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¡Cuánto tiempo!

Cierto. Y no sé todavía por qué me ha dado por volver aquí hoy. En realidad no he dejado de estar por aquí rondando, pero sin decidirme a escribir.

Hoy toca.

Casi un año desde que escribí por última vez. Más de un año desde que él se fue. Ha sido un año pésimo. ¿Pésimo? Sí, pésimo. Lo único que no he hecho es enfermar irremediablemente, al menos que me haya diagnosticado. Podía haber venido a contar mis penas, total, nadie me conoce y podía haber aburrido al más pintado. Pero cada vez soy más de guardarme las cosas. Cada vez soy más consciente de lo que aburre a la gente escuchar las penas de los demás. Y soy tan de no molestar que ni siquiera a ti que no me conoces y que no me lo vas a echar en cara, quiero molestar.

Pero mira, hoy he llegado a casa después de trabajar y… por cierto he llegado a horas completamente imprudentes… pues resulta que he vuelto de trabajar y me he sentado un minuto en el ordenador y me he dicho: Pepe, tómate un café en “Café para dos”.

Podía haberme llamado a mí mismo Juan en lugar de Pepe. O Ramiro. O Kevin. Me ha salido Pepe. Vale, joder, me podía haber llamado Alquimista. Repito, pues: Alquimista, escribe en “Café para dos”. Con todo lo que tengo que escribir en otros sitios… en fin. Pero estos días tampoco sale… me canso solo de pensar en sentarme en el ordenador con el fin de contar una historia.

Por cierto ¿Hay alguien ahí? Alguien que no llegue a este blog con la pretensión de saber sobre café, claro. Bueno, da igual.

Estaba antes de que divagara un poco, hablando de mi año pésimo. Pero sobre todo, quería hacer un poco de hincapié en lo de hablar de las desgracias. Y es bueno, es bueno hablar y divagar sin rumbo, alguien que te escuche, que no te pregunte, que no  ponga cara de impaciencia. Que no te diga con la mirada “qué pesado, la vida sigue, si se ha muerto tu amigo, o tu otro amigo, o tu padre y todos delate de ti, y los echas de menos, y sientes que ya no te queda nadie en quien apoyarte, porque los que se han ido eran tus muletas… la vida sigue”. Y te vuelva a repetir sin palabras, pero claro: “la vida sigue, plasta”.

Y todos sabemos que la vida sigue, pero a veces sigues sintiendo ese vacío, o ese peso dentro de tu corazón. Sigues dando vueltas a lo que hiciste, a lo que omitiste, a las faltas, a lo que podrías haber mejorado, a los enfados que podías haber evitado y que ahora, en la distancia, en la ausencia, ves como tontos y prescindibles. Y lo sientes y no se o puedes decir a nadie, porque la última vez que lo intenté, vi esa mirada de hastío… y me callé. Lo intenté con otra persona y me di cuenta que solo quería oír sus propias desgracias, pero las mías no eran bienvenidas.

He vuelto a aprender a callar. Sí. Y seguiré mejorando.

Para una vuelta tras un año de ausencia, creo que ya está bien. A lo mejor vuelve a pasar otro año hasta que vuelva de nuevo.

Por cierto, una pena que Chueca borrara los blogs. Y que no tuviera el detalle de avisar. Aquel primer blog que empecé allí tenía un cierto encanto para mí. menos mal que me traje casi todo a éste.

Otro día os hablo del libro de mi hermano del alma que debéis comprar. Pero eso será otro día. Por hoy, solo queda… deciros que “déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito”.

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¿Les cuidamos bien?

Me contaba el otro día la madre del que una vez fue el ocupante de mi corazón, que estaba cansada de luchar. Su marido tiene cáncer. Pero su marido además es un poco desagradable. Siempre lo ha sido. Un poco suyo, un poco creído, de estos que piensan que hace un favor a la señora con seguir con ella pudiéndose ir con cualquier jovencita.

Pero ahora tiene cáncer. Y las ha pasado canutas.

El cáncer es jodido, no ya por la enfermedad sino porque algunas de las medicaciones te cambian el carácter y no precisamente a mejor. Ella no es una mujer fuerte, pasó sus momentos de depresión… no me extraña con semejante marido.

Las parejas influyen mucho en estas cosas. Ella sigue porque a lo mejor no sabe hacer otra cosa, o porque dudo de que se haya recuperado de todo de su depresión y sigue con medicación.

Y ahora debe luchar con su marido, con que tome los medicamentos y con que no tome lo que no debe: alcohol y esas cosas.

Alguna vez me les he encontrado en Oncología. Sí, yo tengo mi propio enfermo de cáncer y debo visitar de vez en cuando estos sitios. Y me daba pena verla como se arrastraba hacia la consulta, empujada por su hija. Y como él se mostraba con su mejor cara. Como cambian algunos de puertas para adentro.

Pero es que encima esta buena mujer estaba preocupada por lo que diría la gente, los amigos, los vecinos. Estaba preocupada porque no pensaran que no lo cuidaban bien, o porque no hacían lo que debían.

Y no os creáis que exagera. Porque somos un poco así. Esas mismas dudas las tengo yo a veces. Porque sabes, es muy difícil ponerse en el “lugar de”. Es muy fácil ver las pelis de enfermos y sus familias y pensar que todo debe ser así. Y juzgan, y juzgamos.

Una vez, cuando mi padre se cayó en la calle y me llamaron los vecinos, casi… sabes, durante unos días si me los encontraba notaba su mirada y la interpretaba como una crítica por dejarle que saliera solo, o por no haber estado pendiente, o por vete tú a saber. Eso se une a que nadie te diga nada que te apoye, que te anime, es como si caminaras por un desierto, solo, bajo un sol abrazador y sin una gota de agua.

Estas enfermedades son de los que las padecen y de los que las pasan al lado. Ese hombre y mi padre, a parte de estar enfermos han sido toda su vida un dechado de amabilidad. Roca doble razión, entonces. Tú en cambio, eres el fuerte, tú eres el saco de boxeo sobre el que se empotran una y otra vez los puños, con guantes o sin guantes. Como eres el fuerte, debes aguantar toda la mierda… pero a veces la mierda es demasiada hasta para los fuertes. ¿Y quién aguanta tu mierda? Tú puedes escuchar 20 veces al día lo jodidos que están, los dolores que tienen, las piernas, lo solos que están, que no tienen ganas de comer y mil quejas más, o mil repeticiones de la misma. De vez en cuando te lo salpican con un “pareces enfadado”, “Es que todo te enfada” y solo tienes tristeza, abatimiento e impotencia. Pero todas estos sentimientos son difíciles, tienes que poner algo de tu parte por intentar arreglarlos, y para el otro es más fácil lo de “estás enfadado” porque eso lo pone de nuevo como víctima. Y ser víctima a veces es muy conveniente.

Ahora recuerdo a un amigo que siempre me dice que no hago más que quejarme. Lo dice de coña, pero… lo dice. Reconozco que acertar con las palabras que uno quiere oír cada día es más complicado. Porque al no escucharlas nunca, cada día las necesitas más perfectas, y de la persona indicada. Y cada vez son menos las personas indicadas.

Esta pobre mujer se iba cargada de bolsas a su casa en busca de su martirio después de vaciarse un poco conmigo. Cada uno tenemos nuestro martirio.

Hoy es uno de esos días en que estoy abatido, con pocas ganas de nada. Y en los que nadie consigue que mi sentimiento de soledad desaparezca. Es más, cada vez que cruzo una palabra con alguien, después me siento mucho más solo y vacío.

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Va sin enmienda.

Hubo una época en que casi todos los post de este blog, los escribía con un cigarrillo en la comisura de los labios, un café en la mesita de al lado, sentado en una butaca orejera, y con la señora del cuadro mirándome.

Pasa el tiempo, pasan las costumbres.

El café y el humo mecían mis pensamientos. La señora del cuadro, vigilaba. La noche y su silencio especial mee acompañaban.

Entonces las cosas eran distintas. Aunque ahora me pongo a pensar y no las veo tan distintas.

Sigue siendo de noche. Sábado noche. Cine. Hoy ha sido triste la película. Hoy ha sido triste por todo. He reconocido a alguien que no debía haber reconocido.  Era mejor así, pero por una vez mi memoria y mi poca capacidad de reconocer rostros se han puesto de acuerdo.

Antes había historias bonitas por aquí. Estaban los chicos de la gorra y sus amigos, sus historias bonitas, historias de amor, de garra, de superación. Eran monos, majos. al final todo ese mundo se esfumó. Magia. Está, ya no está. Está, ya no está. Ya no estuvieron nunca más.

Llevo tiempo pensando que las vidas imaginarias, los mundos irreales son mucho más bonitos que los terrenos.  Tenemos muchas veces un interés desmedido y contraproducente por conocer lo que hay detrás de las historias que leemos en un blog. Conocer al autor, saber el color de sus ojos. Oír su voz… la cadencia de su habla, la música de sus palabras. Incluso a veces queremos verle el culo. Otras veces te mandan el culo sin haberlo pedido, pero eso es otra historia.

Las historias que nos inventamos, las historias que vemos en la televisión, en el cine, que leemos en un blog, o en un Faceboook… con lo bien que nos sientan, con lo que las disfrutamos… ¿para qué queremos saber más del que lo escribe, del que lo interpreta? Es mejor que nos quedemos con lo bien que hace su papel Fulanito de tal, en lugar de querer saberlo todo, conocerlo… ¿Y si le huelen los pies? ¿Y si es un antipático? ¿Y si es un tocapelotas? ¿Y si no se ducha? O es un tacaño…

… o es mentira.

Ahora seguiría carteándome con los chicos de la gorra.  Escribiría sobre ellos, me inventaría historias para solucionar sus problemas. Me sentiría bien por ello, me sentiría útil. Abriría el correo y tendría una larga carta contándome sus cosas. Y ellos vendrían, vendrían los papis, vendría el juez, el fiscal, el cura, la amiga, los músicos.

Pero un viernes eran, y el sábado… se esfumaron al ritmo de un concierto.

Saber a veces es contraproducente. Está muy sobrevalorado.

Con la prima de riesgo pasa lo mismo. Si en realidad vamos a vivir igual en el 450 que en el 425. En realidad el titular va a ser que llega a los 500 a las 10,21 h. pero si baja 50 puntos a las 12, el titular seguirá siendo:  llegó a los 500 puntos. Pero escuchas música, no te enteras, eras muy feliz, y al cabo de unos días, la prima está en los 390.

La verdad… conocerla. ¿Existe la verdad? ¿Qué somos de verdad? Yo mismo, ¿existo? ¿a alguien le importa si existo? Qué soy ¿Mi verdad? ¿Tú verdad?

Nada.

A veces es mejor no saber. Es mejor disfrutar… porque hay que reconocer que algunos se inventan vidas muy entretenidas.

PD.En realidad, todo esto es una mentira también. Porque he dicho que es mejor no saber, pero… al final siempre querré saber. Porque a veces no vale con las historias leídas, con los personajes virtuales. A veces es preciso abrazar. Besar. Y esto me viene muy bien para acabar como corresponde en estas páginas:

Déjate besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.

Va sin corrección ni enmienda. Tal y como fue parido.

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Me voy a dormir.

Se me cierran los ojos. Estoy cansado.

Necesito dormir un ciento de horas, y olvidarme quizás de que existo. De que el mundo existe.

Pero no puedo. Ni siquiera puedo olvidarme de que tú existes, de que estás ahí. No puedo sacarte de mi cabeza, y eso que no reconozco tu cara.

Hoy, te necesito. Pero aunque no puedo olvidarte, tampoco puedo verte la cara, ni recordarte. No puedo recordar tus dedos recorriendo suavemente mi piel, mis labios juntándose con los tuyos. Pero mi piel te echa de menos, y mis labios a los tuyos.

Hoy, soñaré contigo. Soñaré con todas esas cosas que no puedo recordar, pero que necesito. Hoy te necesito más que nunca.

Soñaré contigo, sí. Te sentiré. E intentaré que mi piel te recuerde, aunque yo no pueda.

Me voy a dormir, estoy cansado. Muy cansado.

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déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

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Tres pensamientos, tres, para el día 29 de junio.

Hay días que parece que deben ser de una forma determinada. Por ejemplo, un día de fiesta entre-semana, porque son las fiestas de tu pueblo, y además en el mes de junio, debería se un día soleado, claro, brillante. Y si no lo es, tienes la necesidad de mirar el calendario una y otra vez, para comprobar que es fiesta, y no deberías ir al trabajo. Fíjate que corte, si un día te equivocas, piensas que es fiesta, y no vas a trabajar. Y además es que esa escusa, no se la creería ni el jefe más cómplice del mundo.

Hoy llevo todo el día, que todavía no es mucho, soñando despierto en que un chico me abraza por la espalda, y nos quedamos así, mirando el paisaje. Este pensamiento o sueño despierto, tiene la variación de que soy yo el que le rodea la cintura con mis brazos, y apoyo la barbilla sobre su hombro. El solo junta sus brazos con los míos. Y estamos los dos tranquilos, respirando al unísono, siguiendo el ritmo. Pero abro los ojos y no siento a nadie abrazándome, ni que mis brazos rodean los de nadie. Será uno de estos días tontos que necesitas una pequeña dosis de cariño físico. Será que como el día no es lo brillante que uno esperaría, sientes nostalgia de lo que no tienes.

Sabes, últimamente pienso mucho en los papeles que adoptamos en nuestras relaciones sociales. Estoy llegando a la conclusión de que aunque somos seres sociales, estamos acojonados con el hecho de relacionarnos. Nos aterra que descubran nuestras simplezas, nuestros puntos débiles. Y nos creamos máscaras. Una, la de líder, un semi-genio, con las ínfulas de un genio, soltando ideas a diestro y siniestro. Otro papel que podemos adquirir es el de payaso del grupo. Es un rol que suelen representar lo que se incorporan a un grupo, y, por ejemplo, son más jóvenes. Se sienten inferiores a los demás, y siempre están riendo, aunque la risa sea la más forzada y falsa del planeta. Este papel también se suele dar en los grupos en los que, no habiendo diferencia de edad apreciable, si lo hay de condición social, o cultural, o sexual. En el caso del payaso, luego suele aparecer el de “coro del payaso”. Una pena, porque a veces el payaso suele ser alguien que a lo mejor sería interesante de conocer y escuchar. Una pena… sobre todo si encima, es mal payaso.

Luego está el papel de erudito. Eso espanta a mucha gente, y te da la escusa de apartarte de otra mucha. Este papel es peligroso, porque eruditos y cultísimos, hay muy pocos. y además, es muy fácil herir amores propios de las personas que se acercan. Estos tienden, si encima son a veces un poco pedantes, a quedarse más solos que la una.

Otro día hablaré del “guapo”. Y del que adquiere el papel de “pareja de”, que suele parecerse al de sombra, o al de secretario sin sueldo.

Y yo sigo sin recibir ese abrazo maravilloso que necesito.

Y hoy, no se me olvida, la despedida más famosa del mundo:

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

PD. este es un blog modesto, con muy poquitas visitas, y menos lectores. Pero el otro día me dio mucha pena que no entrara nadie en todo el día. Ni una sola visita. ahora que lo pienso, no pude elegir mejor el tema para el relato que estoy desarrollando ahora: “Nada”. Para que luego algunos se quejen.

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Historias y nervios.

Ayer por la noche, me senté a escribir. Era ya tarde.

Abrí la ventana.

Todo estaba en silencio, salvo cuando pasaba un coche por la calle. Era un ambiente estupendo para escribir, para relajarse.

Esta mañana me levantado alterado. No había causa, o quizás sí, no lo sé. He estado toda la mañana así. Como si me fuera a presentar a un examen. Nervioso, alterado. Nada conseguía relajarme.

Y no ha pasado nada. No ha sido una premonición de un hecho estupendo que me hubiera cambiado la vida, ni me ha tocado la primitiva, ni me han anunciado la publicación de un libro firmado por mí. Ni me ha escrito mi admirador secreto. ¿Tendré un admirador secreto? ¡Bah!, no creo.

A veces me imagino que alguien le ama en silencio. Y un día se decide, y se declara. Historia de comedia romántica. Son bonitas las comedias románticas. Algunos dicen que a veces pasan en la realidad. Quizás sean los que escriben esas historias.

Lástima que últimamente tenga como una cuerda que ata mis manos cuando pienso en cosas para escribir. Ayer, escribiendo ese post para otro sitio, se me han ocurrido como 4 historias para escribir. Es igual de malo tener muchas, o no tener ninguna. Los chicos de la gorra se me aparecen mucho últimamente. Creo que deberé dar salida a esa historia, para exorcizarla. Lo malo es que será larga.

Puede que una noche de estas, con la ventana abierta, con el sonido quedo que llega de la calle, apague todo contacto del ordenador con el exterior, y me ponga a ello.

Debo pensar también si volver a abrir ese blog que me han vuelto a cerrar. Por un lado, no me apetece volver a empezar. Ni siquiera retomar el tema en esa copia de seguridad que tengo por ahí, eso sí, sin los últimos meses. Pero es que por otro lado, me fastidia que a las bravas, vuelvan a cerrar el blog. Lo malo es que, si no he tenido nunca mucho espíritu de lucha, ahora lo tengo desaparecido.

Y después de estos pensamientos dispersos y sin mucho sentido, y esperando que mi ensoñado admirador secreto se decida a escribirme o llamarme o lo que sea, solo queda deciros que:

Déjate besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.

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La muerte del destino propio.

En algún sitio escribí hace tiempo, o a lo mejor fue hace poco, un escrito sobre la esperanza. No se trataba sobre la esperanza con mayúsculas. No era esa “esperanza, fe y caridad”.

Versaba sobre esa esperanza que algunos tienen de que va a pasar algo. De que va a recibir un mail que le cambiará la vida, o una llamada, o que algo que ha hecho y a lo mejor ya ni se acuerda de ello, tendrá sus frutos, y de repente, será su trampolín hacia una vida distinta.

O que te encontrarás por la calle, por casualidad con un chico que te gustaba hacía tiempo, pero que las circunstancias impidieron en su momento que hubiera nada.

Yo en algún momento, creo que he tenido esas sensaciones. Pero ya se apagaron, como tantas cosas.

Me decía el otro día un amigo que, a lo mejor cualquier día me echaba novio, y ya no me interesarían mis amigos. Me reí, porque si apareciera alguien interesado en mí, creo que debería trabajar el asunto con ganas y perseverancia, porque ahora mismo, no tengo ganas ni de eso.

Murió esa esperanza en la casualidad, en el destino. Quizás murió con las ganas de hacer cosas, con las ganas de cambiar.

Quizás debiera inventarme una vida imaginaria para mí, y hacer un blog sobre ella. Al modo que otros blogueros hicieron durante mucho tiempo, y que nos tuvo tan entretenidos, llorando, sufriendo, riendo, sintiendo. Quizás el que, o los que lo hicieron, y otros que ahora mismo lo hacen, pero con menos empaque, quizás, sintieran morir esa esperanza dentro de ellos, e intentaron revivirla con esas vidas inventadas, apasionantes.

Escribo ficción, muchas veces. Pero sería incapaz de tener un blog personal, contando mi vida, y que ésta fuera falsa. Es una pena, porque podría servirme de catarsis.

Aunque ahora que lo pienso, tengo tantas historias que contar, que inventarme una vida, no sería atrayente para mí. Y reflexionando un poco más, dando un paso más, a lo mejor, esa “pereza” que tengo a veces en escribir todas esas historias, sea miedo a inventar historias apasionantes, y poner demasiado de mí en ellas.

Siento que me estoy convirtiendo poco a poco en un amargado. Un solitario amargado. Ya, es muy literario, sí. Pero es tan triste…

Mi destino murió. Espero que alguien fuera a su entierro.

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Déjate besar y abrazar, que todo será mucho más bonito.

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Sigo buscando.

Tengo una cierta tendencia a escribir aquí los  sábados por la noche al llegar del cine. Será la paz en casa, el silencio. O la necesidad.

Hoy tocó una película de muertos: la de Clint Eastwood: “Más allá de la vida”. Pero yo a parte de las historias de la vida y de la muerte que hay en la película, yo veo otro tema subyacente: la dependencia.

El protagonista “principal” por su caché, el personaje de Mat Damon, depende de su don para hablar con los muertos. Le condiciona la vida.

El niño, depende de su hermano. Es su horizonte, es su guía, su apoyo.

La periodista depende del éxito. Es la razón de su vida. Hasta que casi muere.

Porque en realidad, todos los que intentan hablar con los muertos, con sus muertos, mejor dicho, es porque tienen cuentas pendientes con ellos. Porque se sienten solos, abandonados. Porque les servían como coartadas para tomar decisiones, o no tomarlas. O les servían de escudos.

A veces las obligaciones son escudos que nos protegen de nosotros mismos. Eso me pregunto yo desde que salí del cine. Cuando la excusa de mi padre desaparezca… ¿Qué será de mí? ¿Un solitario envejeciendo solo, mirando por la cristalera de la galería? ¿Viendo pasar la gente, viendo el agua de la fuente de los jardines de enfrente, manar y caer por la cascada? O a lo mejor es el despegue de algo. Eso que citaba el otro día, “encontrarse”.

Creo que la próxima vez que vaya al cine, iré a ver una de piratas. O de esas de tiros, de coches corriendo, y chicos guapos por doquier. Así no pienso.

Por lo menos, me ha gustado la película.

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Conocer.

Si todos nos pusiéramos a pensar a fondo en cómo somos, en nuestros gustos… en lo que nos gustaría hacer.. .¿Cuántos sabrían responder a la pregunta?

El otro día escribía algo sobre conocer a los demás. Tranquilos, que se ha quedado de momento en la carpeta, no busquéis para leerlo.

Si veis los telediarios, casi todos los días hay una  noticia de una desgracia. Y siempre sale un amable reportero/a preguntando a los amigos, los vecinos, y casi siempre todos muestran su sorpresa por el comportamiento del delincuente.

Si un padre le llaman de la comisaría, porque su hijo le han pillado atizando a otro en una pelea, a la pueta de un bar, se muestran también sorprendidos, porque su hijo no hace esas cosas.

¿Cuántos amigos íntimos se han quedado de piedra al saber un secreto de su amigo íntimo?

Esto lleva a preguntarnos si, en realidad conocemos a alguien. A mí me lleva a preguntarme incluso… ¿Nos conocemos a nosotros mismos?

Muchas veces decimos esa frase de: ” necesito un tiempo para encontrarme”. ¿Y nos encontramos?

Yo estoy llegando últimamente a la conclusión de que no me he encontrado todavía. No.

Sabes, iba a empezar a filosofar sobre mí, pero me da miedo hoy este ejercicio de introspección.

Así que mejor para otro día. Me lo recuerdas si eso.

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Unas reflexiones personales. Para aburrirse, vamos.

Hoy me apetece escribir. Me apetece caminar por los laberintos que los dedos indican a las teclas. Pero llevo como 5 intentos, y todos desde el primero al último, han acabado apisonados por la tecla de “supr”. Y me da que esta va a ser al 6ª. Vega, va, vamos a ver si aguantamos un poco más, y llegamos a acabar lo empezado.

Estos días pienso mucho en la vida, en el futuro, en la vejez, en la soledad. Mi padre se le llena la boca por ejemplo, cuando habla de “la soledad”, lo pronuncia de esa forma contundente, como masticando cada sílaba.

Ya hablaba el otro día, creo, en el futuro… no, hablaba más bien de la razón última de mi existencia. Digo de la mía como podría decir de la de cualquiera. Pero yo soy yo, y no voy a hablar de Felipe, por ejemplo.

Y todo esto ¿A qué viene?

Pues viene como siempre a razón de mi padre. Es que ahora mismo es el centro de mi vida, ya me perdonaréis. Esto me pasa por tonto, por cobarde, por soltero, y por marica. Lo tengo todo. Y teniendo todos los números, me han tocado.

Yo veo a mi padre. Estos días pensando, pensado, he llegado a entender muchas de sus formas de reaccionar. Mi padre es un hombre inseguro, que la vida le ha llevado a tener que tomar decisiones cuando a lo mejor no estaba preparado para ello. Le ha llevado a una guerra, cuando debía estar estudiando y ligoteando por los bares. Le ha llevado a pasar hambre, enfermedades, en los inviernos duros del 36 al 39, y encima en el bando perdedor. Y todo ello sin estar preparado, y sin posiblemente tener el carácter que se precisaba para todo ello.

Luego intentó estudiar, pero… era del bando perdedor.

Y luego no le quedó más remedio que trabajar. Se casó y demás… y tuvo hijos y tal y cual.

Pero mi padre es uno de los muchos hombres y mujeres que se encuentran todos los días tomando cientos de pequeñas decisiones que… no quieren tomar. Porque decidir, sabes, a veces cuesta un triunfo. Sencillamente decidir ponerte los calzoncillos blancos, o los boxer morados. A mucha gente hasta estas pequeñas decisiones, les cuesta un triunfo. Y además, sabes, un día llegan los hijos, y debes dar respuestas. Porque los niños preguntan, y preguntan a su padre que es su héroe. Porque un padre y una madre lo son todo para sus hijos. Son su protección, su amor, su vida.

Pero a veces no estás preparado para todo esto. Para tener respuestas… porque debes tenerlas. Y a veces te creas un carácter a medida, para luchar contra las posibles mermas que puedan producirse en la estima que te puedan tener tus allegados. Uno de esos caracteres para defenderte, es el intentar menospreciar a los que tienes al lado… “tú que sabrás”, o expresiones parecidas.

Tú mujer es también tu parapeto. Te escudas en ella para que de la cara por ti.

Pero un día ella se va sin avisar.

Tú estás de repente solo, sin barreras frente a tus hijos, al mundo. Y eso te aterra. Tu carácter, ese que creaste para solventar los retos que tenías por delante, ha echado a mucha gente de tu lado. Necesitabas ser alguien, algo… porque tu padre lo era, y tu abuelo también… pero esa maldita guerra cortó de raíz toda posibilidad de que lo que iba a ser tu destino, se ejecutara. Ese carácter, ese intentar hacer sentir a los que están a tu lado como inferiores… ese intentar aparentar… saber más que nadie de todo…

Pero en realidad estás asustado, acobardado por todas las cosas que tienes que hacer frente. Cada vez más, claro. Ir al médico, a hacerte pruebas, conocer a gente nueva, tú médico se jubila… todo te asusta… y ahora alguno de tus hijos insinúa que debes ir a una residencia, todo nuevo, gente nueva, dejando tu casa atrás… y te agarras a mí, claro.

Pero yo no puedo cuidarte permanentemente. No puedo hacerte compañía todo el tiempo. Ni puedo atender a todas tus necesidades. Y nadie nos va a ayudar… cualquier día vas a tener un problema, y no lo voy a podre solucionar, porque a mí todo esto también me asusta…

Seguramente la residencia sea la mejor opción. Para que no estés todo el día solo, para que tengas actividades, para que tengas quien te ayude si lo necesitas. Seguramente es la mejor opción. Pero. Si lo es… ¿por qué me siento como un traidor, solo con pensar en convencerlo de que vaya? Es un broncas, es desagradable… pero le ves tan indefenso… sin recursos… le ves jugando las pocas cartas que tiene para intentar no cambiar su vida radicalmente, no salir de su casa… de lo que le hace sentirse seguro…

Mientras todo esto ocurre, yo me consumo poco a poco. En la duda, en la lucha, en los sentimientos encontrados.

Sentir es una mierda. Y yo siento. Ergo, lógica pura, yo soy una mierda. Grande y gorda.

 

¿Podré estar algún día medianamente a gusto conmigo mismo?

Creo que no. Será que hoy, y ayer, y antes de ayer y… hasta hace una porrada de años, tuve malos días.

 

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

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