Un dibujo… para Iñaki y Marc.

8 03 2009

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Iñaki y Marc. Son dos de los personajes de las historias de este blog.

Son… maravillosos. Porque de gente insoportable y mala, ya está el mundo lleno. Aquí contamos historias de gente interesante, especial, agradable. personas a las que podamos querer.

Este dibujo para ellos. Para que mañana brille el sol. Y ningún pajarraco haga que sus rayos os dejen de dar calor.

Iba a enrrollarme… pero creo que no toca.

Otro día, y quizás, en otro lugar.

Déjate Marc, besar, abrazar y amar… que todo será mucho más bonito.





… esa noche…

28 11 2008

Entró en la habitación.

Su chico seguía en la cama, tumbado mirando al techo. Se le quedó mirando un rato. Cuando se quiso dar cuenta, una sonrisa boba se instalaba en su cara. ¡Cuánto quería a ese chico que estaba ahí tumbado!

Al final se acercó a la cama. No hacía mucho calor en la casa, y estaba desnudo. Empezaba a sentir frío.

Su chico se fijó en él. Le sonrió mientras le veía acercarse. Dejó en la mesilla la bandeja con los dos vasos de zumo que había traído. Puso una rodilla en la cama y se inclinó sobre su chico para darle un suave pico. Le miró a los ojos. Eran unos ojos maravillosos. Marrones. Profundos. Picaruelos. Le encantaba perderse en ellos.

Levantó el nórdico y se metió dentro de la cama. Nada más hacerlo, su chico cambió de posición para acomodarse y poder apoyar su cabeza en su pecho. Le dio un beso en la cabeza.

- ¿Te gustó?

Su chico levantó la mirada… y no hizo falta que le contestara con palabras. Le había gustado. Hoy se había amado de forma distinta. Había probado otras cosas que no se había atrevido a hacer antes. Habían tardado todo el tiempo del mundo. El cuerpo de su chico le volvía loco. Y hoy se había entretenido en recorrerlo con su lengua, con sus manos… suavemente… varias veces. Incluso en esos rincones donde nunca se había atrevido a llegar. Hoy sí lo había hecho. Y su chico hizo lo mismo con él. Recordaba todavía su lengua en sus pies, como le mordisqueo suavemente cada dedo, como les chupó como si fuera ha sacar zumo de ellos. Y como siguió subiendo por sus piernas. Un rato la derecha, otro la izquierda. Como le había girado despacio y había jugado un rato en la rodilla, por detrás. Con su lengua. Cómo había seguido subiendo, despacio… a su chico también le gustaba su cuerpo… como llegó a su culo… y como poco a poco, dando rodeos…

- ¿Y a ti?

- ¿Tú que crees?

Se agachó un poco, y le dio otro pico. Pero su chico no se conformó. Y siguió otro, y otro… al final el último se convirtió en un beso pasional… largo, lento, profundo. Jugando con sus lenguas. Recorriendo cada una de ellas los labios del otro. Cambió de posición y se puso a su altura. Le rodeó con sus piernas. Juntaron más si cabe sus cuerpos. Sintiendo sus respiraciones. Sintiendo como sus miembros iban incorporándose al juego.

Paró un instante. Se separó unos centímetros. Quería ver otra vez esos ojos marrones. Quería perderse otra vez unos instantes en ellos. Quería sentir otra vez, quería escuchar otra vez… como esa mirada le decía… te amo.

Y lo vio. Y lo escuchó. Sin palabras.

Y volvió a acercarse. Volvió a besarle. Volvió a sentir su respiración. Y de repente, le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, al pensar en un instante, como le amaba, como le deseaba, como se enorgullecía de él. Y en recordar la suerte que tuvo, cuando el azar, hizo que se encontraran aquel día, entre todo ese grupo de gente. Que se miraran. Que hablaran. Y que al cabo de unos días, se dieran ese primer beso.

Los zumos siguieron en la mesilla durante toda la noche. Al lado de las gorras. Ninguno se volvió a acordar de ellos.

——–

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.