismo como para seguir en el papel de perdedor. Porque en realidad, él sabía que, estaba tremendamente contento de que este juego de toques, de caricias que parecen casuales, lo hubiera empezado Marc, que tan reacio era a ellos. Pero esos juegos, a veces, habían acabado con mosqueos, porque nunca estaba claro el límite que tenía Marc. E Iñaki muchas veces quería seguir… Y Marc, al no poder hacerlo, se mosqueaba con él, consigo mismo, con el mundo…

 Y hoy era uno de esos días… en que jugaban, y que Iñaki no sabía cual era el límite. Era un día importante para él, por los planes que había hecho para esa noche. Y no quería joderlo. Pero por otra parte, quería disfrutar de esos roces, de esas caricias, y por qué no, de todo lo que Marc se atreviera a hacerle esa noche.

 - Bueno, bueno – dijo de repente Marc, rompiendo los pensamientos de Iñaki – Ya está acabada mi obra maestra.

- Esto… una pregunta Marc… Luego limpiarás tu obra maestra. Digo, no sé… – todo esto con voz un poco de broma.

- No, no. Tiene que permanecer así hasta mañana. No te puedes tumbar panza arriba, ni poner ninguna camiseta. Ni apoyar   la espalda en un respaldo…

- Pero…

- Ni pero ni leches. ¡¡A callar!!

- P…

- Si te portas bien y sigues mis instrucciones, a lo mejor te dejo ducharte otra vez…

- Y tú conmigo en la ducha, para frotarme la espalda… aunque yo preferiría que la quitaras con la lengua… – dijo Iñaki, probando suerte, por si colaba.

- No hijo no. Aguita y jabón. Y sin hacer nada pecaminoso en la ducha.

- ¡¡Marc!! – en tono medio ofendido.

- ¡¡Iñaki!! – en tono burlesco – Déjate de bobadas, y ahora levántate. Te voy a poner una venda en los ojos, solo un par de minutos.

- ¡¡Marc!!

- ¡Calla! ¿Qué me estás desgastando el nombre! Voy a tener que cambiarlo…

 Marc cogió un calcetín de esos de deporte, largos. Y se lo puso alrededor de la cabeza, tapándole los ojos.

 - ¿Ves algo?

- No, nada.

- ¿Seguro?

- Seguro – con voz resignada.

- No te creo – y diciendo esto, pasó su mano por delate del paquete de Iñaki, como si fuera a apretarle los testículos. Pero Iñaki no reaccionó, por lo que esto convenció a Marc de que, efectivamente, Iñaki no veía rien de rien.

 Fue hacia la mesilla, y sacó dos pulseritas de oro. Eran muy sencillas. Una simple cadena, con un enganche, y una plaquita en el medio. Cogió una de ellas, y se agachó. Intentado ni siquiera rozar la piel de Iñaki, para no darle pistas, pasó esa pulserita alrededor del tobillo izquierdo de su chico. Cuando estuvo listo, se levantó, y se le quedó mirando un par de minutos. Una mirada de orgullo, de amor, se escapó desde dentro. ¡Cuánto amaba a ese chico! ¡Cuánto estaba sufriendo Iñaki por él! Hasta cuando se enfadaban era de tanto y tanto que se amaban. No podían soportar ver sufrir al otro. Y estallaban.

 - Date la vuelta, anda – dijo Marc, saliendo del embobamiento que le había producido quedarse mirando a Iñaki ahí, de pie, en medio de la habitación, en calzoncillos.

- ¿Ya me puedo quitar la venda?

- Cuando te des la vuelta, pesado.

- Y ahora puedes mirar mi obra maestra. Dependiendo de tus halagos, cenarás o no esta noche.

- Serás…

- Y no digas palabrotas, que si no…

- Me quedo sin cena, vale, ya lo sé… ¿Puedo mirar?

- Sí, si, gira la cabeza, y verás en el espejo el reflejo de la imagen.

- Huy, huy ¡¡¡Obra maestra!! ¡¡Una maravilla!! ¡¡Es un Miró!! ¡¡Qué digo Miró!! Miró no te llegaba a la altura de los zapatos. Una…

- Una…

 Iñaki se había dado cuenta de que había escrito algo, entre tanta línea abstracta. Lo veía al revés, claro. Pero al final logró entender lo que ponía. No era que no estuviera claro… es que cuando lo leyó, se quedó pensando en su significado. Es una de esas veces en que lo entiendes, pero tu mente no procesa. Por la sorpresa, por lo que crees que significa, porque tienes miedo a que no signifique eso…

 - Parece que se te haya olvidado leer

- Marc… yo…

- ¿No sabes lo que significa?

- Sí… bueno…

- Pues eso… ¿o te arrepientes?

- No, no…

- ¿Y te quedas así?

- Bueno…

- ¿Y te quedas con esa cara de pánfilo?

 Iñaki al final, se arrancó, y se lanzó hacia Marc. Le abrazó, y le levantó del suelo, dejándole en el aire. Aprovechó Marc, para rodearle la cintura con sus piernas, y besarle en los labios. Primero besos pequeños. Cortos. Con los labios cerrados. Luego fueron alargándoles, abriendo los labios, jugando con sus lenguas…

 De repente, Iñaki se separa apenas un palmo de Marc…

 - ¿Estás seguro?

- Sí… quiero. Sí. Quiero casarme contigo.

- Pero, vivimos en ciudades distintas. A miles de kilómetros.

- Será difícil. Tampoco nos tenemos que casar mañana. Podemos esperar unos meses. Pero quiero estar comprometido formalmente contigo.

- Y…

- Sí, es difícil. Somos jóvenes. Tú estudias, y quiero que lo sigas haciendo. Y yo, puede que este año o al siguiente, vuelva a estudiar. Pero creo que mi familia nos apoyará. No tendremos problemas de dinero… si además apartas un poco ese orgullo tuyo, y me dejas pagarte alguno de los viajes al menos, o algunos de tus gastos.

- Sabes…

- Calla, eso me da igual…

 Se callaron unos segundos. Pero ni Marc hizo amago de bajarse de los brazos de Iñaki, ni este hizo ningún movimiento tendente a dejar en el suelo a Marc.

 - Creía que me ibas a decir que no.

- Es que la pregunta se las traía… ¿quieres casarte conmigo?

- Pues fíjate que fácil la respuesta: Sí quiero.

- Si te hubiera contestado al instante, no hubiera sido importante la decisión.

- Pero parecía que no querías…

- No, al revés. Pero sabes… sabes que ahora mismo sigo siendo un poco carga. Tengo tantos problemas, tantas comeduras de coco…

- Eso sabes que…

- No te enfades… ya sé que me amas, que eso no es ningún problema para ti, que llevas 4 años junto a mí, dándome la vida. Pero tú no quieres que te pague el avión, por orgullo, y yo también tengo el mío. Yo sé que quieres cosas que no te he podido dar. Y que no estoy seguro de poder dártelas. Yo…

- Pero vamos avanzando..

- Sí, pero ahora tú, siguiendo con este juego, querrías acabar sobre esa cama, Con nuestros m…

- Eso es una bobada – estalló Iñaki, ahora sí obligando a Marc a poner los pies sobre el suelo. Pero Marc no soltó su cuello…

- No es nada malo, no te enfades. El sexo es un medio estupendo de demostrar el amor. Pero, yo sabes que tengo que esforzarme por romper esas murallas que levantaron en mi mente. Hemos avanzado mucho… Pero si tú estuvieras con otro chico, estarías todo el día…

- Yo no quiero estar con otro…

- Ya lo sé… no distorsiones lo que quiero decir.

- Vale. Pero yo… puedo esperar…

- Ya lo sé.  Pero la pregunta para mí era… ¿Quiero que Iñaki se obligue a cargar conmigo? ¡¡chssss!! – le dijo poniéndole la mano en la boca, cuando vio que él quería interrumpirle – ¡¡calla!! ¡Déjame seguir! … ¿Quiero que se sacrifique… más de lo que ha hecho por mí? Y sí… al final, por razones puramente egoístas, he llegado a la conclusión de que sí… .quiero.  Porque quiero vivir. Quiero poder amarte plenamente. Quiero poder tener sexo con un hombre sin sentirme mal. Porque sino, no podré seguir viviendo. Y porque será la victoria definitiva. No quiero seguir viviendo sino es con tu amor.

 Iñaki volvió a abrazar a Marc. Se le habían saltado las lágrimas. Le amaba. Sí. Pero era también un amor que a sus 20 años, le había puesto a prueba muchas veces. Que le había puesto al límite casi cada día. Frente a sucesos, a problemas que no sabía como afrontar. Y nadie a su alrededor le podía ayudar… porque nadie sabía tampoco como hacerlo. Y él no era muy dado a pedir ayuda, tampoco.

 Le amaba… le amaba con todo su ser.

 - ¿Entonces te casarás conmigo?

- Sí, me casaré. Aunque dejamos la fecha sin marcar. Pero que sepas que tienes un compromiso conmigo.

 Y diciendo esto, se separó, y señaló al tobillo de Iñaki. Y señaló su cadena.

 - ¡¡Ohhhhhh!! Marc…

- Hoy tartamudeas mucho… – se mofó Marc.

- Es que hoy vas de susto en susto… pero…

- Calla, y ponme la mía…

 Y le tendió una pulserita igual que la que tenía en el tobillo puesta. Cogió la plaquita, a modo de pequeño colgante, y vio que tenía una inscripción: Iñaki – Marc 15-04-2009. Se agachó y le ató la pulserita en el tobillo izquierdo.

 - Ya está firmado.

 Marc cogió la mano de Iñaki, se la abrió. Puso su palma hacia arriba… .y sin dejar de mirarle a los ojos, se la fue acercando a su boca. Cuando la tuvo a escasos centímetros, alargó sus labios, y se la besó. Uno, dos, tres…veces.

Iñaki era en ese momento, el hombre más feliz del mundo. No podía ocultar en su cara la satisfacción, el orgullo y el amor por Marc. Y más cuando podía comprobar que, a lo mejor no era verdad que fuera el hombre más feliz… porque Marc, su chico, rivalizaba en felicidad.

 - ¿Nos duchamos? – Propuso Iñaki.

- ¿Juntos? – dijo con voz insinuante Marc.

- Por supuesto.

- Lo malo es que no me dará tiempo a preparar la cena.

- No hay prisa. Tenemos toda la noche..

- ¿Jugaremos con la espuma?

- Jugaremos a lo que quieras…

- Y así nos quitamos la Nocilla, que al abrazarme, mira como te has puesto..

- No importa. A lo mejor te dejo comerla de mis brazos…

- Bueno, bueno… vamos… ¡¡¡vamos!!!!

 Y sin más, Iñaki alzó a Marc, le cogió en brazos, y entraron  así en el baño.

 

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Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





Un dibujo… para Iñaki y Marc.

8 03 2009

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Iñaki y Marc. Son dos de los personajes de las historias de este blog.

Son… maravillosos. Porque de gente insoportable y mala, ya está el mundo lleno. Aquí contamos historias de gente interesante, especial, agradable. personas a las que podamos querer.

Este dibujo para ellos. Para que mañana brille el sol. Y ningún pajarraco haga que sus rayos os dejen de dar calor.

Iba a enrrollarme… pero creo que no toca.

Otro día, y quizás, en otro lugar.

Déjate Marc, besar, abrazar y amar… que todo será mucho más bonito.