Sus ojos. Me miran.

17 11 2009

Me está mirando la señora del cuadro. La gaitera.

Me mira y parece que me da el pésame.

Yo la miro a través de la columna de humo que sale de mi cigarrillo.

Pero no me protege. Hoy la cortina de humo no puede con esa mirada. Jodida gaitera…

Me levanto. Voy a por otro café. Con su gotita de leche. Pongo la cafetera. Echo el café en el porta, y lo aprieto bien.

Empieza a salir el café. Humeante. Con su crema.

Una gotita de leche.

Vuelvo a mi sillón orejero.

Un par de terrones. Unas vueltas. Un sorbo.

Dejo que penetre el sabor del café en mis papilas gustativas.

Echo la mirada atrás. Pienso en todos los errores del pasado. Esos errores que ya no se pueden corregir.  Pienso en los errores que cometo todos los días.

Pienso en las personas que pasaron por mi vida, y que ya no están. Pienso en los que están… pero ya sé con certeza que dejarán de estar.

Son complicadas las relaciones humanas. Mirando atrás, con los ojos de la gaitera mirándome fijamente, no me atrevo a mentirme. Me equivoco.

Podría buscar excusas. Para éste, para aquél. Pero la gaitera no me deja. Me equivoco. No consigo que las relaciones de amistad crezcan. Algo hago mal. Algo hace que sea “atractivo” en un primer momento, pero no en algo duradero.

Creo que el problema es… vaciarme. Es… no fingir. Es… decir lo que pienso. No medir mis palabras. No disimular esa capacidad que parece que tengo a veces en ponerme en la situación del que está al otro lado de la mesa, y decir lo que veo. No gusta. Queremos que nos comprendan. Que los que están al lado nuestro empalicen. Pero en realidad, si lo hacen, nos sentimos más que desnudos. No sentimos vendidos. Y echamos a correr.

Necesito a veces que me digan cosas. Necesito a veces que me propongan locuras. Si digo que me apetece mandar todo a la mierda, el trabajo, largarme de mi ciudad, quizás busco que me digan “Vete” “Déjalo todo”. No lo voy a hacer. Pero me gusta sentir que si lo hago, mi amigo va a estar conmigo. Pero no. Busco un poco de empuje. Y encuentro racionalidad, dónde hacía unos meses había empuje. Un poco de locura, dónde hace unas semanas había locura.

No es buena época. De hecho desde que murió mi madre, hace ya casi tres años, todo se ha estropeado progresivamente. No encuentro el equilibrio. Por unas cosas, o por otras. Solo encuentro ataques de ansiedad, cada vez mayores. Una temporada me molesta el estómago. Otra temporada, la rodilla. Mañana volveré a tener un zumbido en el oído. Me preguntaban el otro día qué tal el 2009. Mal. Mal. No se ha muerto nadie. No tengo ninguna enfermedad grave. Pero, las cosas no van bien. Mi cabeza no está bien. Mi espíritu tampoco.

Quizás una revolución, quizás un renacer. Quizás lo que toca es una catarsis absoluta y radical.

No consigo penetrar las barreras de algunas personas que me gustaría. No consigo mantener las relaciones que me gustaría. No valgo para llevar siempre la iniciativa. Y si he dejado de llevarla, al final, me he dado cuenta que no existía nada.

Me miro al espejo y no sé dilucidar exactamente las causas. Parece que creo un aura a mi alrededor que me proteja a veces de problemas con personas conflictivas, pero hace también que otras personas que me interesan, tampoco la atraviesen.

Me levanto de la butaca. El café se acabó.

Miro a la gaitera.

Abro el armario y saco una sábana vieja. Y la tapo.

Sé que me mira. Lo siento. Me mira con lástima. Pero al menos no veré sus ojos.

Quizás deba pasar una temporada alejado de todo el mundo. Creo que estoy más tranquilo que intentando luchar contra molinos de viento.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





… y olwen me dio un premio…

17 05 2009

Fue toda una sorpresa. No me lo esperaba.

olwen para cafe para dos

Este es un blog pequeño, un blog en el que escribo muy espaciado en el tiempo. Es un blog que no tiene apenas lectores. Es un blog donde escribo historias, y a veces algunos pensamientos desordenados, siempre con una taza de café humeante en la mano, y un cigarrillo, también humeante en la otra. Siempre pongo dos tazas: una para mí, y otra para el lector que en cada momento esté leyendo.

Y yo creía que apenas tenían interés las historias de café para dos.

Olwen piensa distinto. Y me ha dado un premio.

Yo lo recojo con gratitud y emoción. Espero que los nervios no hagan que me tropiece y me caiga en medio del escenario.

Parece ser que debo dar también unos premios.

Se lo daría a Olwen, aunque suene a conchaveo. Se lo daría por esas ganas de vivir, esa paz que casi siempre desprenden sus palabras.

Se lo daría a Adrián. Se fue. Pero es de esas personas que siempre están ahí, es una de esas personas que marcan a la gente que le conoció, y a la que no tuvimos ese placer. Me abrió la puerta a un mundo completamente desconocido. Un mundo que creía que no existía en el siglo XXI.

Se lo daría a chiquitín. Por esas historias que marcaron su vida, por tener valentía y salir adelante. Y por saber romper con todo, para intentar buscarse a sí mismo. Por ser tan bueno en lo suyo. Por ser un maestro.

Se lo daría, como no a Marc. Es uno de mis personajes. Para mí es como si fuera real. Como si mañana le fuera a ver y me dejara, mientras le doy el abrazo de saludo, y los cien besos de la abuela que le tocan, me dejara bromear con él y quitarle la gorra. He llorado con él, he pasado noches sin apenas dormir, por él, y ahora me tiene un poco preocupado por esa cabezonería de la que a veces hace gala. Tendré que aporrear el teclado para darle una colleja. Pero me ha enseñado tantas cosas, tantas…

Se lo daría a Iñaki. Iñaki el fuerte. Es otro de mis personajes preferidos. Cuando escribo sobre él, hay muchas cosas en su personaje que pongo de mí mismo. Por eso a veces le entiendo tan bien. Es orgulloso, como yo, es entregado, como creo que soy capaz de ser yo. Ama como pocos son capaces de hacerlo… yo creo que no podría llegar a ese extremo. Calla las cosas que le atormentan, para no preocupar a nadie. Pero como todos, estalla. Y cuando se estalla así, a veces no se elige el momento. Como yo. Me tiene preocupado también este personaje. No sé que hacer con él, no sé si abrazarle, si invitarle a un café, darle doscientos besos de abuela, colgarme de su cuello, o darle una patada.

Se lo daría también a Valle. Que difícil es encontrar amigos así. Que sean capaces de hacer el ridículo, solo para que sus amigos se arreglen. Iñaki y Marc, no saben lo que tienen… aunque a veces no acierte.

Se lo daría a canalla. Es impresionante los kilos de ternura que se disfrazan en su escritura dura, brusca. Una escritura que traspasa. Que no deja indiferente.  Sin él, a parte, no existiría café para dos. Me engañó como a un bobo. como diría aquél, a cada uno lo engañan como lo que es. Lo bonito que tiene este premio es que no se va a enterar nunca de que se lo doy.

Y se lo daría a Mafer. Mafer, está muy lejos. Con océanos de por medio. Me ha acompañado en momentos duros. Me ha querido, sin merecerlo. Y me ha enseñado muchas muchas cosas. Cuando pienso en alguno de los problemas de Marc, pienso en como los solucionó Mafer. Mafer también me ha enseñado muchas cosas. me ha enseñado como se superan dificultades que, si no nos tocan cerca, pensamos que son ficción.

Se lo daría a Néstor. También he llorado con él. También me ha dejado alguna noche sin dormir. Pero quizás, esa forma de amar que tiene, me llama la atención… me subyuga… me da envidia.

Se lo daría a Alex. El papo. No creía que había gente así. Y no creas que, a veces lo pongo en duda, y pienso que es un sueño, o que es un personaje de un libro que me estoy imaginando para escribirlo algún día. No podía imaginar antes de saber de él, que, hay gente buena, que hay gente que abraza a quien lo necesita, que acoge en su familia, en su seno a quien cree que se lo merece. Da igual los problemas que traiga. Da igual el dinero. Y todo con abrazos, con cariño, con entrega…

Todos estos premiados tiene algo en común. Son gentes fuertes, son personas que se entregan a la gente que quieren. Que superan dificultades. Que son valientes. Todas estas cualidades, las admiro. Quizás, porque yo no las tengo.

No voy a cumplir con la condición de ir a sus blogs y avisarles. Me daría vergüenza.

Olwen, Chiquitín, Iñaki, Marc, Valle, canalla, mafer, néstor, alex. No os olvidéis que, si os dejais besar y abrazar, todo será, mucho, mucho más bonito.





… de cafés tranquilos, de agobios, y de chicos cabezotas…

9 05 2009

Hace tiempo que no me tomo un café aquí. Y que no me fumo un cigarrillo pensando y mirando el cuadro de mi tía Ana Mary. Debería ir a verla un día. La pobre está ya un poco pachucha. Le cuesta moverse. Con lo dicharachera que era ella. Si la he visto unas cuantas veces es porque ella ha venido a vernos. Si fuera por mis padres, ni la hubiera conocido. Y eso que vive en Asturias, que no pilla lejos de aquí… ¿O sí?

Estoy cansado. Me permitiréis que una vez más apoye las piernas en este puff maravilloso. Ha sido una semana dura. Sip. Dejadme coger la taza de café… y darle un par de vueltas. Humea. ¡Qué aroma! Un sorbo. Dejadme que coja un cigarrillo, y lo encienda. La primera calada con el café, aquí, sentado y mirando el cuadro que pintó mi tía Ana Mary, sabe a gloria.

Ahora parece todo irreal. Aquí, tranquilo. Nada parece poder alterar mi tranquilidad. Durante todos los instantes de esta semana, fue al revés. Nada parecía poder relajarme. Ya desde la noche del domingo al lunes, fue así. No pude pegar ojo. Y lo poco que dormí, fue sin descansar. El lunes mal, el martes, peor, porque estaba más cansado… y el miércoles… y el jueves fue horroroso… el viernes algo mejor, pude al final dormir un poco.

Dejadme que de otro sorbo al café. Dejadme que saboree otra calada de mi cigarrillo… mira como sube el humo, como se pierde en la oscuridad, cuando sale de la influencia de la luz de la lámpara de pie.

Es difícil salir un poco de ese camino que te marcas. El agobio, no descansar, lo que te agobia más,  no rindes, te agobias más, no llegas a nada, te agobias más, no sabes como relajarte, te agobias más, no quieres la compañía de nadie, porque piensas que eres mala compañía para cualquiera. Y como casi siempre, cuando tú mismo has cogido el papel de optimista, de fuerte, nadie piensa que necesites ayuda. O que simplemente necesites que no te machaquen. Nadie te ve. Y tú, claro, no puedes decírselo a nadie. Porque en el fondo, no sabes como hacerlo. Porque además, en estos momentos, solo te pueden ayudar un grupo reducido de personas. Esas a las que quieres de una forma u otra, y soportas, claro. Pero como eres fuerte, nadie te mira a la cara, nadie te mira a los ojos… y te dice… “mi pobre”, y te arrulla, o te coge de la mano, y te lleva a comer una hamburguesa, o al restaurante de moda, que total, hoy es un día, y el resto del mes comeremos pasta.

Espero que algún día quieras tomar un café conmigo. Sí, aquí delante, enfrente mío, y te pueda contar todas estas cosas que te estoy contando ahora. Estas y otras. Y me dejes ver como disfrutas del sabor, del aroma del café. Un café, es una de las formas mejores para compartir pensamientos, sensaciones, inquietudes. De simplemente compartir un rato. El té de las 5 de los ingleses,  seguro que tiene esa razón. Si no tenía esa excusa, no saldrían de casa.

Es curioso, ahora que hablo de fuertes, sabéis, es como yo veo a Iñaki, uno de “los chicos de la gorra”. Tiene que tirar de Marc. Tiene que conseguir que duerma, que se relaje, que afronte todas las muchas cosas que la vida le ha echado encima. Tiene que conseguir transmitir su amor, con gestos medidos a veces. Tiene que ayudar a afrontar problemas que tan siquiera comprende. Pero él está solo. No, sí, tiene muchos amigos. Pero ese apoyo que él necesita, no lo encuentra. Y no sabe pedirlo. Porque se ha acostumbrado a callar. Porque no quiere además hablar con Marc, y ponerle más cosas encima de la mesa. Y porque Iñaki, lo sé bien, porque también me pasa a mí, es orgulloso. No, no es de este orgullo chuleta. Es orgullo, de amor propio.

El personaje de Marc, también es orgulloso. O cabezota. Necesita tanto amor que no ha tenido hasta hace 4 días… Necesita ser a ratos niño, esa infancia que no ha disfrutado. Ser caprichoso como los niños. Ser testarudo. Y que cuando se hace pupa en la rodilla, aunque sea por portarse mal, venga su papo, o su hermana pequeña, o su chico, y le canten con voz melosa “cura, cura sana, y si no se cura hoy, se curará mañana” y le den un abrazo, y le den besos de la abuela. Y el personaje de Marc, necesita también amar como hombre. Como hombre que ama a otro hombre. Pero no puede… porque tiene demasiado dentro esas cosas que le decían de peque. Esas cosas que le hacían de peque.

¿Y que hacemos cuando dos chicos que se aman hasta la médula, que han luchado como pocos por su amor, se enfadan, discuten, y aunque hablan,  no acaban de encontrarse en el camino de la vuelta a ese estado de las parejas en el que todos a su alrededor salen corriendo para no quedarse pegados por el azúcar que desprenden?

No sé como escribir el capítulo de la reconciliación. Podría meterme yo mismo en la historia, como personaje, e ir a un sitio, coger de la oreja a uno de ello, llevármele sin soltar la oreja hasta dónde está el otro, coger a este otro también de la oreja, y sentarme en medio hasta que por aburrimiento se besen y se besen. Y se besen. Y se miren como tortolitos. O podría meterme en la historia sí, e ir a ver a uno de ellos, y pasear junto al mar con él, y hacer que hable, y hable, y hable, y hable. Y darle un par de cientos de abrazos. Y una patada con rumbo al aeropuerto.

Pero esto no sé, creo que no sería ni factible, ni creíble. Un autor de relatos, encima malo, que se mete en la propia historia, y se convierte en uno de los protagonistas.

No sé. Estoy perdido con la historia de Iñaki y Marc. Porque no sé como sortear esa cabezonería de los dos. Y esos muchos fantasmas que se han instalado en sus cabezas. Porque debería echarles a todos.

Es uno de esos puntos en que el escritor se queda en blanco.

Aprovecharé entonces a recuperar la historia de café para dos,  aquella historia que fue creciendo en el blog antiguo, y que nadie leía. Ya verdad es que creció un rato la tía. Empezaré un día de estos por el 1º capítulo, y poco a poco la recuperaré entera. Y acabaré de escribirla, claro.

Tengo la boca seca de tanto hablar. Y el cerebro me echa humo de tanto pensar. Total no he encontrado respuestas ni para mí, ni para la historia de los chicos de la gorra, para Marc e Iñaki.

Y encima, el café se ha enfriado.

Déjate besar y abrazar, que todo será más bonito.





… el chico de la farola…

11 03 2009

Hoy…

Hoy es un día para recordar. 11 de marzo. Hace 5 años, iba a trabajar. Me llamó la atención en un bar por el que pasé camino del autobús, que todo el bar estuviera mirando a esa hora al televisor. Pero… no le di importancia.

Bajé del autobús. Entré en uno de los bares en los que tomo café antes de ir a trabajar. Y todos miraban el televisor. Había mucha gente, y no se escuchaba el sonido. Miré de refilón, y vi las imágenes de unos trenes que parecía haber tenido un accidente.

Me volví a mi café. Un cortado, como siempre. Mi primer cigarrillo del día.

Aspiré el humo de la primera calada. La gente seguía mirando al televisor. Algo me llamó la atención de esas miradas. Eran como de estupor, de incredulidad.

Me volví a mirar la tele otra vez. Primero pensé que el accidente era en algún sitio indeterminado del mundo. De repente, me fijé que eran unos trenes de RENFE. Me fijé un poco más… y percibí que no podía ser un accidente.

En toda la mañana no conseguí hacer nada, más que buscar en Internet la última información. Las imágenes. El por qué. El cómo.

Vi fotografías. NO… no se publicaban fotos demasiado duras. No hacía falta.  Pero una foto de un chico apoyado en una farola… no tenía heridas graves… pero al ver su mirada perdida… su estupor… me sobrecogió. Me oprimió el alma.

Esa foto se hizo más o menos célebre. Es que indicaba tantas cosas ese chico… Ese chico representaba lo que sentíamos todos esa mañana. Lo que sentimos durante todo el día.

Porque es difícil hacerte a la idea de que, lo que estás mirando en la tele, en el ordenador, lo que te cuenta la  radio, es cierto… y no es una representación a lo Orson Welles de “La Guerra de los Mundos”.

5 años después, no sé si hemos avanzado. En cualquier otro lugar, eso hubiera unido a todos. Aquí no. Aquí cada uno sigue haciendo la guerra por su cuenta. Unos, siguen con conspiraciones. Otros, que si están enfadados por no sé que comisiones. Unos que si con éste no me hablo. Otros…

Me siento en mi butaca orejera. Un café. Cortado como siempre. Un cigarrillo. Lo enciendo. La primera columna de humo se pierde en lo alto del salón. Solo la luz de una pequeña lámpara alumbra la habitación. Apenas distingo el cuadro de enfrente. Veo esa foto otra vez en mi mente. Y no puedo dejar de sentir otra vez, la misma angustia que ese día. El mismo estupor. La misma rabia. Me gustaría hoy, poder dar un abrazo a ese chico de la farola. Y decirle que, hacerle sentir que… todo va a salir bien.

 

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

 





Me apetece estar solo…

29 01 2009

Tengo la radio puesta. De fondo. Unos señores hablan. Ni sé lo que dicen. Sirve de compañía. Y no hay que contestarles.

Porque hay temporadas en que hablar con alguien es un gran trabajo.

Una vuelta a mi café. Otra más. Un sorbo. Un poco más de azúcar. Unas vueltas más. Otro sorbo. Ahora sí.

Hay temporadas en que apetece nadar en compañía. Uno aquí, llega otro, 5 más esperan en la cafetería… reuniones multitudinarias… risas… bromas, abrazos, besos…

Un cigarrillo. Lo enciendo. Aspiro… y miro al humo mientras sube…

En esas épocas, parece que todos son geniales. Todos te aprecian, te quieren. Y tú quieres a todos. Pero llega un día en que el encantamiento se rompe. Un día te quedas mirando al suelo, mientras pisas los trozos. Es una montaña rusa. Subes… subes… y luego llega el momento de bajar…

Otro sorbo de café. Otra calada a mi cigarrillo.

Pero ésta es la época de  la soledad. De que cuesta mantener una conversación con alguien. Las evito, porque la concentración que necesito para escuchar y contestar a mi interlocutor, me supera. No aguanto ni escucharme a mí mismo. Me parecen ridículas las respuestas que doy. No encuentro el tono de la conversación.

Pero en estos días, es cuando no puedes recluirte en soledad. No encuentras ningún sitio en que no haya gente. Y hasta esa petarda con la que coincides en el bus todas las tardes, hoy le da por hablarte. Al final consigues que no te hable. Has quedado como un maleducado. Como un raro. Bueno. Soy raro. Como todos.

Apuro el café. Apuro el cigarrillo.

No tengo ganas de hablar. Ni de ver a nadie.





… juntar palabras…

16 12 2008

Juntar palabras…

Es un bonito juego. Yo aquí sentado. En mi casa. Hoy no estoy en mi sillón orejero. Estoy en mi mesa de portátil… o sea, una mesa camilla que mi portátil decidió apropiarse hace unos cuantos… ¿años?

Y me siento. Abro el procesador, página en blanco y…

Empiezas a escribir. Hoy, estoy tremendamente cansado. He llegado de viaje, he mirado mi correo… y ya debería valer. Pero no. Hay como una necesidad de juntar un par de palabras con otras. De distraer la cabeza con ello. Los ojos apenas están abiertos. Los dedos apenas aciertan en las teclas. Pero no se puede evitar.

Creo que estoy empezando a tener adicción. A juntar palabras.

Es lo que me hacía falta. Otra adicción.

Pero así, juntando palabras, te saludo a ti. Y a ti. Y a ti. Sí, sí, también a ti.

Estos días, me he acordado mucho de esa frase…

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.

¿Me dejas? ¿Me dejas darte un abrazo? ¿Y un beso?

Si te dejas, mi adicción a juntar palabras habrá servido para algo.





…cortina de humo…

20 11 2008

alquimista201108-cortinadehumo





… una sensación, un ridículo, un gilipollas…

12 11 2007

Una sensación.

Lleva dentro de mi un tiempo. No sé si largo o corto.

Hay días que está oculto. Pero hay días que aflora. Y duele.

Creo que me estoy equivocando.

Creo que, hago el ridículo. Y que a veces resulto patético.

Ayer fue uno de esos días.

Enciendo mi cigarrillo. Sino no sería yo.

Una calada. Profunda.

Hoy mi mirada ni siquiera tiene ganas de seguir el humo. Sencillamente se pierde por la ventana. No mira allí, pero tampoco allí. Ni siquiera allí. Pero hay un punto… allí… que parece tiene un imán y ahí se queda mi mirada.

Otra calada. No se me quita esa sensación. De tristeza, de impotencia. De ridículo. Y al final acaba por convertirse en una sensación de furia. Contra todos. Pero sobre todo, contra mí.

Recuerdo.

Hace unos días hablaba de ello.

Tengo esa sensación. Doy pena. Y por lástima, alguno me escucha. Por lástima, como dando una limosna, alguno toma un café conmigo. Era más fácil cuando estaba alegre siempre. Cuando de dentro, solo salían coñas, alegrías. Pero ahora, de dentro, salen a veces gritos de tristeza. Desgarros de miedo, de impotencia. Salen sentimientos, pensamientos que me avergüenzan. Pero que están ahí. Y que aprovechas a los que crees amigos para sacarlos.

Una calada. Otra. Sólo queda ya medio cigarrillo. Retengo el humo unos instantes. Sale con un suspiro.

Puede que me equivoque. Puede que, pida demasiado. Quizás, recuerdo, antes, no pedía nada. Quizás era lo mejor. Quizás deba hacer lo mismo. Parecía que algunos miedos se aparcaban. Parecía que de alguna forma, en la escala de prioridades, había ascendido unos peldaños. Puede que me equivocara. Y ahora, pida demasiado. Hay personas a las que, no les puedes pedir mucho. Sólo puedes esperar que te den. Quizás, me engañé, pensando que ya podría pedir algo.

Vuelve a perderse mi mirada. Casi ni la puedo fijar en el teclado, o la pantalla, mientras escribo. No hay peor actitud que esperar algo. Cuando no llega, te desilusionas, te enfadas. Es mejor hacer planes sin contar con nadie, con nada. Y si luego alguien se acopla, estupendo. Hacer planes basados en alguien, en algo, cuando al final te encuentras solo, cual gilipollas, mirando el movimiento de las ramas de un árbol, solo produce acidez de estómago. Y dolor de cabeza. Almax, y gelocatil. En ensalada.

Apago el cigarrillo. Me he quemado los dedos. Lo he dejado consumir. Volveré a no esperar nada. Volveré a guardarme mis gritos, cuando sean tristes y angustiosos. Cuando los das, cuando gritas, y causas pena, el efecto beneficioso del grito, se oculta, detrás de una cortina de impotencia, de ridículo. Y al final, acabas peor.

No pediré nada. No esperaré nada. Daré lo que pueda. Y esperaré poco. Por lo menos, me sentiré a gusto conmigo mismo. Creo que me equivoqué. Una vez más.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





… un desierto, un grito, un espejismo…

30 10 2007

Un sorbo de agua.

Estoy reseco. Bebo y bebo y no sacio la sed. Como si hubiera pasado la semana en el desierto.

Desierto.

Algo me viene a la cabeza. Una idea. Un run-run.

Puede que en verdad, esté pasando una temporada en el desierto. Puede que lleve una temporada en el desierto. Puede que lleve toda la vida anclado a este desierto.

Vives. Sí, vives. ¿O vegetas?

Respiras. Es un síntoma de que vives. Es una vida física, mecánica. Sigues adelante. Es la costumbre.

Pero vives por dentro ¿sí? ¿no? ¿Es todo una fachada?

Tienes amigos. Unos cerca, otros en la distancia. Amigos… ese oscuro concepto tan mal utilizado, tan minusvalorado a veces, tan sobrevalorado otras.

Amigos. Que te apoyan. Que te escuchan. Es más fácil escuchar a alguien que esté feliz, contento, que baile una muñeira o se arranque por soleares. O que baile una jota, y cante jondo. Jondo o no jondo.

Al final, siempre, prevalece esa imagen que tienen de ti. Esa imagen por la que te conocieron. Sí aparentas felicidad, y desprendes optimismo, algún día, siempre, sin poder evitarlo, llega el momento de llorar. ¿Por qué? Te preguntan. Será porque no avanzas, porque no te ilusionas… ¿Hace falta una ilusión para vivir? ¿Hace falta una meta con letras, puntos y comas, para vivir?

Un día. Cualquiera. Con o sin causa. No hace falta. Y todo te parece negro. Todo es negro. Todo es una mierda. Tú eres una mierda. Soy una mierda.

Quizás llega un día en que solo quede tu optimismo para los demás. Y no te queden ni las migajas para ti.

Pero tú eres alegre… ¿cómo has llegado a ese punto? ¿lo soy?

No lo sabes. Y quizás, tampoco lo necesitas. Necesitas gritar. Un grito desgarrador en la noche. O en la madrugada fría, heladora. Pero tú eres alegre. No puedes gritar. Pero quieres gritar…

Un grito sin nadie que escuche, no es un grito. Pero nadie escucha. Tú no puedes gritar. Nadie escucha. No hay nadie.

Un suspiro.

Una calada a mi cigarrillo.

Dos.

Se me pierde la mirada. Allí. En ese punto.

La vista se nubla. Los oídos se cierran.

Es un desierto. El horizonte es todo igual. Nadie aquí, nadie allí. Ni siquiera estoy yo.

Un sorbito de agua.

Estoy reseco.

Sí. Estoy en un desierto. Sin oasis. Sin agua. Sin ese que monta un camello y te pasa un trapo mojado para humedecerte la lengua. Ese que imperceptiblemente, cada día está más lejos. Cada día finge más contigo. Ese que, ayer escuchabas las historias que contaba a otros, y que hoy, escuchas esas mismas historias, pero te las cuenta, me las cuenta a mí.

Otro sorbito de agua. Pero este agua no sacia.

Un día creí ver un oasis.

Era un espejismo.

Cada día soy más conciente de ello. Y es duro. En el fondo lo sabías. Pero el saberlo cambia. Lo cambia todo.

Apago el cigarrillo. No recuerdo cuando lo encendí. Apenas recuerdo un par de caladas. Cuando se me perdió la mirada allí.

Apuro la botella de agua. Un agua que no sacia.

Cierro los ojos.

Una lágrima.

Un suspiro.

Oscuridad.

Sueñas con una caricia. Pero te despiertas asustado cuando compruebas el repelús que le produce. El asco que notas en su mirada.

Una lágrima. Dos.

Quiero gritar, pero estoy afónico.

Da igual. No hay nadie que escuche. Y si escucha por lástima, eso no es escuchar.

Déjate besar y abrazar, todo será mucho más bonito.





… de alcohol, petas, personajes e historias… ó ¿semos ó no semos?…

23 10 2007

Me he levantado esta mañana.

En realidad solo hace unos minutos. Porque madrugar los sábados es cosa de pobres. Ahora que lo pienso, tengo algo de eso, de pobre. Pero un día, es un día.

O madrugar los sábados y domingos es cosa de pirados.

Me he quedado pensando un rato al respecto, y he de confesar que también, tengo algo de pirado. Pero un día es un día.

Es demasiado pronto para rodearme de esa cortina de humo que tanto me gusta. Que disimula mis rasgos, que distorsiona la realidad que me rodea para poder aprehenderla de una forma distinta. Tiene mi cortina de humo la misma función y los mismos efectos que un proceso de descomposición de la luz.

Pero mi garganta me indica que es mejor dejarlo para un poco más tarde. Con el segundo pelotazo de la mañana. Si no llego al segundo pelotazo, porque por alguna casualidad de la vida, no hay ni siquiera primer pelotazo, ya cambiaremos los objetivos sobre la marcha, que para eso siempre, siempre, hay tiempo.

Y como no tengo esa “mi protección”, veo las cosas a mi alrededor y estoy preocupado. El primer punto que me preocupa es si el último whisky de ayer era de garrafón (cuestión esta que, tampoco tiene mayor misterio… era directamente alcohol de quemar) o que me pasé con la ración de hierba.

Y luego ya, después de haber decidido que estoy fatal, y que la noche de ayer tiene muchos claroscuros, en lugar de pasar por la prensa digital, me doy una vuelta por la blogsfera, que es como una esfera de blogs, o algo así. Veo chicos que necesitan un empujón, que necesitan una palabra de apoyo, que vean que no están solos. Y siguen solos.

Luego me acerco a otros blogs. Compruebo que el tema de la semana es un chico que se hacía pasar por quien no era. Se creó una personalidad ficticia. Nada nuevo. Posiblemente un nombre que no era el suyo. Predecible e imaginable. Y a lo mejor se alargó el pene unos centímetros. El mundo está lleno de pollones. Y presumía de pijo. Pues fíjate. El caso es que este chico, se convirtió en el rey de chueca. El tercero más leído. Y eso que el nombre de su blog es francamente impronunciable. A lo Mary Poppins y su supercalifr…

Todos parece que hablaban de él. Muchos le comentaban con delectación. A esos el suelo que pisaba, era digno de ser besado. Iago decía que la mierda era buena para el colesterol, y algunos hacían racioncitas para tomar por la mañana en ayunas. Y tenía otros que, lo único que les apetecía es que se tirara desde un barranco. Y se lo decían, sí. De la forma más directa y ruda posible. Con formas que, hacen que, siempre pierdas la razón. O sea, la típica pelea de gallitos, o de egos. Pero todos estaban pendientes de él. Los aduladores que pensaban que con ellos sería distinto y el personaje este caería en las redes de sus encantos, léase un más o menos meteisaca, o un café en La Lupe, y los que ya habían comprendido que, el personaje, iba a seguir siendo personaje, y nunca persona. En el camino hubo heridos. Algunos graves. Hubo algunos a los que enamoró. Sabiendo que, ese amor nunca pasaría de la pantalla. Y cuando te enamoras y ni siquiera quieren conocerte, parece que se rompe algo dentro de uno. Y alguno se rompió.

Y va uno y pone en su blog, que este personaje es un personaje. Que si no es, que si no tiene, que si no, que si no, que si no,… Pero ¿dónde están los es… es… se llama…? Confidencialidad. Peligro de meterse en problemas. Así, cambiamos un personaje por un relato. Algo me gusta de su gesto: lo hace por defender a un amigo. Uno de los heridos por las flechas virtuales. Recuerdo una vez que yo no fui capaz de hacer lo mismo con la misma contundencia. Por eso tiene mi respeto. Pero de momento, no deja de ser un personaje destapado por una historia. Igual de irreales los dos. Igual de dañinos los dos.

Y todos van a hacer leña del árbol caído. ¿Hay algún placer mayor que pisar al ídolo de ayer? Los que hasta hace unos días aplaudían sus post sin apenas leerlos, ahora le apedrean. Todos se unen al linchamiento. Todo vale. Los insultos, las malas formas, el chabacanismo. Todos levantan las banderas de aquellos caídos en la lucha. De los que enamoró. Seguro que todos ellos, lo de las banderas, en su momento, escribirían estas mismas opiniones en sus blogs. O en algún comentario. Seguro que los heridos, recibieron en su momento esos apoyos incondicionales. Y sus amigos, esos, los de banderas, dejarían de visitar y escribir en el blog de Iago. ¿O es que entonces todavía Iago estaba en la cumbre?

Y ahora echo de menos a los amigos de Iago. ¿Dónde están? ¿Por qué no escriben intentando poner otro punto de vista? Al fin y al cabo, presumían de ser sus amigos. ¿O era por que tenían ellos mismos esperanza? ¿O será miedo?

Y luego llega el otro tema. Un científico. Premio Nóbel. Ha dicho que, un día se demostraría que los negros son genéticamente más tontos que los blancos. Eso estaría bien, así, las madres que vayan a tener un niño negro, al saber este dato y comprobar que van a ser menos listos, podrían abortar. Igual que, según el mismo científico, podrían hacer las madres de los que vayan a ser gays. Por eso de los nietos, y las caquitas que se iban a perder como abuelas.

Me voy a por un pelotazo. O los dos que me hacen falta para esconderme detrás de mi cortina de humo favorita.

Me duele la cabeza. El último vodka de ayer, me sentó fatal. ¿O fue Whisky? Oigo en mi cabeza lloros. Y risas. No distingo si los lloros son de los heridos por las flechas, o del personaje. No distingo si las risas son del personaje, o de los lapidadores.

Y mejor, creo que, el lunes, o el martes, o el miércoles… colgaré este post, cuando se me pase completamente los vapores del barril de ron. ¿O fue vodka? No vaya a ser que me equivoque, y lo cuelgue en el blog del fantasma de la ópera.

Mamá, ¿hubieras abortado de saber que iba a ser gay y gustarme la Ginegra? Ains, que mala es la hierba. Sobre todo si la ha pisado una vaca.

Dejaos besar y abrazar, todo será mucho más bonito.