Un sorbo de café.
Pongo mis piernas sobre el puff. Las cruzo. La derecha sobre la izquierda. Otro sorbo.
Dejo la taza en la mesita de al lado, la que tiene la lámpara. Busco en el bolsillo de la chaqueta mi paquete de tabaco. Un cigarrillo. Enciendo el mechero. Aspiro.
Hacía tiempo que no me sentaba en esta butaca orejera. Que no saboreaba mi café, despacio, con mi cigarrillo. Que no ponía mi puff preferido para apoyar mis piernas.
Que mi mirada no se perdía en ese cuadro, el que pintó mi tía Ana Mary, en el gaitero.
Una calada… otra.
Un secreto. Un secreto muy bien guardado. Cuando escribo. Sobre lo que escribo. Una promesa de contar mi secreto. ¿Cual es?
Me sonrío. Cuando hablamos de secretos, siempre pensamos en algo misterioso, en algo que mantenga la atención. Y muchas veces, el misterio, dura lo que dura el secreto.
Cojo mi taza. Un sorbo. Café cortado. Por si algún día quedamos a tomar café. Recuerda. Café cortado.
Nunca he sido muy “memorístico” Al estudiar, por ejemplo, leía cogía la esencia, lo hacía mío. Cuando lo tenía que contar, lo hacía siempre a mi forma, con mis palabras, con mis expresiones.
Siempre hago lo mismo. Leo. Cojo una cosa de aquí, otra de allá. Lo agito en mi cabeza, y sale. Me intento poner en la piel de quien protagoniza mi historia. En sentir lo que él siente. Puedo llegar a sentir la opresión de una ruptura, el dolor de un golpe. Puedo llorar como si el que padece fuera yo. A veces me encuentro escribiendo y llorando por lo que escribo. Porque para describir lo que alguien siente, siento yo antes. A veces duele. A veces no duermo porque siento la angustia del protagonista. Puedo mírame en el espejo y recorrer imaginariamente cualquier cicatriz del cuerpo, y del alma.
Apago el cigarrillo. Apuro el café. Cierro los ojos. Y sonrío otra vez. No lo puedo evitar. Sonrío porque nunca un secreto fue tan poco “glamouroso” como el mío. Ojala pudiera contar que te estoy viendo por un agujero. O que tengo un confidente. Pero no hay tal.
Es hora de seguir. Una última mirada al cuadro del gaitero. Una sonrisa apagada, melancólica, por tener secretos tan poco… interesantes.
Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.