Hacía frío…

31 07 2009

Era noche cerrada. La calle estaba vacía.

Esperaba bajo una de las farolas de la calle. Justamente la que estaba al lado de la tienda de ultramarinos.

Hacía frío.

El hombre se subió los cuellos del abrigo. No llevaba bufanda, y seguro se estaba arrepintiendo. Metió sus manos en los bolsillos. Sacó el paquete de tabaco y eligió cuidadosamente uno de los cigarrillos. Parecía que había echado a suertes el cigarrillo que ha escogido. Lo encendió con su Zippo. Aspiró esa primera calada, como si fuera posible que esa calada le calentara el cuerpo. O al menos el espíritu.

Hacía frío. Mucho frío.

Empezó a andar con pasos muy cortos. Necesitaba mover las piernas. Los pies, empezaban a congelarse.

Miró una vez más a la casa. No había cambios. Ninguna luz, ningún signo de vida.

Dio la espalda a la casa a la vez que la última calada al cigarrillo. Tiró al suelo la colilla, y la pisó para apagarla.

Levantó la mirada al cielo en una silenciosa súplica. Implorando una respuesta a sus dudas, a sus preguntas. Un gesto. Algo que le permitiera pensar que no se había esfumado repentinamente por lo que había llorado tantas y tantas noches.

Hacía frío. Mucho frío.

Sin percatarse de ello, se había echado la niebla.

Escuchó un ruido. Una puerta cerrándose. Giró su cabeza rápidamente, y les vio. Dos chicos bajaban  las escaleras. Llevaban la cabeza tapada con gorras. Eran ellos.

Ni siquiera se dieron cuenta de que el hombre estaba en la acera de enfrente. Giraron a la izquierda, y se fueron en dirección contraria.

El hombre intentó seguirles, pero algo impedían a sus piernas empezar a andar. Intentó gritarles, llamar su atención, pero no podía. Le recordaba una película de Buñuel, “El Ángel Exterminador”. En ella, los invitados a una cena, no pueden abandonar la casa del anfitrión, sin que hubiera un impedimento físico. En este caso, el hombre de los cuellos subidos, no podía correr detrás de los chicos de la gorra. No podía llamar su atención. Algo se lo impedía. Como si estos, no le fueran a escuchar. O como de llamarles, se esfumaran en la noche. Se convirtieran en volutas de niebla.

Allí se quedó el hombre. Mientras ellos se alejaban. Intentó fijarse si se cogían de la mano, si sonreían. Pero nada pudo percibir. El hombre lloraba de desesperación. Una parte de su corazón se iba con los chicos de la gorra. Las lágrimas, la preocupación, todo lo vivido, lo sufrido, lo imaginado, lo sentido, se iban con ellos.

Ya no les veía. Se habían perdido. Los chicos de la gorra se habían perdido calle abajo,  en la noche, en la niebla. Ya no era capaz ni de imaginarles.

Hacía frío. Mucho frío. Hasta las lágrimas que sin poder evitarlo habían caído por su rostro, eran frías, casi eran hielo.

El hombre giró y se fue calle arriba. Metió sus manos en los bolsillos, y subió los hombros para intentar tener más calor. Estaba helado. Iba preguntándose si algo había merecido la pena. No encontraba una respuesta.

Hacía frío. Había niebla. Era de noche. Nadie había por la calle. Solo el hombre de los cuellos subidos.

——–

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





… y olwen me dio un premio…

17 05 2009

Fue toda una sorpresa. No me lo esperaba.

olwen para cafe para dos

Este es un blog pequeño, un blog en el que escribo muy espaciado en el tiempo. Es un blog que no tiene apenas lectores. Es un blog donde escribo historias, y a veces algunos pensamientos desordenados, siempre con una taza de café humeante en la mano, y un cigarrillo, también humeante en la otra. Siempre pongo dos tazas: una para mí, y otra para el lector que en cada momento esté leyendo.

Y yo creía que apenas tenían interés las historias de café para dos.

Olwen piensa distinto. Y me ha dado un premio.

Yo lo recojo con gratitud y emoción. Espero que los nervios no hagan que me tropiece y me caiga en medio del escenario.

Parece ser que debo dar también unos premios.

Se lo daría a Olwen, aunque suene a conchaveo. Se lo daría por esas ganas de vivir, esa paz que casi siempre desprenden sus palabras.

Se lo daría a Adrián. Se fue. Pero es de esas personas que siempre están ahí, es una de esas personas que marcan a la gente que le conoció, y a la que no tuvimos ese placer. Me abrió la puerta a un mundo completamente desconocido. Un mundo que creía que no existía en el siglo XXI.

Se lo daría a chiquitín. Por esas historias que marcaron su vida, por tener valentía y salir adelante. Y por saber romper con todo, para intentar buscarse a sí mismo. Por ser tan bueno en lo suyo. Por ser un maestro.

Se lo daría, como no a Marc. Es uno de mis personajes. Para mí es como si fuera real. Como si mañana le fuera a ver y me dejara, mientras le doy el abrazo de saludo, y los cien besos de la abuela que le tocan, me dejara bromear con él y quitarle la gorra. He llorado con él, he pasado noches sin apenas dormir, por él, y ahora me tiene un poco preocupado por esa cabezonería de la que a veces hace gala. Tendré que aporrear el teclado para darle una colleja. Pero me ha enseñado tantas cosas, tantas…

Se lo daría a Iñaki. Iñaki el fuerte. Es otro de mis personajes preferidos. Cuando escribo sobre él, hay muchas cosas en su personaje que pongo de mí mismo. Por eso a veces le entiendo tan bien. Es orgulloso, como yo, es entregado, como creo que soy capaz de ser yo. Ama como pocos son capaces de hacerlo… yo creo que no podría llegar a ese extremo. Calla las cosas que le atormentan, para no preocupar a nadie. Pero como todos, estalla. Y cuando se estalla así, a veces no se elige el momento. Como yo. Me tiene preocupado también este personaje. No sé que hacer con él, no sé si abrazarle, si invitarle a un café, darle doscientos besos de abuela, colgarme de su cuello, o darle una patada.

Se lo daría también a Valle. Que difícil es encontrar amigos así. Que sean capaces de hacer el ridículo, solo para que sus amigos se arreglen. Iñaki y Marc, no saben lo que tienen… aunque a veces no acierte.

Se lo daría a canalla. Es impresionante los kilos de ternura que se disfrazan en su escritura dura, brusca. Una escritura que traspasa. Que no deja indiferente.  Sin él, a parte, no existiría café para dos. Me engañó como a un bobo. como diría aquél, a cada uno lo engañan como lo que es. Lo bonito que tiene este premio es que no se va a enterar nunca de que se lo doy.

Y se lo daría a Mafer. Mafer, está muy lejos. Con océanos de por medio. Me ha acompañado en momentos duros. Me ha querido, sin merecerlo. Y me ha enseñado muchas muchas cosas. Cuando pienso en alguno de los problemas de Marc, pienso en como los solucionó Mafer. Mafer también me ha enseñado muchas cosas. me ha enseñado como se superan dificultades que, si no nos tocan cerca, pensamos que son ficción.

Se lo daría a Néstor. También he llorado con él. También me ha dejado alguna noche sin dormir. Pero quizás, esa forma de amar que tiene, me llama la atención… me subyuga… me da envidia.

Se lo daría a Alex. El papo. No creía que había gente así. Y no creas que, a veces lo pongo en duda, y pienso que es un sueño, o que es un personaje de un libro que me estoy imaginando para escribirlo algún día. No podía imaginar antes de saber de él, que, hay gente buena, que hay gente que abraza a quien lo necesita, que acoge en su familia, en su seno a quien cree que se lo merece. Da igual los problemas que traiga. Da igual el dinero. Y todo con abrazos, con cariño, con entrega…

Todos estos premiados tiene algo en común. Son gentes fuertes, son personas que se entregan a la gente que quieren. Que superan dificultades. Que son valientes. Todas estas cualidades, las admiro. Quizás, porque yo no las tengo.

No voy a cumplir con la condición de ir a sus blogs y avisarles. Me daría vergüenza.

Olwen, Chiquitín, Iñaki, Marc, Valle, canalla, mafer, néstor, alex. No os olvidéis que, si os dejais besar y abrazar, todo será, mucho, mucho más bonito.





… el chico de la farola…

11 03 2009

Hoy…

Hoy es un día para recordar. 11 de marzo. Hace 5 años, iba a trabajar. Me llamó la atención en un bar por el que pasé camino del autobús, que todo el bar estuviera mirando a esa hora al televisor. Pero… no le di importancia.

Bajé del autobús. Entré en uno de los bares en los que tomo café antes de ir a trabajar. Y todos miraban el televisor. Había mucha gente, y no se escuchaba el sonido. Miré de refilón, y vi las imágenes de unos trenes que parecía haber tenido un accidente.

Me volví a mi café. Un cortado, como siempre. Mi primer cigarrillo del día.

Aspiré el humo de la primera calada. La gente seguía mirando al televisor. Algo me llamó la atención de esas miradas. Eran como de estupor, de incredulidad.

Me volví a mirar la tele otra vez. Primero pensé que el accidente era en algún sitio indeterminado del mundo. De repente, me fijé que eran unos trenes de RENFE. Me fijé un poco más… y percibí que no podía ser un accidente.

En toda la mañana no conseguí hacer nada, más que buscar en Internet la última información. Las imágenes. El por qué. El cómo.

Vi fotografías. NO… no se publicaban fotos demasiado duras. No hacía falta.  Pero una foto de un chico apoyado en una farola… no tenía heridas graves… pero al ver su mirada perdida… su estupor… me sobrecogió. Me oprimió el alma.

Esa foto se hizo más o menos célebre. Es que indicaba tantas cosas ese chico… Ese chico representaba lo que sentíamos todos esa mañana. Lo que sentimos durante todo el día.

Porque es difícil hacerte a la idea de que, lo que estás mirando en la tele, en el ordenador, lo que te cuenta la  radio, es cierto… y no es una representación a lo Orson Welles de “La Guerra de los Mundos”.

5 años después, no sé si hemos avanzado. En cualquier otro lugar, eso hubiera unido a todos. Aquí no. Aquí cada uno sigue haciendo la guerra por su cuenta. Unos, siguen con conspiraciones. Otros, que si están enfadados por no sé que comisiones. Unos que si con éste no me hablo. Otros…

Me siento en mi butaca orejera. Un café. Cortado como siempre. Un cigarrillo. Lo enciendo. La primera columna de humo se pierde en lo alto del salón. Solo la luz de una pequeña lámpara alumbra la habitación. Apenas distingo el cuadro de enfrente. Veo esa foto otra vez en mi mente. Y no puedo dejar de sentir otra vez, la misma angustia que ese día. El mismo estupor. La misma rabia. Me gustaría hoy, poder dar un abrazo a ese chico de la farola. Y decirle que, hacerle sentir que… todo va a salir bien.

 

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 





¿Todo será igual?

13 01 2009

No sabes cuando. Ni por qué. No sabes cuando conoces a alguien que te va a deparar. Cual va a ser la relación que vas a tener con él. Si seréis amigos, o sencillamente tomaréis un par de cafés a lo largo de un año.

 

Un día conoces a alguien. Empiezas a hablar. Empieza a hablar. Otro día, un día más. No está cerca en km. Pero está cerca de otras formas. Y sin querer, os convertís en amigos. Confidentes. Él es tu báculo. Tú eres su báculo.

 

Un día él decide irse lejos. Un poco de huida, un poco de aventura. Algo que si no lo hace, se quedará siempre con las ganas, con la duda. Y lo hace. Se va a vivir a otra ciudad, a otro país. Muchos nervios, mucho miedo.

 

Y desde el día que conoces su decisión, empiezas a echarle de menos. Todo se hace más difícil. Más distante. Él es el que se va, el que tiene que hacer y preparar muchas cosas. Él es el aventurero. Los que nos quedamos… pues ya está. Nos quedamos.

 

Nos quedamos a echar de menos. Nos quedamos sin poder cubrir el vacío. Y nos quedamos sin que nadie nos consuele. Él es el aventurero. Él tiene su aventura. Hay que alegrarse por su aventura. Alegrémonos pues. Deseemos que todo vaya bien. Alegrémonos.

 

Pero a mí, esta vez, me apetece estar triste por mí. Por una vez, no me apetece alegrarme por los demás. En la sombra, en la incomprensión, me apetece quedarme triste. Y echar de menos.

 

Luego, todo será igual, me dice. Parecerá que no ha pasado el tiempo, me cuenta. O no. O nada será igual. O quizás sí será igual… pero ¿igual a qué? ¿Igual a cuando? Porque hay muchos qué, y muchos cuandos.

 

Me apetece estar triste. Que otros se alegren por él.

 

 





…de agendas llenas…

11 12 2008

Hace aire.

Y sol.

Esta terraza frente al mar. Este café hace ya un rato dejó de humear. Pero sigo dándole vueltas.

Gafas de sol. Mi mirada perdida en el horizonte. Un barco sale del puerto. Toca su bocina ronca y potente. No puedo verles, pero siento a los pasajeros en la popa del barco saldando a sus amigos y familia en el puerto. Como si pudieran ya verles. Salvo el del jersey rojo chillón.

Enciendo otro cigarrillo. Sin perder de vista al barco que se aleja. Ya casi es del tamaño de una cáscara de nuez. ¡Adios! ¡Adios! ¡Hey! ¡Allí está tía Enriqueta!

Despedidas. La antesala de los recuerdos. Los análisis. Los pensamientos. La nostalgia. El descanso.

Otra calada. Exhalo el humo. Se diluye en la brisa, que es una forma poética de llamar al viento que se lleva hasta los recuerdos.

Una reunión de amigos. Charlas por aquí. Risas por allá. Algunas confidencias. Consejos. Muchos amigos. Amigos. Amigos a los que contamos nuestras cosas. O no. Amigos que nos ayudan. O no. Amigos a los que apoyamos. ¿Sí?

Es posible sentirse solo y desvalido rodeado de personas. Incluso si estas nos quieren de verdad. Es posible que, por mucho que queramos, no encontramos a quien contarle eso. O aquello. Algunos piensan que no sirve de nada. Yo creo que suele servir de mucho. No van a encontrar nuestra respuesta. Esta, la nuestra, la tenemos dentro. Pero muchas veces no la encontramos. A veces, al hablar, al escucharnos a nosotros mismos contar eso, quizás escuchemos a la vez la pista que nos llevará a encontrar nuestra respuesta. O puede que no suceda. Pero el peso que llevamos sobre nuestros hombros, compartido, es más llevadero.

Otro sorbo de café. Está ya helado. No, no era café con hielo. Sí, sí estaba caliente. Humeaba cuando el camarero, el de la sonrisa bonita, el de la cara más bonita, el del cuerpo todavía más bonito, me lo trajo.

A veces he pensado que no hace falta nadie nuevo en mi agenda. Pero quizás, sin pensarlo, o pensándolo mucho, si los que están no pueden cumplir alguno de nuestros anhelos, de nuestras necesidades, quizás digo, no sobre algún nombre nuevo. Quizás ese sea el que nos ayude a ver el sol a través de las nubes. Aunque el desazón, aunque el desaliento anide en nuestro espíritu. Sobre todo si lo hace en esa habitación que no enseñamos ni a los que más queremos. Y les queremos de verdad.

Pago el café. Sonrío al camarero de la sonrisa bonita. Me trae el cambio. Y yo con pena, me levanto y me voy, Con un nuevo cigarrillo encendido. Y mis manos en los bolsillos.

Hace frío.

Ya no hace sol.

Y estoy helado.





… de alcohol, petas, personajes e historias… ó ¿semos ó no semos?…

23 10 2007

Me he levantado esta mañana.

En realidad solo hace unos minutos. Porque madrugar los sábados es cosa de pobres. Ahora que lo pienso, tengo algo de eso, de pobre. Pero un día, es un día.

O madrugar los sábados y domingos es cosa de pirados.

Me he quedado pensando un rato al respecto, y he de confesar que también, tengo algo de pirado. Pero un día es un día.

Es demasiado pronto para rodearme de esa cortina de humo que tanto me gusta. Que disimula mis rasgos, que distorsiona la realidad que me rodea para poder aprehenderla de una forma distinta. Tiene mi cortina de humo la misma función y los mismos efectos que un proceso de descomposición de la luz.

Pero mi garganta me indica que es mejor dejarlo para un poco más tarde. Con el segundo pelotazo de la mañana. Si no llego al segundo pelotazo, porque por alguna casualidad de la vida, no hay ni siquiera primer pelotazo, ya cambiaremos los objetivos sobre la marcha, que para eso siempre, siempre, hay tiempo.

Y como no tengo esa “mi protección”, veo las cosas a mi alrededor y estoy preocupado. El primer punto que me preocupa es si el último whisky de ayer era de garrafón (cuestión esta que, tampoco tiene mayor misterio… era directamente alcohol de quemar) o que me pasé con la ración de hierba.

Y luego ya, después de haber decidido que estoy fatal, y que la noche de ayer tiene muchos claroscuros, en lugar de pasar por la prensa digital, me doy una vuelta por la blogsfera, que es como una esfera de blogs, o algo así. Veo chicos que necesitan un empujón, que necesitan una palabra de apoyo, que vean que no están solos. Y siguen solos.

Luego me acerco a otros blogs. Compruebo que el tema de la semana es un chico que se hacía pasar por quien no era. Se creó una personalidad ficticia. Nada nuevo. Posiblemente un nombre que no era el suyo. Predecible e imaginable. Y a lo mejor se alargó el pene unos centímetros. El mundo está lleno de pollones. Y presumía de pijo. Pues fíjate. El caso es que este chico, se convirtió en el rey de chueca. El tercero más leído. Y eso que el nombre de su blog es francamente impronunciable. A lo Mary Poppins y su supercalifr…

Todos parece que hablaban de él. Muchos le comentaban con delectación. A esos el suelo que pisaba, era digno de ser besado. Iago decía que la mierda era buena para el colesterol, y algunos hacían racioncitas para tomar por la mañana en ayunas. Y tenía otros que, lo único que les apetecía es que se tirara desde un barranco. Y se lo decían, sí. De la forma más directa y ruda posible. Con formas que, hacen que, siempre pierdas la razón. O sea, la típica pelea de gallitos, o de egos. Pero todos estaban pendientes de él. Los aduladores que pensaban que con ellos sería distinto y el personaje este caería en las redes de sus encantos, léase un más o menos meteisaca, o un café en La Lupe, y los que ya habían comprendido que, el personaje, iba a seguir siendo personaje, y nunca persona. En el camino hubo heridos. Algunos graves. Hubo algunos a los que enamoró. Sabiendo que, ese amor nunca pasaría de la pantalla. Y cuando te enamoras y ni siquiera quieren conocerte, parece que se rompe algo dentro de uno. Y alguno se rompió.

Y va uno y pone en su blog, que este personaje es un personaje. Que si no es, que si no tiene, que si no, que si no, que si no,… Pero ¿dónde están los es… es… se llama…? Confidencialidad. Peligro de meterse en problemas. Así, cambiamos un personaje por un relato. Algo me gusta de su gesto: lo hace por defender a un amigo. Uno de los heridos por las flechas virtuales. Recuerdo una vez que yo no fui capaz de hacer lo mismo con la misma contundencia. Por eso tiene mi respeto. Pero de momento, no deja de ser un personaje destapado por una historia. Igual de irreales los dos. Igual de dañinos los dos.

Y todos van a hacer leña del árbol caído. ¿Hay algún placer mayor que pisar al ídolo de ayer? Los que hasta hace unos días aplaudían sus post sin apenas leerlos, ahora le apedrean. Todos se unen al linchamiento. Todo vale. Los insultos, las malas formas, el chabacanismo. Todos levantan las banderas de aquellos caídos en la lucha. De los que enamoró. Seguro que todos ellos, lo de las banderas, en su momento, escribirían estas mismas opiniones en sus blogs. O en algún comentario. Seguro que los heridos, recibieron en su momento esos apoyos incondicionales. Y sus amigos, esos, los de banderas, dejarían de visitar y escribir en el blog de Iago. ¿O es que entonces todavía Iago estaba en la cumbre?

Y ahora echo de menos a los amigos de Iago. ¿Dónde están? ¿Por qué no escriben intentando poner otro punto de vista? Al fin y al cabo, presumían de ser sus amigos. ¿O era por que tenían ellos mismos esperanza? ¿O será miedo?

Y luego llega el otro tema. Un científico. Premio Nóbel. Ha dicho que, un día se demostraría que los negros son genéticamente más tontos que los blancos. Eso estaría bien, así, las madres que vayan a tener un niño negro, al saber este dato y comprobar que van a ser menos listos, podrían abortar. Igual que, según el mismo científico, podrían hacer las madres de los que vayan a ser gays. Por eso de los nietos, y las caquitas que se iban a perder como abuelas.

Me voy a por un pelotazo. O los dos que me hacen falta para esconderme detrás de mi cortina de humo favorita.

Me duele la cabeza. El último vodka de ayer, me sentó fatal. ¿O fue Whisky? Oigo en mi cabeza lloros. Y risas. No distingo si los lloros son de los heridos por las flechas, o del personaje. No distingo si las risas son del personaje, o de los lapidadores.

Y mejor, creo que, el lunes, o el martes, o el miércoles… colgaré este post, cuando se me pase completamente los vapores del barril de ron. ¿O fue vodka? No vaya a ser que me equivoque, y lo cuelgue en el blog del fantasma de la ópera.

Mamá, ¿hubieras abortado de saber que iba a ser gay y gustarme la Ginegra? Ains, que mala es la hierba. Sobre todo si la ha pisado una vaca.

Dejaos besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





¡qué más da cómo lo titule!… al final habla de lo mismo…

11 08 2007

Habrá que hablar de otras cosas.
La mente debe relajarse en algún momento.
Aunque cueste.
Aunque mientras paseo por cualquier calle, de camino al trabajo, o de vuelta a casa, mis pensamientos me lleven siempre, irrenunciablemente a sitios oscuros. Y no a cuartos precisamente.
Pero la mente me lleva al dolor. Me lleva a recordar los momentos de dolor del pasado, cuando mi madre murió, y piensa que el mismo final cercano le espera a mi padre. Se me pasa por la cabeza que, nunca ha sido fácil la relación con él. Y lo será más difícil seguro.
Pero también me lleva la cabeza a mi familia. A que trato tendremos cuando el muera. Siempre he pensado que, es lo único que nos une. Cuando él falte, el contacto se perderá. Y lo malo es que tampoco lo voy a echar de menos. Y esto me lleva a pensar que, si se suele decir que, la familia es lo que queda siempre… ¿A mí que me va a quedar?
Podría aparecer el chico de mi vida. Sería buen momento. Pero ayer, hablando con un amigo, me di cuenta, con los razonamientos que se aplicaba a él mismo, con lo que quería él mismo, que no lo voy a encontrar. No soy atractivo, no tengo nada especial, ni sé ni me apetece entrar en el juego de los perfiles… podría encontrar a alguien que no me llenara… ¿y me tendría que conformar? Sus razonamientos me indicaron lo que iban a pensar cualquiera de los que me podrían conquistar. Es curioso, pero hasta los que dicen no buscar un hombre guapo y escultural, sino que quieren algo más, en realidad lo que quieren es alguien guapo y escultural. En los cánones de cada uno, pero atractivo. No vale el irse conociendo. El cariño que crece. El amor que aparece. Las ganas de vivir juntos y compartir hasta la mierda. Podría ser que esto pudiera llegar… pero como lo negamos de antemano… es preferible a un mete y saca de cuatro meses con alguien estupendo de cuerpo, hasta que nos demos cuenta que, por mucho que queramos, su polla y su culo no nos alegra el alma, no nos hace sentir bien. acompañados. Mimados. Pero da igual. A ese lo sustituiremos por otro igual. Porque no estaremos receptivos a cualquier otra posibilidad. Me di cuenta que… es de noche. Sin luna ni estrellas. Y el amanecer murió antes de nacer.
O podría hacen algunos… conformarse con el primero que parezca interesado. Lanzarme a sus brazos… y así crear una familia. Pero eso es triste… más triste que estar solo.
Conquistar. Ganar. ¿todo se reduce a eso?
Hoy siento que he perdido. Siento que sigue siendo de noche. No veo clarear en el horizonte.
Hoy siento que, marcar cualquier número de teléfono me costaría la vida. Mandar un mail un trabajo inconmensurable.
Perder. Eso es lo que toca.
Y comprobar que, muy a mi pesar, me parezco en las cosas que detesto, a mis padres.
Y comprobar que, no tengo ganas de nada.
Y comprobar que, había que hablar de otras cosas, pero al final hablo de lo mismo. De noche y oscuridad.
Y comprobar que, soy deprimente.
Y comprobar que, esto es una mierda.

Hay que hablar de otras cosas.
Habrá que escribir algo alegre. Echar unas risas.
Pero creo que, eso deberé dejarlo para mañana. O pasado.

Y eso que no he hablado aquí, que ayer vi a mi amiga, la que también tiene cáncer. Y me hundí en la miseria.

Hoy ni me apetece abrazar ni besar. O puede que me apetezca, pero no lo haga, por si siento ese respingo de rechazo. Rechazo no consumado por la educación y buenas maneras.

Pero tú… sí tú… no me hagas mucho caso… y déjate besar y abrazar, que será todo mucho más bonito.





… y el mismo café cortado sin leche de humor…

2 08 2007

Mnl me da la excusa perfecta para darle vueltas al café hoy.

 Es un café de mañana, un pequeño descanso en el agobio del trabajo. ¡Qué bien me vendo! ¡Como nadie! Menos mal que nadie me puede llevar la contraria en lo del agobio del trabajo, así me vendo mucho mejor…

 Y para venderme mejor… el agobio del trabajo ha convertido el café de mañana… en café de tarde.

 El humor.

 Un sorbito de café. Ya sabéis, cortadito con una miaja de leche.

 El otro día, en mi último café, tocó una gotita de leche humorística. Imaginé una historia. Una historia que implicaba que, un padre homófobo, que había rechazado a su hijo por gay, de repente, salía del armario. Dejaba a su mujer. Y se encaminaba a legalizar una relación con otro hombre.

 Enciendo un cigarrillo. Mi cortina de humo.

 Y nos reímos con la historia. David por los suelos del susto. Mnl nos recordaba en un comentario que, esta situación no es tan rara. Y que vivirla no tiene ninguna gracia. Todavía hay muchos hombres y mujeres homosexuales que están casados. Que se casaron porque no creyeron ver la posibilidad de vivir como su condición sexual les indicaba. O para disimular y acallar rumores. O porque se lo negaban. O porque no podían estar solos, y ante la posibilidad de poder vivir con otra persona de su mismo sexo, buscaron una solución en un matrimonio tradicional. Y no ya viven ellos una mentira, sino que meten en su mentira a su mujer y a sus hijos.

 Doy vueltas al café. Un sorbito. Cierro los ojos y paladeo su sabor. Una calada.

 Me meto en la piel de esos hombres. Perdonadme, soy hombre, y me cuesta menos. Y siento el miedo que lleva a tomar esa decisión. Siento dentro de mí,  la presión que había, y aún hay en algunos ambientes contra los homosexuales. El desprecio. El rechazo. O la agresión. El miedo ciega. No ves otra salida. Recuerdas esa chica que te sonríe por las mañanas en la parada del autobús. Esa compañera de trabajo. Esa amiga de toda la vida y que está enamorada de ti, pero a la que nunca has hecho caso, en ese sentido, porque eres gay. Y un día la empiezas a hacer caso. Y un día la sonríes de esa forma en la que se sonríe para conquistar. Un beso en la mejilla. Un piquito. Las lenguas entran en juego. Pedida. Boda. Invitados. Corbata en trozos. O calzoncillos. Liga de la novia. ¡¡Vivan los novios!! Noche de bodas. El alcohol… una buena disculpa. Luna de miel. Te concentras, piensas en tu compañero de cuarto en el colegio mayor, y… cumples. Así se llama, así se dice, cuando se trata de una obligación. Y la quieres, nadie lo niega. Como quieres a los hijos que llegan. Pero… no.

 Un sorbito de café. Lo apuro. Me levanto pongo la cafetera otra vez. Otra taza. Una gotina de leche. Hoy no es de humor.

 Un día, no puedes más. Los tiempos cambian, o el miedo ya no puede reprimir lo que uno es. Internet. Citas de sexo, sólo sexo. Una mamada. Otra. Un cuarto oscuro, la esquina oscura del parque de tu ciudad, los servicios de la estación. No puedes seguir. Ves que otros viven su sexualidad, que no tienen miedo. Y un día te preguntas… ¿Por qué no?

 Otro cigarrillo. Una calada profunda. Una vuelta al café. Dos. Tres. La mirada perdida en el cuadro de enfrente. Mi tío pintaba. Me regaló un cuadro. Un sorbito.

 Pienso en la mujer. En los hijos. Intento meterme en su piel. En su corazón. Un día llega tu marido, tu padre y te dice…

 ”Inés, niños, soy gay… y he decidido  vivir como tal”.

 Le miras con cara de asombro. Respondes en ese momento a muchas cosas. Las disculpas. La poca pasión. Las miradas huidizas. Las excusas. Las salidas y entradas a deshoras… “el trabajo”. Las excusas. Las miradas. Piensas que, todo ha sido una mentira. Que llevas viviendo 20 años con una persona que, no te ha hecho más que mentir. Que no le conoces. Que nunca le has conocido. Echas la vista atrás, y ves que… todo es mentira. Las palabras, los besos, las caricias, el sexo… el amor. Ves que lo está pasando mal al decírtelo, pero tú lo estás pasando peor. Todo es mentira. TODO ES MENTIRA. Recuerdas esas salidas extemporáneas cuando se reunían con los amigos y salía el tema de los gays. Incluso se mostraba como el más homófobo. Incluso llegó a decir que, si su hijo lo fuera, le echaría de casa. O le llevaría a un psicólogo. Qué era antinatural. Que si el culo, que si la procreación, que si… ¡¡TODO ES MENTIRA!! Echas una lágrima, dos, pero tienes hijos. Y tienes que tirar hacia delante. Por ti. Por ellos. Muchos días lloras en tu habitación. Él se va. Él ha pensado cuando lo decía, cuando tomaba la decisión. Puede que él incluso ya haya buscado una pareja. Pero a ti te han dado un bofetón que no te esperabas. Y encima, piensas que… ¡¡todo es mentira!! Y que además, te has dejado engañar durante tantos años… Y puede incluso que, un hijo tuyo lo sea, pero no te hayas atrevido a contarlo a tu marido porque sabes su opinión en contra de los gays. Pero él es gay. No lo entiendes. ¡¡Todo es mentira!! Y te preguntas… ¿ahora qué?

 Una última calada. Apago el cigarrillo. Mi cortado con un poco de leche. Es leche sin humor.

 Esta mañana leí en un blog, el de Guideon22, que a veces pensaba en casarse con una mujer. Eran momentos de bajón, pero en algún momento lo ha pensado. Todavía hoy, hay mucho miedo. Tenemos mucho miedo. Deberíamos conseguir que, ningún gay piense nunca en esa posibilidad, aunque sea en un momento de bajón. Que viva su sexualidad dee la forma que estime oportuno, más o menos abierto. Pero que no piense nunca en esa mentira.

 No es fácil luchar contra los elementos. Por eso suelo decirle a Marcos, que le admiro. Lo ha tenido en contra casi todo, en su familia, y ha salido adelante sin dejar de ser él. Tiene 18 años. Pero es digno de elogio. Tiene suerte por tener los amigos que tiene. Por Alex, por Adri, por Iván, por los tíos, primos, somanitas, y demás miembros de esa gran familia, y otros muchos amigos que no sabemos sus nombres. Pero aún así, es difícil romper, y seguir con tus convicciones. E irte a vivir con otra familia, por mucho que sepas que eres bien recibido, y que lo hacen de corazón. Por mucho que sea tu mejor amigo. No sé.

 Me levanto. Sigamos con mi trabajo. Estos cafés, al final, siempre consiguen que me asome alguna lágrima. Soy un llorón.

 Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

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 Blogoteca:

Guideon22:

http://blogs.chueca.com/spotlessmind/

Marcos, Iván e Iria:

http://polbosconcachelos.blogspot.com/

Mnl:

http://viatgefinselmai.blogspot.com/





… de dolor y de compartir…

19 07 2007

Hoy puede ser un gran día.

Sí, un día en que, unos cuantos que yo me sé, decidan sacar ese dolor, esa desesperación que tienen dentro.

He parado un segundo en mi trabajo para escribir estas líneas. Es una buena excusa que me pongo a mi mismo para holgazanear unos minutos. Luego tocará correr, pero correremos con gusto. Esto último puede ser interpretado de múltiples formas. Pero no. No es de esa forma. ¡Que más quisiera!. ¡Y que fuera con ayuda externa!. Pero hoy no toca. Tampoco tocó ayer. Ni tampoco… mejor… dejamos esta disquisición.

Sentimientos. Exteriorizarlos. Ser fuertes.

Es un buen momento para dar una vuelta al café. Pero me conformaré con emitir alguna que otra voluta de humo. De mi cigarrillo.

La sociedad, en general, ve mal que los hombres exterioricemos nuestro dolor. Debemos ser fuertes. Alex. Amanuense. Yo mismo. Y alguno más que yo me sé. Parece que los demás deben beber de nuestra valentía. Nos cuesta exteriorizar nuestras emociones. Una sonrisa nos sirve de cortina de humo. Una sonrisa falsa. O un baile desenfrenado. O unos gin tonics de más. O lo que toque.

Pero llega un día. ¿Qué día? Ese. O aquél. Un día en que no nos podemos levantar porque nos duele el corazón. El alma. Los ojos nos escuecen de aguantar tanta lágrima. Y ese día, todo se derrumba. El vacío que el dolor nos ha producido en nuestras entrañas lo abarca todo. No sentimos nada dentro de nosotros. No somos nada.

Pensamos que, la gente que tenemos cerca, no necesariamente en lo físico, también en lo virtual, no podrán soportar vernos tristes. Vernos llorar. Pero muchas veces, los que nos quieren, lo que no soportan es que no confiemos en ellos para llorar, para desahogarnos.

Pensamos que, si son más jóvenes, no están preparados. Que, porque somos más mayores, no podemos defraudarles. Debemos ser duros. Y en general nos sorprenden, si llegamos a intentarlo. De la capacidad de cariño que tienen. De la visión tan acertada que también son capaces de aportar a cualquier situación. Y de lo bien que soportan sus hombros nuestra cabeza para llorar. Sus caricias reconfortan también. Porque si nos quieren, estarán.

Si somos nosotros más jóvenes, pensaremos que nos tildarán de bobos, o débiles. Que no nos entenderán. Que pensarán que son niñerías. Y también nos sorprenderán con su capacidad de empatizar. De meterse en nuestra piel. Porque nos quieren. Y eso hace que cualquier barrera que en un principio pueda existir, desaparezca.

Y si son de nuestra edad, da igual, tampoco confiaremos. Porque pensaremos, que… ¡para qué molestar! Que los amigos no están para eso. Y yo en cambio pienso que, los amigos somos mucho más felices si, a esos que queremos, les podemos ayudar aunque sea solo escuchando, o dejando que lloren en nuestro hombro.

Es un buen momento de nuevo para dejar que el humo suba, y suba… y suba.

Mis ojos lo sigue en su ascenso.
Veo como los hilillos que forman en un principio se hacen menos duros. Van formando una unidad con el aire. Se difuminan. Como el dolor cuando lo compartimos.
Muchas veces, esa fortaleza aparente, sólo es una muestra de debilidad.

Déjate besar y abrazar, que todo será más bonito.





… de besos y abrazos…

9 07 2007

No tengo ganas de nada.
Estoy tirado en el sofá.
No quiero ver a nadie.
Me siento culpable.
Me siento mal.
Me encierro en mí mismo. El corazón me duele. Me duele el alma. Me duelen los ojos. De llorar o de evitar las lágrimas. No puedo más que mirar al pasado. No puedo más que recordar las cosas bonitas que nunca volverán. Los errores, que no sé si fueron tales. Las cosas que salieron mal. Los abrazos, los besos que nunca más podré dar.
No quiero que me besen. Que me abracen. No quiero que me toquen suavemente en el brazo. No quiero que me cojan la mano. No quiero notar la barba en mi mejilla. Ni una piel suave. Todo me recuerda a ese que no quiere tocarme. Todo me recuerda a ese que no puede darme un abrazo de verdad. O un beso sin poner remilgos. Todo me recuerda a ese que no está y que nunca me lo podrá dar, aunque quisiera.
Yo quisiera que ese me cogiera de la mano. Que viniera a la cama y me abrazara por detrás. Yo quisiera ver su sonrisa, quisiera ver esa mirada de cariño sin reservas. Quisiera que me pasara la mano por mi cara, que mi mano acariciara suavemente la suya. Una caricia que no quiere decir nada, pero que en realidad quiere decir mucho. Quisiera que fuera ese que no está, ese que no regresará nunca. Si no es el beso de ése, el abrazo de ése, no quiero ninguno. Porque todos me recordarían a él. Todo me recordaría que no lo tengo. Todo me recordaría que nunca será otra vez.
Me duele el alma. Me duele el corazón. Me duelen los ojos, de llorar, de evitar las lágrimas, de ser fuerte, de intentar que todos a mi alrededor bailen, rían, canten, sueñen… Y no puedo gritar. No quiero que nadie me vea así. No quiero dar pena. No quiero que nadie se preocupe. No quiero que nadie vea mi culpa en mis ojos.

No tengo ganas de nada.
Estoy tirado en el sofá.
Estoy encerrado en mi habitación. Y lloro. Pero no me sirve de nada. Porque llorar, también, es algo que hay que hacer con alguien. Hay que derramar las lágrimas en el hombro de alguien. Hay que gritar en el oído de alguien. De alguien que nos quiera, que nos aprecie. De alguien que lo sienta como si fuera él quien llorara, quien gritara. Pero ese no quiere que le toque. Ese hace un respingo de rechazo. Ese no está.

Alguien llama a la puerta.
No me apetece abrir. No quiero que me vea nadie. No quiero ver a nadie. Me siento culpable.
Alguien llama a la puerta.
No.
Alguien llama a la puerta.
Me seco las lágrimas. Me levanto trabajosamente del sofá. No puedo con el peso de mi dolor, de mis recuerdos.
Abro la puerta.

Ahí está él. Otro él. Pero él también. Miro a sus ojos, y veo su cariño. Veo sus ojos húmedos. Este nuevo él, podrían ser ellos. O aquél. Masculino o femenino.
Y vuelvo a mirar a sus ojos. Y vuelvo a comprobar el cariño que hay en ellos. Compruebo que no les importa que llore, incluso compruebo que quieren que llore en sus hombros, en su pecho. Que no necesito esconderme. Que quieren abrazarme. Que quieren darme un beso de buenos días, como todos los días. Que quieren tocarme suavemente el brazo, desnudo, simplemente para que compruebe que están ahí, para que note, también dentro de mí, que están conmigo. Y veo en sus ojos que les preocupo. Qué nadie ve mi culpa más que yo. Que hay más cosas que el pasado. Qué sí que quiere cogerme de la mano. Que no hay edades para apoyar, para querer, para acompañar. Que mi dolor es el suyo. Y que… debemos compartirlo. Y que el futuro es, lo que toca.

Abro los brazos. Él da un paso adelante y entra en la habitación. Nos fundimos en un abrazo. Le doy un beso. Me da un beso. Lloro. Llora. Es un abrazo fuerte. Es un beso suave. Es un cariño, enorme. Es un amor, inconmensurable.

Y mi dolor se atenúa. Y mi alma respira un poco. Mis ojos se relajan. Lloran. Pero ya no me duelen. Mi corazón late con más seguridad. Quiero notar ese suave roce de su mano en mi brazo. Quiero llorar en los hombros de él. Porque él llora conmigo. Quiero gritar, susurrando al oído. Lo necesito.

Un abrazo. Un roce. Una caricia. Un beso. Una lágrima. Un susurro. Una sonrisa. Una mirada de amor, de cariño. Las tenemos miedo. Creemos que somos menos por buscarlas, por darlas, por aceptarlas. Creemos que tenemos que ser fuertes. Y en realidad, cuando las rechazamos, cuando las huimos, cuando nos escondemos de ellos, es cuando más débiles somos. No ganamos nada evitando a las personas que nos quieren. Evitando esos pequeños gestos de cariño, de afecto.

Déjate besar y abrazar, y acariciar, y mirar, y acompañar, y llorar, y reír, y sonreír, las cosas, seguro, serán mucho más bonitas.